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09 de Apr de 2020

Nacional

El juicio que evocó los atroces crímenes de cinco jóvenes

El asesino confeso de cinco jóvenes panameños de ascendencia asiática podría enfrentar hasta 50 años de prisión. Un recuento del juicio

Seis años y medio después de los crímenes de cinco jóvenes panameños de ascendencia asiática, el juicio del caso ha despertado nueva atención sobre los macabros hechos, bajo la premisa de que no ha salido a la luz toda la verdad de los incidentes ocurridos en La Chorrera entre 2010 y 2011.

Con los nuevos elementos que salieron a relucir en la audiencia celebrada entre el 26 y el 29 de junio de 2017, La Estrella de Panamá reconstruye la historia de estos homicidios.

—¿Es usted culpable o inocente de los cargos de secuestro, homicidio y blanqueo de capitales en perjuicio de Yessenia Lou Kan (18 años), Young Wu Ken (27), Georgina Lee Chen (18), Joel Liu Wung y Samuel Zeng Chen (19)? —preguntó la jueza Giorgina Tuñón a Alcibiades Méndez, durante el primer día de audiencia.

‘Ventura Ceballos me ofreció $10 mil para que lo exculpara de los cargos en su contra',

ALCIBIADES MÉNDEZ

ASESINO CONFESO

La respuesta fue inmediata: —‘Soy culpable y estoy arrepentido' —respondió Méndez a la presidenta del tribunal que juzga a nueve de diez personas supuestamente vinculadas a los hechos criminales que no solo conmocionaron a la comunidad china a la que pertenecían los jóvenes, sino a todo el país por la manera violenta en que ocurrieron.

Era la primera vez que Méndez reconocía públicamente su participación en los asesinatos. El acusado no solo se declaraba culpable, sino que pedía que se le impusiera la pena que merecía por su ‘vil' participación en estos actos. Tres días después, en la última jornada de audiencia, Méndez volvería a sorprender a quienes se dieron cita en el Segundo Tribunal de Justicia para escuchar de su propia voz cómo ocurrieron los hechos.

PERDÓN

De rodillas ante el Tribunal, dejó caer sus lágrimas mientras con voz ronca pronunciaba tres veces la palabra ‘perdón' a la familia de los jóvenes asesinados y al pueblo panameño.

Los crímenes, según contó el asesino confeso, se gestaron en la mente de un compatriota suyo: Gilberto Ventura Ceballos, conocido en Panamá como Ángel Bethancourth o Fermín Taveras, porque usaba cédulas y pasaportes falsos para moverse en el mundo del hampa.

Ambos dominicanos, Méndez y Ventura Ceballos se conocieron cuando el último se presentó en el negocio del primero, ubicado en la zona peatonal de La Chorrera, a arreglar un teléfono celular. ‘Es allí donde se forjan los hechos que hoy me tienen frente a ustedes', dijo Méndez durante el último día de audiencia.

‘Durante cuatro meses, Ventura Ceballos insistió para que me hiciera su cómplice en estos crímenes porque yo conocía a los comerciantes del área y eso facilitaba el trabajo', dijo Méndez. ‘Me hostigó hasta convencerme', añadió el acusado.

En octubre de 2010, Yessenia Loo Kam fue secuestrada. En el expediente no está la información de cómo sucedieron los hechos, contó Méndez en la audiencia.

Yessenia tenía 18 años y era hija de los propietarios de la Casa Internacional. En la madrugada del 20 de octubre de 2010, el automóvil de la joven fue chocado por Méndez cuando iba por la carretera Panamericana a la altura de la escuela Victoria D' Spinay.

Al bajarse del automóvil para ver qué había pasado, Ventura Ceballos, que venía atrás de Méndez, en otro auto, la sometió con una pistola, la ató de pies y manos y la amordazó.

LOS HECHOS

La joven fue encerrada en una fosa de metro y medio que habían cavado debajo del piso del baño en casa de Méndez, donde también hicieron una primera grabación para pedir un rescate a sus familiares.

Yessenia murió el mismo día en que fue secuestrada, contó Méndez. Ventura Ceballos la asesinó. Él le dijo a Méndez que necesitaba enviar un mensaje y le pidió que quemara dos correas de ‘bombitas' frente a la casa. Cuando ingresó a la residencia, Ventura le estaba echando tierra al cuerpo de Yessenia, contó la abogada defensora de Méndez, Mireya Rodríguez. El ruido era para amortiguar los disparos

La familia de la joven colocó afiches ofreciendo una recompensa a quien diera información de su paradero. Todas las pistas recibidas resultaron falsas y pudieron complicar la investigación de las autoridades.

En ese primer secuestro, los captores fracasaron en su intención de obtener dinero porque la familia no pudo alcanzar las cifra solicitada y la comunicación se rompió.

Mes y medio después, en diciembre de 2010, el clan tenía identificada a su próxima víctima: Ken, quien fue secuestrado en su casa, frente a sus propios negocios. El joven comerciante estaba bajando unos paquetes de su automóvil cuando llegó Alcibiades y le dijo: ‘¿Te acuerdas de los celulares?', aludiendo a una aparente venta ya pactada. Ken, dueño de Novedades Angelina, vio la oportunidad de un buen negocio y se fue a casa de Méndez voluntariamente. Cuando llegó, acompañado de Méndez, Ventura Ceballos, que iba detrás de ellos en otro auto, sacó una caja con un arma de fuego adentro y encañonó y sometió al comerciante.

A Ken también lo ataron de manos y pies y le cubrieron la boca con cinta adhesiva.

Cuando lo bajaron del auto, lo metieron en un tanque azul para trasladarlo hasta una fosa cavada debajo del fregador de la casa.

Igual que a Yessenia, a Ken lo obligaron a hacer una grabación para pedir un rescate a su familia. Pidieron $400,000.

Ventura fue quien realizó todas las llamadas a los familiares de las víctimas desde distintos celulares y con ‘chips' que descartaba para evitar ser localizado.

LA RECOMPENSA

La esposa de la víctima ofreció $83 mil que fueron entregados en un herbazal, en la piscina La Pagoda, en El Espino. Méndez recogió el dinero, pero la víctima nunca fue devuelta porque lo habían asesinado antes de cobrar la recompensa.

Al igual que con Yessenia, Ventura le pidió a Méndez que encendiera dos correas de ‘bombitas' frente a su casa. Cuando volvió, el joven ya tenía un tiró a la cabeza y su compatriota cubría su cuerpo con tierra.

Con el dinero de los secuestros, Ventura Ceballos y Méndez se fueron a su tierra natal. Regresaron al país entre febrero y marzo.

El último de los secuestros, en septiembre de 2011, pudo evitarse, según apuntan los abogados querellantes, porque los captores fueron sorprendidos mientras le daban seguimiento a sus víctimas.

SEGUIMIENTO

El modus operandi de los captores era seguimiento a sus víctimas para conocer cómo era su diario vivir. ¿Qué hacían?, ¿a qué se dedicaban?, ¿quién los cuidaba?, etc... Mientras espiaban a Samy, hijo del propietario de uno de los negocios más populares de La Chorrera, El Noverama, una persona llamó a la policía y avisó de la presencia de extraños en los alrededores del área. Los agentes del orden acudieron al lugar, pero los dejaron seguir su camino.

Al día siguiente, los captaron chocaron el carro de Samy en la autopista La Chorrera - Panamá, a eso de las cinco de la mañana.

MUERTE DE SAMY Y GINA

Cuando Samy se detuvo, Méndez caminó hacia él y lo sometió con un arma de perdigones.

De Gina Lee Chen y Joel Liu Wung se encargó Ventura Ceballos. Algo no había salido bien. No estaba contemplado que hubiera dos personas más en el auto: Giorgina y Joel (novia y amigo de Samy). ‘No iban a secuestrar a Gina ni a Joel', contó la abogada Rodríguez.

Los captores hicieron la misma operación: los ataron de manos y pies y les taparon la boca. El auto del joven fue abandonado y las víctimas fueron trasladadas a El Trapichito, en La Chorrera, donde tenían una nueva fosa preparada en uno de los cuartos de la vivienda.

Una vez allí, Méndez se quedó a cuidar a los jóvenes y Ventura se fue a negociar. Méndez sólo asesinó a Samy, reconoció la abogada.

Estaba inquieto y Méndez le propinó una puñalada en la pierna izquierda que le provocó la muerte. Así era imposible cobrar el rescate y decidieron matar también a su novia. La enterraron viva atada de manos y pies, con la boca cubierta, junto al cadáver de su novio. Joel murió posteriormente.

Los padres de los tres chicos pagaron $160,000 a los captores. El dinero fue retirado en un herbazal cerca de la casa de citas Oasis.

Los cuerpos de los jóvenes fueron cubiertos con cemento y posteriormente colocaron baldosas sobre el suelo para evitar que fueran descubiertos. Los secuestradores siempre tuvieron una actitud homicida. ‘Las víctimas conocían a su agresor, por eso era necesario quitarles la vida', dijo la fiscalía en sus alegatos.

En la residencia de Méndez se encontraron esposas, llaves y municiones con las que sometían a las víctimas. En esa casa también se encontraron $115 mil, en billetes de $100.

ESPERADA SENTENCIA

Parte de los dineros que colectó Méndez de los secuestros fueron cambiados por su expareja y su excuñada en los casinos. Según Méndez, Ventura depositó su parte en cuatro cuentas de un banco de la localidad.

Los dos hombres intentaban escapar a República Dominicana. Ventura Ceballos lo logró, pero Méndez fue capturado antes del viaje que había planificado hacer con su novia, Keyla Bendibú. Fue Méndez quien confesó los crímenes y ayudó a localizar los restos de las víctimas, el 15 de septiembre de 2011.

Además de Méndez, otras ocho personas han sido imputadas por este caso.

Gilberto Ventura, que llegó a estar detenido, huyó y está prófugo de la justicia desde diciembre de 2016.

Méndez podría recibir hasta medio siglo de prisión por los cargos que se le imputan. Su abogada pidió que sea juzgado por homicidio agravado, según el Ministerio Público.

Méndez pidió exculpar a sus familiares. En este caso están señaladas su expareja, su excuñada, su hijastra, su novia y su cuñado. ‘En estos hechos solo participamos dos personas', dijo refiriéndose a Ventura y a él.

El tribunal se acogió al término que establece la ley para dictar sentencia. El juicio puso en evidencia las falencias de la instrucción judicial del caso, expresaron abogados defensores y querellantes del proceso.