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01 de Jun de 2020

Nacional

Desigualdades socavan la integridad del panameño

PANAMÁ. Dos mujeres abordan una unidad de Metrobús. Sin querer, con uno de sus anillos una de ellas rasga la camisa de seda de otra pasa...

PANAMÁ. Dos mujeres abordan una unidad de Metrobús. Sin querer, con uno de sus anillos una de ellas rasga la camisa de seda de otra pasajera. Esta última le reclama enfurecida y rápidamente quedan enfrascadas en una discusión que en medio de los gritos finaliza en empujones y manotazos.

Este incidentes se repite a diario en el servicio de transporte colectivo, también en los supermercados, centros comerciales y ahora es frecuente que los canales de televisión divulguen videos de estudiantes que se agarran a golpes. ‘¡Así es el panameño!’, sin importar la clase social, esta es la expresión que resuena y se repite.

Sin duda, el problema del transporte público en la ca pital sigue siendo una piedra en el zapato de los metropolitanos. Esta percepción sigue muy marcada y queda en evidencia en la última encuesta de Ipsos ‘Panamá Opina’, elaborada para La Estrella y Telemetro.

Según la consulta ciudadana, la canasta básica repunta en el primer lugar con un 86%; le sigue en segundo lugar con un 58% la seguridad (inseguridad, violencia y delincuencia); en tercer lugar está el transporte público, con un 31%; el cuarto punto lo ocupa la corrupción, con un 26%, y en el quinto lugar, la basura, con un 24%.

LECTURA DE LOS EXPERTOS

Frente a esta realidad, estudiosos de la conducta humana coinciden en que estos se han convertido en la raíz de muchos problemas de conducta en la sociedad pa nameña, dando con repercusiones negativas que mantienen un clima de alerta.

Estas reacciones han traído como consecuencia lo que en sociología, según el catedrático universitario Marcos Gandásegui, se define como ‘un ambiente explosivo’, donde predomina la incertidumbre y en el que la violencia es una expresión de esa incertidumbre.

El experto evalúa la problemática como un ‘asunto asociado a políticas públicas equivocadas’, ya que el gobierno no está enfocando sus mayores esfuerzos a la solución de esos problemas.

Por lo tanto, el ambiente de insatisfacción social va en aumento cuando el panameño mira que solo en las más altas esferas la concentración de la riqueza se balanza hacia un polo, mientras que el lado menos ventajoso lo ocupa la gran mayoría de los panameños.

A esta realidad, la antropóloga Ana Elena Porras añade otros factores : la existencia de políticas económicas neoliberales que han contribuido a esa desigual dad social; malas políticas educativas y desprecio de la memoria histórica, lo que provoca un elemento disgregador, de poco sentido de pertenencia y solidaridad.

Otro elemento que citó la estudiosa de la conducta humana fue la existencia de políticas públicas de represión equivocadas que asegura ‘han sido expuestas como prioridad’, pero aún no se han dado cuenta que ‘la represión no es la solución a la violencia’.

En lugar de políticas de represión, la experta susten ta que deben abrirse espacios para fortalecer momentos culturales y educativos, frente la existencia de una polarización social y el cultivo de malestar y de odio que hay en la población.

LA FAMILIA: LA CLAVE

Desde el seno de la Iglesia católica, el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, ha remarcado: ‘hay que hacer un alto a la violencia’.

El prelado está convencido de que todo lo que vemos en la calle es un reflejo de la educación que reciben las personas en la familia. Por eso aboga porque desde allí se comience con la educación de padres a hijos.

Ulloa cree que ya es tiempo de que la familia asuma su responsabilidad, porque no se está educando a los hijos con verdaderos valores cívicos, sociales y religiosos.

La máxima autoridad del catolicismo en el país lo ha venido diciendo desde hace rato: ‘una familia sana trae una sociedad sana; una familia enferma trae una sociedad enferma’.

En esta encuesta es la canasta básica la que se posiciona como el problema más grave del panameño.

En los reportes porcentuales, la región oriental (Panamá, Colón, comarca Guna Yala y Darién) registró un 83%; en la región central (Veraguas, Los Santos y Coclé), el 90% cree lo mismo; y en la región occidente (Chiriquí, comarca Ngäbe Buglé y Bocas del Toro), un 96%.