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19 de Apr de 2021

Nacional

Jorge Rubén Rosas, luchador y ciudadano incansable

El veterano político, diputado y ministro de la República, es reconocido y respetado por sus amplias e importantes contribuciones al país

Jorge Rubén Rosas, luchador y ciudadano incansable
Jorge Rubén Rosas, en el centro. A derecha, junto con B. Valderrama y su hijo Jorge A. Rosas, en un acto de reconocimiento.

Su andar es lento y cuidadoso, pero animado por una voluntad y persistencias de acero.

A sus 93 años, Jorge Rubén Rosas conserva la misma rutina que ha mantenido desde hace tantísimos años: se levanta a las 6 de la mañana, escucha las noticias, desayuna, se ducha y viste con un elegante traje de saco y corbata, mantenido en impecable estado por su esposa Mitzila.

Ya en su despacho de la firma Rosas y Rosas, que levantara junto con su hermano Olmedo, se sienta en su silla reclinable y dispone a realizar las consultas legales de rigor.

‘‘MI TRAYECTORIA LLENA DE DIFICULTADES Y MI VISIÓN ME INDICABAN QUE PODÍA LUCHAR... Y ESE HA SIDO MI NORTE... YO CREO QUE MI ESFUERZO HA DADO FRUTOS APRECIADOS POR MI FAMILIA, MIS AMIGOS Y LA SOCIEDAD',

JORGE RUBÉN ROSAS

HUELLAS DE MI ANDAR

MEMORIAS

Las fotografías y recuerdos que llenan paredes y repisas de su oficina son el espejo en que se refleja su rica historia personal, ligada al acontecer nacional. Entre ellos, destacan los retratos de conocidos personajes políticos, firmados y dedicados.

Jorge Rubén Rosas, abogado, político y hombre de familia, es una figura legendaria en la historia del país.

Fue diputado electo de la Asamblea Nacional en 1960, 1964, 1968, 1984 y 1989. Fue presidente de este órgano del Estado durante el periodo del 1 de octubre de 1962 a 30 de septiembre de 1963; ministro de Trabajo y Bienestar Social durante la administración de Guillermo Endara, entre 1989 y 1993.

ROSAS, UNA LEYENDA

La trayectoria política de Jorge Rubén Rosas puede dividirse en dos épocas claramente diferenciadas: antes y después del golpe militar de 1968. Las dos han sido prolíficas y destacadas.

El ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia Harvey Mitchell, asesor legal de la Asamblea en el año 1984, recuerda haber recibido con mucho interés su triunfo como diputado ese año, en las primeras elecciones tras 20 años de gobierno militar (1968-1984).

‘Había oído hablar mucho de él y cuando lo conocí pude confirmar el dibujo que se había hecho en torno a su figura, el de una persona sumamente acuciosa, detallista... que analizaba con profundidad los proyectos de ley y le daba una importancia suprema a la Ley de Presupuesto, que dispone los recursos del estado...', recuerda Mitchell.

En un lugar donde los ánimos se caldean frecuentemente y donde las intrigas y ‘teje menejes' son de rutina, Mitchell dice no recordar a Jorge Rubén Rosas ni una vez alterado.

‘Al contrario, su parsimonia y serenidad lo convirtieron en figura apreciada y consultada por todas las bancadas', señala el exmagistrado.

Su persistente estudio y análisis de la realidad nacional ‘le permitían presentar proyectos de ley con un sentido de oportunidad rara vez visto', continúa.

‘Le decíamos el Sumo Pontífice del Parlamento, porque los diputados lo solían rodear constantemente para hacerle preguntas', destaca Mitchell, riéndose de la broma, al tiempo que se declara su amigo entrañable.

Como Mitchell, otros veteranos de la política criolla también tienen solo palabras de elogio hacia Rosas.

‘Lo conocí desde la fundación del Partido Molirena, del que fue uno de los primeros líderes junto a Gilberto Arias Guardia, Guillermo Ford, Chinchorro Carles, Alfredo Ramírez, Julio Linares y Mario Galindo', recuerda Laurencio Guardia, también militante de este partido.

‘Es un hombre de hablar pausado, un hombre muy inteligente, formado y emocionalmente muy estable, que aportó ideas y una posición ecuánime en momentos difíciles', continúa.

‘En Tolé, dejó una estructura política de primera, que ha mantenido su hijo Jorge, en beneficio de la población, en la cual siempre ha estado muy interesado'.

NACIMIENTO Y FORMACIÓN

Jorge Rubén Rosas nació en el distrito de Tolé, un área del oriente chiricano en la que hasta 1960 persistían las condiciones precarias, sin escuelas adecuadas, sin servicio de salud pública ni alumbrado eléctrico, sin calles ni caminos de penetración.

‘Eran los tiempos de la guaricha y de las lámparas de kerosín con tubo', rememora Rosas en un cuestionario escrito que le hizo llegar La Estrella de Panamá. Sin embargo, el ambiente familiar y la convivencia, ‘era sana, amigable y de mutua colaboración'.

En este ambiente se crió Jorge Rubén, con 9 hermanos. Llegó a la ciudad capital en 1941, con la única formación que había recibido en las escuelas públicas de Tolé, decidido a abrirse paso con su propio esfuerzo, trabajando de día y estudiando de noche.

En esa época de pocas oportunidades, encontró un puesto laboral en la Zona del Canal, bajo el sistema de discriminación del ‘silver roll', experiencia que le serviría, años después, al ser designado por el presidente Roberto F. Chiari como representante del país en la XXXXVI Conferencia Internacional del Trabajo, celebrada en Suiza en 1962, donde denunció las injusticias que imperaban en el enclave estadounidense.

Como muchos otros jóvenes interioranos de su época, en su juventud, Rosas se sintió atraído por la doctrina panameñista, que propugnaba por el ‘estudio sano, sereno y profundo de nuestra geografía, de nuestra geología, flora, fauna y recursos naturales para adoptar el plan de acción nacional inspirado en objetivos superiores y lograr un Panamá mejor para los panameños', responde Rosas en el cuestionario citado.

Como simpatizante de esta doctrina, conoció al líder Arnulfo Arias en el año 1948, cuando fue llamado a participar como orador en un acto de promoción partidista, en Plaza de San Miguel Calidonia.

Su improvisada y muy aplaudida intervención llamó la atención del doctor Arias, que seguía atentamente lo que sucedía en la tarima desde un balcón cercano.

‘¿Quién es ese jovencito?', le cuentan que preguntó el político penonomeño sobre ese veinteañero que hablaba con tanta claridad y vehemencia.

Desde ese, día su nombre fue incluido, por petición de Arias, en los programas más importantes del partido, junto a figuras destacadas de la época, como el doctor José Pezet, Miguel Angel Ordoñez, Ángel Vega Méndez, Homero Velásquez y Demóstenes Vega.

Rosas defendió ardientemente el triunfo electoral del doctor Arias en las elecciones de 1948, que no le fue reconocido. Las protestas le valieron el exilio en Costa Rica, donde pasó cuatro meses, hasta que se dio una amnistía con motivo del fallecimiento del presidente (reconocido por la Junta de Escrutinios) Domingo Díaz, en agosto de 1949.

En febrero de 1950, tras el famoso ‘recuento de votos' solicitado por el coronel José Remón, y reconocerse finalmente el triunfo de Arias, este lo nombró primer secretario del Ministerio de Gobierno y Justicia.

Rosas fue observador cercano de esta segunda presidencia del líder panameñista, a la que reconoce innumerables aciertos y logros, como el voto femenino (a nivel circuital únicamente).

Pero también fue testigo de deterioro de las relaciones y la creciente desconfianza entre Arias y Remón, que terminó en el acorralamiento del presidente, y la trágica y violenta toma del palacio presidencial por parte de la Policía Nacional en mayo de 1951.

Allí estuvo Rosas, quien describe la tensa situación que se vivía en el palacio: ‘En los salones de la presidencia nos encontrábamos más de mil quinientas personas, partidarios del gobierno... Como a la una y veinte de la tarde, se produjo el primer incidente en la planta baja; se oyeron disparos hacia las escalinatas del primer piso, lo que desató un tiroteo intenso con armas de grueso calibre. Nosotros no teníamos armas de ningún tipo y tampoco servicios de ninguna clase, dado que nos habían cortado el agua, la luz eléctrica y los teléfonos... ‘, rememora el cuatro veces diputado.

Antes de las cinco de la tarde, cuando la Policía finalmente acabó por dominar la situación, Rosas había sido golpeado, y amenazado de muerte.

El dramático evento terminó con una breve estadía en la cárcel, junto con más de dos mil personas, el doctor Arias y su esposa doña Ana Matilde Linares de Arias.

Desde la prisión, el doctor y político, solicitó a un grupo de seguidores que inscribieran el Partido Panameñista. Entre ellos estaba Rosas, quien lideró los esfuerzos hasta lograr la suscripción, la convención constitutiva y el reconocimiento por el Jurado Nacional de Elecciones, tres meses antes de las elecciones de 1952.

No obstante, el partido se disolvió rápidamente por la presión ejercida por el coronel Remón, quien estaba determinado a correr y ganar esos comicicios.

NUEVO PARTIDO

En 1957, Rosas, junto con un grupo de jóvenes políticos inconformes con la camisa de fuerza impuesta por el bipartidismo, se organizaron nuevamente para formar un nuevo partido, el Movimiento de Liberación Nacional, que apoyó la postulación de Roberto F. Chiari como candidato presidencial.

En esas elecciones, Rosas fue elegido por primera vez como diputado a la Asamblea Nacional, en representación de la provincia de Chiriquí.

Desde ese puesto, una de sus primeras acciones fue negociar una resolución, que finalmente fue expedida por la Asamblea, para ‘dar por cumplida' la sentencia impuesta a Arnulfo Arias -en 1951- que le inhabilitaba de forma perpetua a ejercer cargo público.

La resolución fue aprobada el 3 de octubre de 1960, y ella le permitió a Arnulfo Arias inscribir nuevamente el partido Panameñista y correr como candidato a la Presidencia de la República en 1964, 1968 y 1984.

A pesar de esta acción noble de su parte, que le permitió seguir activo en la política, Arias se molestó de que Rosas fuera relegido como diputado por su partido Molina en 1964 y 1968, y adoptó hacia él una actitud hostil y violenta. No obstante, Rosas lo volvería a apoyar, ya como miembro del partido Molirena, en las elecciones presidenciales de 1984.

Como diputado y líder de la región del oriente chiricano, Rosas trabajó para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores de la Chiriquí Land Company; promovió el servicio de alumbrado eléctrico, que solo llegaba hasta el distrito de David; la construcción de escuelas adecuadas, edificios municipales, centros de salud.

MEMORIAS

En el prefacio de sus memorias, ‘Huellas de Mi Andar', publicadas en el año 2008, Jorge Rubén Rosas habla de su origen humilde y las carencias de recursos y formativas que tuvo que enfrentar en sus primeros años, pero también de cómo estas lo impulsaron a esforzarse más que otros que partieron en la carrera de la vida desde posiciones más favorecedoras.

‘Mi trayectoria llena de dificultades y mi visión me indicaban que podía luchar, estudiar y mejorar por iniciativa propia, dentro de la senda que me autoseñalaba, lo que ha sido mi norte hasta el presente.Creo que mi esfuerzo ha dado frutos apreciados por mi familia, mis amigos y la sociedad', cuenta.

‘Confío que mis hijos y nietos tendrán presente lo que vale y significa luchar para subsistir, surgir y proyectarse, en vez de una existencia fácil, sin realizaciones propias y fecundas‘, continúa, quien tras esa larga trayectoria a cuestas, se mantiene todavía decidido a dejar la huella más honda de su ejemplo.