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04 de Oct de 2023

Nacional

Manuel Antonio Noriega, victimario, pero también víctima

Personajes carismáticos como el general Omar Torrijos, y los presidentes Ronald Regan y George Bush, se valieron de los servicios de Noriega

Manuel Antonio Noriega, victimario, pero también víctima
Manuel Antonio Noriega, victimario, pero también víctima

—Manuel Antonio Noriega (MAN): Aló...

—Roberto Díaz Herrera (RDH): Tony. Soy yo, Roberto... Roberto Díaz Herrera.

—MAN: Ahhh... Roberto.

—RDH: Gusto en saludarte, después de tanto tiempo.

—MAN: Igual. Igual.

—RDH: ....Me dijeron que estás mejor.. que estás bien de ánimo...

—MAN: Sí. Estoy bien... bien...

—RDH: Bueno... Gusto en saludarte, Tony.

—MAN: Gracias por llamar, Roberto. Suerte en tus proyectos.

—RDH: Gracias Tony. Igual. Cuídate.

Una breve conversación, más o menos en el tono de la arriba descrita, sostuvieron, a mediados de este año, el general de las Fuerzas de Defensa de Panamá Manuel Antonio Noriega y el coronel Roberto Díaz Herrera, veintiocho años después de su último encuentro, en mayo de 1987.

Mucha agua debió correr para que ambos pudieran adquirir la serenidad necesaria para mantener tan sencilla plática, cuyo contenido revelara el coronel retirado a La Estrella de Panamá .

Díaz Herrera fue el detonante final de la crisis política que desencadenó la invasión de Panamá y llevó a Noriega a la cárcel, cuando, frente a un grupo de medios internacionales desenmascaró al general, en junio de 1987.

‘Fue una conversación breve, pero me sentí bien, a nivel humano', reveló Díaz Herrera, que hoy se declara satisfecho con su vida, su familia, sus proyectos y las muestras de afecto que recibe regularmente mientras circula por las calles de la ciudad.

CONVERSACIONES CON EL CORONEL

Cómodamente sentado en una pastelería de la ciudad de Panamá, frente a un café, el coronel retirado, da muestras de cómo con mucha lectura y reflexión, ha podido sanar las heridas ocasionadas por este periodo turbulento de su historia personal y del país. Su retiro forzado, la repercusión mundial de sus denuncias y el posterior asalto armado a su residencia, su encarcelamiento, tortura y exilio.

Con el paso del tiempo, dice ha podido entender los hechos desde una perspectiva más amplia, perdonar y llegar a la conclusión de que si bien ‘Tony hizo mucho daño en Panamá, fue, a su vez, una víctima de la política norteamericana', cuyo sistema de justicia terminó juzgándolo, y condenándolo en Miami a 40 años de prisión.

Para el coronel, Noriega fue un personaje creado y promovido por el aparato de inteligencia de Estados Unidos, que no solo conocía sus actividades como traficante de armas y drogas, lavado de dinero, doble agente, sino que las utilizó para sus propios fines.

‘La gente aquí se olvida del escándalo Iran-Contras', señala Díaz Herrera, en referencia a la polémica operación patrocinada por la administración de Ronald Reagan, en Estados Unidos, para violar el embargo que impedía a su gobierno vender armas a Irán, usar parte de los ingresos ($12 de $30 millones pagados por Irán) para ayudar a combatir al gobierno sandinista de Nicaragua, a pesar de la prohibición del Congreso de Estados Unidos de apoyar esta guerra (Boland Amendment).

El informe Kerry, que dio a conocer los resultados de una exhaustiva investigación sobre este caso, reveló que los agentes encargados de llevar a cabo las acciones del gobierno de Estados Unidos en Nicaragua y El Salvador eran personajes ligados al mundo de las drogas.

Bajo el mando de Noriega, los norteamericanos usaron el territorio panameño para entrenar a la contra guerrillera centroamericana y como sede de operaciones para el teniente Oliver North (del Consejo de Seguridad estadounidense) en sus actividades de apoyo a las fuerzas antisandinistas con las que se quiso sofocar en Nicaragua la revolución que derrocó a Anastasio Somoza y llevó al poder a Daniel Ortega, actualmente nuevamente presidente de ese país.

César Rodríguez y Floyd Carlton, ambos ligados al mundo de la droga y muy amigos de Noriega, fueron, según testimonios del juicio celebrado en Miami contra Noriega, en 1992, algunos de los pilotos que en su momento dirigieron los vuelos para llevar armas a Nicaragua.

RESPALDO DE USA

Eran los tiempos en que reinaban en la Casa Blanca el popular ex artista de Hollywood Ronald Regan y el patricio George Bush, representantes de la derecha conservadora, que volvían a asumir el mando del gobierno tras el ‘desastre' de Jimmy Carter. Tanto ellos como sus subalternos, el ex director de la CIA William Casey y el asesor de seguridad nacional John Poindexter, fueron amigos y protectores de Noriega.

Díaz Herrera recuerda perfectamente cómo en los días que siguieron al asesinato del doctor Hugo Spadafora, en septiembre de 1985, cuando ordenó un movimiento de tropas para medir su fuerza en un eventual golpe contra Noriega (este todavía se encontraba en Francia, supuestamente haciéndose un peeling, como denunciara el periodista Guillermo Sanchez Borbón, en su momento) recibió una llamada del entonces general John Galvin, del Comando Sur estacionado en la Zona del Canal, quien le dijo: ‘coronel, queremos que usted sepa que Estados Unidos solo acepta como comandante de las Fuerzas de Defensa al general Noriega'.

PLANES DE LA CIA

‘Noriega fue utilizado', repite Díaz Herrera, quien jura, como hijo del maestro Anastasio Díaz Jiménez, y Gregoria Herrera, no haber cometido, a sabiendas, una falta grave contra otro ser humano en su vida. Aun más, alega haber conversado en varias ocasiones con el general Rubén Dario Paredes, entonces su superior, y a quien considera un hombre serio, sobre la necesidad de detener las actividades delictivas que se le atribuían a Noriega. ‘Paredes, sin embargo, no hizo nada, que yo supiera. Alguna razón muy seria debió haber tenido', advierte.

Mientras esto sucedía en Estados Unidos y Panamá, Noriega viajaba a Medellín para reunirse con figuras como Gustavo Gaviria, Jorge Ochoa, Pablo Escobar, Pablo Correa, Fabito Ochoa, (hay quien lo recuerda pasándole el brazo sobre el hombro), negociaba rescates con el guerrillero M-19, protegía a los laboratorios de procesamiento de droga en la provincia de Darién y enviaba a oficiales de las Fuerzas de Defensa a escoltar los cargamentos de dinero que llegaban en vuelos chárter al aeropuerto de Tocumen, parte del cual quedaba guardado en las amplias cajas fuertes que mantenía en su oficina en el edificio 8 de Fuerte Amador.

Su proyección en el mundo del hampa era tal que se dice que en 1984, hasta Pablo Escobar se sintió intimidado por su capacidad de extorsión.

Pero, si losnorteamericanos usaron a Noriega, también lo hizo el general Torrijos. Aunque Díaz Herrera casi venera el recuerdo y figura de su primo, dice recordar como, en una ocasión, cuando acudió a este para quejarse de la conducta cuestionable de Noriega, el mismo general le contestó: ‘Querido primo, no te conviertas en soplón, que eso no le gusta a la tropa. Además, tienes que entender que hasta el Vaticano necesita un sistema de inteligencia'.

Mientras que Omar se mantenía ocupado con la negociación del tratado del canal, llevaba juguetes y comida a los niños en los parajes más abandonados del país, Noriega se ocupaba de espiar los movimientos de sus opositores, detectar posibles amenazas a su gobierno y en ocasiones "hacía lo que fuera necesario". Incluso, hay quienes dicen haber escuchado a Torrijos llamar a Noriega ‘mi gángster'.

Durante la época de Torrijos, bajo el telón de la guerra fria, Noriega montaría ,como jefe del G2, y de facto, el segundo hombre más poderoso del país, un sistema de espionaje que llegaba hasta grupos estudiantiles y universitarios y los sindicatos obreros, ofreciendo dinero, becas y puestos en el gobierno a cambio de denunciar a los profesores y compañeros.

El general Noriega, sin duda, fue recompensado por sus servicios y disfrutó por muchos años de una vida de lujos y placeres, en la que los carros deportivos,

Helicópteros, yates, mansiones de playa, mujeres y adulación por montones, eran la norma. Una vida tapada por el temor a quien, entre tantas faltas, los panameños a penas se atrevían a llamar "cara de piña", como si su irrefutable fealdad, en una especie de recuerdo al "Dorian Grey" de Wilde fuera la evidencia de sus pecados. La cuña vino de dentro, y fue Díaz Herrera el que le quitó la careta que entre todos le habían tolerado.

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‘Si bien Tony (Manuel Antonio) hizo mucho daño en Panamá, fue, a su vez, una víctima de la política norteamericana (...) Noriega fue utilizado',

ROBERTO DÍAZ HERRERA

CORONEL DE LAS EXTINTAS FUERZAS DE DEFENSA DE PANAMÁ

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