La Estrella de Panamá
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22 de Oct de 2019

Nacional

Racionalidad, globalización, identidad [2]

La llamada universalización es un proceso inevitable, irreversible, consubstancial a la naturaleza humana. La humanidad, querámoslo o no, es una en la diversidad

Hasta hace poco podíamos definir la identidad como el conjunto de atributos que nos hacían únicos, desemejantes y diversos en relación con seres humanos que ocupan otros espacios geográficos, históricos y culturales. Pero también la entendíamos como pertenencia e inmanencia. Conciencia para sí que se des-construye reconstruye constantemente bajo la influencia del desarrollo económico y científico, y sobre todo debido a los procesos de emigración y transculturación, término este último emparentado con universalización y ‘globalización' de los que tanto se habla en los tiempos actuales.

IDENTIDAD EN CRISIS

Las identidades nacionales entendidas no como fatalidad sino como proceso están en crisis. Este fenómeno se debe entre otras cosas a la des-configuración y configuración ideológica de las sociedades de la Periferia por vía de las lenguas, la enjertación de los valores éticos estéticos del Centro en la Periferia, el desmantelamiento progresivo de las fronteras nacionales, la modificación de las costumbres y normas de convivencia con apego a los valores del mercado, las migraciones desaforadas, los fanatismos religiosos, la educación en antivalores neoliberales y el desarrollo científico y tecnológico, incluyendo las cada vez más complejas y sofisticadas tecnologías de comunicación de nuestra época. Habría que agregar por supuesto las relaciones de producción e intercambios comerciales desiguales.

LA GLOBALIZACIÓN FENICIA

Los sistemas de producción e intercambios de mercaderías, sujeto a tantas críticas por las injusticias funcionales que acarrea, ha sido desde hace mucho tiempo el mecanismo globalizador por excelencia. Y no es, como se sabe, un fenómeno reciente. Allá por los 700 antes de Cristo los fenicios, a quienes la historia reconoce como pioneros de la actividad comercial en gran escala, convirtieron los sonidos en dibujos y —con el ánimo de registrar transacciones y documentar compromisos entre pueblos distantes— crearon esa herramienta globalizadora de la humanidad que conocemos como «el alfabeto». El Derecho Romano de la época del imperio sigue siendo la base de la jurisprudencia no sólo de los países occidentales sino de muchos países de oriente y otras regiones del mundo.

EL GEN GLOBALIZADO

Si nos movemos en el ámbito de la racionalidad sustancial sabríamos ya, a estas alturas, que la llamada universalización —cuyo origen se remonta a la época de las cavernas— es un proceso inevitable, irreversible, consubstancial a la naturaleza humana. La humanidad, querámoslo o no, es una en la diversidad. Las razas y las etnias son accidentes históricos, producto también de coyunturas geológicas y ambientales, convencionalismos transitorios. En el fondo somos una especie planetaria, un producto cósmico. Las partículas que integran nuestros cuerpos se encuentran distribuidas en todo el universo. El gen, el genoma, es el verdadero motor de la vida y, en última instancia, de la historia. Todo lo cual significa que la noción de patria, soberanía, identidad tienen una naturaleza muy vigorosa, pero a la vez transitoria si la percepción se proyecta en términos macro cósmicos; efímera si se la contabiliza a partir del punto de vista de los millones de años que han transcurrido desde que la primera cadena de aminoácidos se combinó en la sopa cósmica para crear la primera forma de vida.

LOS PRIMITIVOS DEL FUTURO

A partir de estos antecedentes imaginar a manera de ejercicio cómo será la vida en el año 5000 de nuestra Era bastaría para comprender el significado de algunos sentimientos y valores a los que tanta importancia, y a buena hora, damos en nuestro tiempo. Es muy probable que los humanos de ese no tan lejano porvenir nos mirarán de la misma manera como nosotros miramos a nuestros antepasados de la edad de las cavernas.

Por esa misma razón nación e identidad, nociones que son básicas y sustantivas a los conglomerados que tienen sus residencias en distintos puntos del planeta actual, por las cuales son capaces de aniquilarse las unas a las otras, no necesariamente tienen la eternidad como destino. Pero si tienen un propósito inmediato: preservar la vida, nuestras vidas actuales. Este es uno de los meollos del asunto.

SUFRIMIENTO PARA RATO

De manera que si nos ubicamos en el ámbito de la pura racionalidad funcional, en lo que respecta a nosotros, a los que compartimos este tiempo específico, este planeta, este continente, este país, esta sala, las cosas no pintan fáciles, «no es un jardín de rosas el que se nos tiene prometido». Para algunas hegemonías mundiales la globalización sigue basándose en despojos y servidumbres, como ha sido siempre. Por esa razón no nos llamemos a engaños, en los años por venir afectará de muy diversa manera a los pueblos del tercer mundo, y lo más probable es que traiga nuevos sufrimientos a la humanidad, a los panameños en particular.

LO BUENO, LO MALO, LO FEO

La globalización vista desde la razón sustancial tal vez no sea buena ni mala: simplemente es, deviene, acaece. Pero vista desde la perspectiva de la racionalidad funcional, en relación con la convivencia cotidiana en tiempos y lugares específicos, siempre provocó, provoca y provocará víctimas y victimarios. En la esfera de la racionalidad funcional siempre será ineludible el dilema entre vencidos y vencedores, lo que valida el aforismo que dice que «todo el mundo habla de la fiesta según le va en ella». El proceso de fusión mundial en cada fase o coyuntura histórica es asumido y padecido por seres humanos concretos y se percibe, por ser percepción humana, desde una esfera axiológica, sobre todo a partir de las gratificaciones y sufrimientos que provoca.

Cuando lo que está de por el medio es la vida —y siempre está la vida de por medio— podríamos decir como dicen los mexicanos: «nos vale madre» la razón sustancial. Pero sería un acto irresponsable entender cómo son las cosas y lavarse las manos.

IMPOSIBLE NO SUFRIR POR LOS QUE SUFREN

Si bien es cierto que no debemos olvidar que el aprendizaje en la esfera funcional es lo que nos hace humanos, lo que garantiza la existencia de la comunidad de intereses llamamos nación, tampoco debemos olvidar que los contenidos del discurso académico, de las propuestas destinadas a garantizar la vida en nuestras comunidades se deben ajustar a las nuevas realidades. Es muy explicable que la defensa de ese sistema orgánico de convivencia llamado nación, mecanismo mediante el cual preservamos nuestra identidad y existencia, esté por encima de toda racionalidad sustancial. Pero no menos cierto es que el manejo dela objetividad científica puede mejorar la calidad de nuestra respuesta a los agresivos mecanismos desintegradores-integradores mundiales. Porque sí no se le puede pedir resignación a los grupos humanos victimizados por los vientos del desarrollo tampoco se los puede condenar al aislamiento y eventual desaparición.

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