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22 de Jan de 2021

Nacional

Educador: ¿Calvario, vocación o apostolado?

Días largos y noches cortas, grupos de más de una treintena de personalidades distintas a los que hay que guiar, a pesar de los problemas y dificultades propios.

Mario es parte de un grupo ‘privilegiado’ de docentes del sistema público. Él mismo lo acepta: ‘Yo vivo en La Arboleda, allá por Brisas (del Golf). Como tengo carro y agarro corredor, me levanto a las 5:00 a.m. y llego poquito antes de que sean las siete’; sin embargo, comenta el maestro de primer grado que algunos de sus compañeros del Centro Básico General Pedro J. Sosa, en Calidonia, le han comentado que ‘para llegar a tiempo, deben pararse a las 3 ó 4 de la mañana. Esos son los que viven para las afueras, por Tocumen, por ejemplo, y no tienen un carro propio’.

Pareciera que él es la voz autorizada para hablar por los educadores de este colegio, pues todos los maestros que son abordados indican lo mismo: ‘¿Ve a ese señor que está allá? El que está recostado sobre el carro. Bueno, ese es el dirigente, hable mejor con él’.

Mario es lo que llaman un ‘maestro de grado’. Él atiende a los 28 niños del primer grado de esta escuela ubicada en Calidonia, donde imparte más de una materia. Les dicta clases de Español, Matemáticas, Ciencias Sociales, Ciencias Naturales y Expresiones Artísticas. ‘Las materias especializadas se las dictan otros colegas’.

Las clases a las que se refiere, en el caso de los primerizos, son Religión, Educación Física e Inglés. Informática y Tecnología (que consiste en Agricultura y Familia y Desarrollo), se añaden al horario de los grados superiores.

–Primer grado es más fácil que otros grupos, ¿no es así?

–Son niños pequeños; pero también tiene sus complicaciones, como en cualquier otro grupo hay de todo: Niños bien portados y niños rebeldes que se portan mal– contesta el educador.

–¿Y ya desde ese momento se ve en los niños los efectos de los problemas sociales?

–Por supuesto. Aquí hay muchas situaciones difíciles. Niños que se quejan de hambre o que faltan demasiado porque los papás no tienen plata para comprarles la meriendita.

–¿Y cómo se sienten ustedes al respecto?

–Frustrado–. Responde a rajatabla el maestro Mario–. Uno se frustra mucho al ser educador.

–¿Y cómo manejan estas situaciones?

–No lo podemos resolver, así que lo sobrellevamos. Estas cosas requieren políticas de Estado, y observe que no digo ministerio, sino Estado– recalca el dirigente del Pedro J. Sosa–. En la medida que estos problemas no se solucionen, vamos a seguir con los fracasos, la incapacidad de poder cubrir los planes de estudio y todos los problemas que tenemos actualmente.

DIFÍCIL RESPONSABILIDAD

Pero 28 estudiantes no son 28 estudiantes. En realidad, son 140, pues cada materia se evalúa por separado. Cuando pone exámenes, son cinco exámenes distintos de cada materia, aun cuando sean de la misma persona.

Con todo y eso, Mario tiene suerte, ya que pudiese tener más niños bajo su tutela. ‘Hay colegas que a la hora de revisar, tienen varios grupos y terminan calificando hasta 300 exámenes’, menciona, y añade: ‘Por ley, un aula debe tener máximo 35 alumnos. Sin embargo, en muchas escuelas, por un tema de espacio, hay 40 ó más’. En el caso de la Pedro J. Sosa, comenta, el promedio está entre 26 y 30 educandos por salón. El dirigente magisterial considera que lo ideal sería que, por cada aula, hubiese 25 alumnos. ‘Acá, como no cabían todos, es que se tuvo que hacer doble turno’.

El colegio, en total, cuenta con 45 docentes, aproximadamente, y cerca de 800 alumnos desde preescolar hasta sexto grado en horario matutino y vespertino. Aunque es un ‘Centro Educativo Básico General (CEBG)’, el Pedro J. Sosa no cuenta con séptimo, octavo ni noveno grado. ‘¿Dónde los vamos a meter si aquí no caben?’, comenta Mario.

EL PAPEL RESISTE

–Y si nunca ha habido primer ciclo, ¿por qué son un CEBG?

–Porque el papel aguanta todo. Eso del Centro Educativo Básico General se determinó hace ya casi 20 años, en el gobierno de Ernesto Pérez Balladares, cuando se implementó el ‘Plan Decenal’ –recuerda el maestro–. En los 15 años que llevo como maestro, he visto que se hacen cambios en el papel y el fondo sigue siendo el mismo.

–¿A qué otras cosas se refiere?

–A eso de que el sistema ha evolucionado– indica Mario–. El sistema no avanza, aunque hay computadoras, la tecnología no entra a las escuelas, la innovación no ha llegado. Nosotros seguimos enseñando como nos enseñaron nuestros maestros a nosotros. – considera el docente–. La diferencia es que hoy hay otra sociedad, los de hoy son muchachos del siglo XXI, estudiantes con facilidades de la tecnología, que agarran una tableta y la saben usar con mucha facilidad. Nosotros seguimos usando el tablero y la tiza y por eso se aburren, por eso hay un choque.

Para el docente, el problema viene desde la raíz: ‘Si quieren mejores maestros y profesores, deben hacer una reestructuración en lo que nos enseñan en la Normal. Quieren implementar una tecnología, pero, por ejemplo, no hay didáctica para enseñar informática’.

¿UN ASUNTO DE DINERO?

‘Si tuviera que volver a escoger, lo más seguro es que sería nuevamente maestro’, comenta Mario, quien rechaza que con el aumento salarial ahora todo el mundo vaya a dedicarse a la docencia. ‘Esto es más de vocación que otra cosa. Ahora hay un aumento; pero, desde siempre, el ser educador ha sido muy sacrificado. Más allá del presupuesto, somos nosotros los que cargamos con el funcionamiento de la escuela. Muchas veces sacamos de nuestros bolsillos porque las cosas faltan. Nos dan las cosas, pero no nos alcanzan y tenemos que comprar pilotos o lo que nos haga falta’.

–Les cae bien el aumento, entonces.

–¡Por supuesto que nos cae bien! ¿A quién no?

–¿Si es así, por qué protestan?

– Porque ese aumento es solo para algunos, no para todos– dice Mario–. Eso de la autoevaluación es una falacia, pues solo se hace un diagnóstico superficial. Solo ven las variables internas, ¿Y qué pasa con las externas? ¿El presupuesto, los problemas sociales?– cuestiona el docente–. Es imposible que una escuela, con la misma infraestructura de hace 90 años, cuando se inauguró, pase cualquier evaluación.

–¿Esta escuela ya está en la lista de las que van a recibir los $300?

–No sé, creo que sí. No estoy seguro.