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11 de Dec de 2019

Nacional

Luis H. Moreno Jr. ‘El que se descuide atendiendo un solo momento en su vida, pagará las consecuencias'

Un país en severa crisis ética y de valores es rescatable, pero requiere de un gran esfuerzo conjunto entre la población y las autoridades

El banquero y escritor panameño, Luis H. Moreno

La amenaza de una lluvia torrencial se cuela por el ventanal del apartamento en el piso 23 de una torre de Paitilla. Luis H. Moreno nos recibe en su casa esa tarde para platicar de todo. Sus credenciales —es banquero, escritor, profesor y cultor del civismo— hablan por sí solas, no necesita mayor presentación. Y él hace la primera pregunta: ¿Por qué las mujeres quieren ser iguales a nosotros? Y se autocontesta: ‘La paridad no es un proceso de ecualización, sino de ajuste y comprensión. Por más que haga el hombre, nunca podremos llegar a sentir y a desempeñar el papel de madre. No podré nunca igualar el sacrificio, el sentimiento y la entrega de una madre a sus hijos'.

Empezamos con un nuevo gobierno, ¿usted ve un punto de inflexión ahora en la sociedad panameña? ¿Cómo ve el momento que vivimos actualmente?

Es de suma importancia el momento en que vivimos, no solamente desde el punto de vista económico, donde después de un crecimiento muy vigoroso, estamos experimentado un decrecimiento que afecta más a las clases más humildes. El desempleo y el alto costo de la vida, la angustia y decepción por la corrupción en el gobierno. Pero todos los momentos son de importancia en un país, y el que se descuide atendiendo un solo momento en su vida, pagará las consecuencias. Es normal sentir angustia por el cinismo, la moral social, la desigualdad tan marcada que hay, la falta de estabilidad social, el nivel de crímenes y el poco valor cívico en general. Eso hace que la esperanza de mejorar sea también de todos, no solo del gobierno.

¿Es cierto que falta en el panameño conciencia cívica para exigir los derechos propios? ¿Cuál cree usted que sea la causa?

Es que hemos venido por mucho tiempo perdiendo el respeto por las instituciones, la sociedad y por nosotros mismos. ¿Qué respeto puede sentir el ciudadano por la Asamblea frente al incumplimiento de la ley y el desafío que hacen a otros órganos? Y eso viene de una permisividad a través de los años. Hemos dado más valor a un individuo por lo que vale económicamente que por lo que valen sus palabras y sus valores. Nadie respeta a nadie. Esto viene del debilitamiento del hogar, de esa enseñanza fundamental que viene de una madre y un padre que son conscientes de que el futuro de ese hijo debe depender de sus principios. Es la familia la que está en el fundamento de esta conducta social. La escuela es formadora de conciencia cívica, pero solo ayuda a lo que se siembra en el hogar.

¿Esto es rescatable? ¿Cómo se puede revertir?

Sí es rescatable. Todo desvío puede ser enmendado si los responsables porque prevalezca ese estado superior de espíritu se dedican a enseñar con el ejemplo. Decía Einstein que el ejemplo no es la mejor manera de enseñar un valor ético, sino la única. Y aquí eso no es usual, Yo tengo 20 años de estar fomentando la Fundación Panameña de Ética y Civismo, y hemos tenido buenos resultados, pero no es lo que la sociedad más busca. Es difícil el camino hacia esa enseñanza fuera de esos estamentos.

¿Por qué existe este estereotipo de que la persona ética y correcta es débil y a aquel que tiene dinero, aunque sea mal habido, al narcotraficante, por ejemplo, se le ve como el exitoso?

Inclusive a los políticos que no se aprovechan para enriquecerse les llaman así. Entre menos valores tenemos, menos confiamos en nosotros. Vivimos en un mundo trajinado, donde se busca tener más y no ser mejor. Y tener más para usarlo mal, porque cuando se tiene algo mal habido, se usa con fines aviesos, alejados de ayudar a los demás. Así, buscan mantener el statu quo , que es lo que da el estatus social.

En cuanto a la desigualdad, al Gobierno le cuesta mucho superarla, a pesar del gasto social. ¿Cuál es el tornillo que no puede apretar el país en esa área?

Yo lo veo como un asunto de cálculo, de tecnología y de mal uso de recursos. Panamá, con la proporción que tiene de indígenas —que no tienen mayor apoyo estatal porque los programas han sido muy mal encaminados, sus fines han sido saqueados y mal utilizados— no tiene una visión correcta de qué necesitan ellos, sino de qué es lo que les conviene a ellos invertir. Creo que hay un poquito de desnivel en el cálculo que nos hace a nosotros parecer mucho más desiguales de otros países. Y, por otra parte, es que realmente no ha habido, no ha sido posible, compaginar las aspiraciones de los pueblos indígenas con sus necesidades. Una política de ecualizar los sectores poblacionales en cuanto a la economía implica una integración cultural mucho mas efectiva y cordial de la que ha existido hasta ahora. No podemos hacer carreteras y escuelas y modalidades de vivienda cuando ellos rechazan muchas de esas innovaciones a su propia cultura.

¿El gobierno ha delegado mucho en la empresa privada el acercamiento a los pueblos a través de obras?

Creo que ha habido esfuerzo por integrar la educación, hay médicos que han ido con becas a otros países, pero no ha habido una integración real de sus aspiraciones con lo que el gobierno está tratando de enrumbar. Esa falta de coordinación viene de diferentes frentes, por ejemplo el clientelismo, todo eso desfigura el esfuerzo que puedan hacer algunos funcionarios del gobierno, porque lo que tratan es de asegurar el voto de esas comarcas en vez de brindar soluciones de mayor durabilidad y solidez.

Hablando de otro tema, ¿cómo ve eso de las listas grises.

Panamá no ha manejado de una manera muy convincente la transparencia de sus operaciones bancarias. Desde 1984, cuando yo era gerente del Chase Manhattan Bank, y casi 14 años desde la legislación formal panameña que fue base para el centro bancario internacional en 1970, Estados Unidos empezó a acusar a Panamá de lavado de dinero. Agentes de la DEA y el Departamento del Tesoro de los EE.UU. venían a decir que lavábamos cientos de millones de dólares. Nosotros no aceptábamos eso. Les pedimos pruebas y casos concretos porque pensábamos que estaban ‘pescando' a ver qué encontraban. Panama tomó una posición defensiva muy digna porque no cedió. Pero nos fuimos dando cuenta de que sí existía un lavado de dinero que no era visible y que el gobierno de Noriega apoyaba. En ese tiempo venían los mayores capos, se hospedaban, se reunían aquí e iban a un banco interoceánico con maletas en efectivo. Desde la Comisión Bancaria defendimos el estatus bancario y quisimos cerrar dicho banco, pero el régimen se oponía. Venían los aviones con dinero e iban directo a ese banco. Los operativos de búsqueda fracasaban porque los bancos no daban información, a pesar de que se sabía que estaban lavando dinero. Luego vino la participación de abogados, comerciantes, construcciones y toda la estructura de empresas y sociedades anónimas, financiado con dinero producto de ese lavado. Panamá fue así ganando la fama de lavado de dinero, sumado a nuestro empeño en que ‘como no era así', nos resistíamos a dar información. Mucho después, la banca se convenció de que eso era perjudicial para todos en todas partes. El golpe que recibió el país con el caso de Mossack Fonseca, el nombre de Panamá fue nuevamente deteriorado como en el tiempo de los franceses, cuando Panamá esa sinónimo popular de ‘escándalo'. Hemos tenido que tomar medidas bajo presión para cambiar las leyes con una total falta de seriedad por parte de la Asamblea. También menguan la imagen del país los múltiples casos de fondos públicos mal manejados, obras inconclusas y con precios inflados, fondos por obras que no se han hecho. Nada de eso ha sido realmente investigado de manera formal y seria. Casos como el de Odebrecht, donde políticos han confesado públicamente que pidieron, que les dieron, que repartieron fondos; si hay uno o dos presos es mucho, mientras que en Perú hay cuatro expresidentes presos y uno suicidado por el mismo caso. Panamá no ha dado esa certeza al mundo de manejar sus finanzas de manera transparente, además de tener un sistema de justicia muy deplorable.

BIOGRAFÍA

Banquero, escritor, profesor y defensor de la ética y el civismo

Nombre completo: Luis H. Moreno Jr.

Ocupación: Banquero

Libros: ‘La Ganadería de Ceba en Panamá' (1960), ‘Panamá: Centro Bancario Internacional' (1988), ‘Panamá: Una Vocación de Servicio' (1988) y ‘La Crisis Bancaria de Panamá' (1988)

Resumen de su carrera: Primer panameño en ser vicepresidente y gerente general del Chase Manhattan Bank Panamá en 1970. Gerente general del Banco Nacional de Panamá en 1989. Miembro de la Junta Directiva de la Caja de Seguro Social. Asesor de Senacyt en 2001. Fue vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Bancos. Representó a Panamá en el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional. Profesor de Banca y Administración en la USMA, la UTP y conferenciante frecuente en la Universidad de Panamá.

¿Están enfrentados los banqueros con los abogados en el tema de las listas? ¿Cómo pueden llegar a un punto medio para tener una estrategia unificada?

No es cuestión de quién lleva la batuta, es cuestión de hacer las cosas bien. Ese argumento de la soberanía era lógico que se encendiera por los casi 100 años que estuvieron aquí los Estados Unidos con el Canal, pero no puede usarse la soberanía como argumento para defender prácticas que ya son perseguidas en todo el mundo. La justicia no se maneja correctamente, no lo digo yo, lo dicen los mismos magistrados que se han acusado entre ellos, con cartas, dando nombre y apellido, de vender fallos. Y los más vendidos han sido los que favorecen a narcotraficantes. Se ha agarrado a varios y casi todos han salido libres; a cambio de algo, por supuesto.

¿Se lava más dinero ahora que durante la dictadura? Porque con la llegada de la democracia no se acabó el lavado del dinero...

No se acabó. Ahora se lava muy poco, pero todavía se lava. El asunto es que no podemos decir quién o quiénes y dónde, porque son operaciones tan complejas que precisamente por eso es que el primer ministro de Islandia que tenía cuentas a nombre de compañías creadas en Panamá, tuvo que renunciar. Hay pruebas. Hemos generado un sinnúmero de leyes para controlar eso y hemos delegado muchas atribuciones a organismos financieros internacionales, pero no las aplicamos con la efectividad que piden esas instituciones. Vamos a cumplir las leyes y después peleemos por lo correcto.

¿Qué expectativa tiene usted del recién creado Ministerio de Cultura? ¿Será un factor de cambio?

Es acertado y oportuno. La cultura viene del vocablo ‘cultivar', se refiere a los atributos personales, el conocimiento, las relaciones. No es solamente saber de libros ni la danza ni la música. Es ser ético, cortés, el desarrollo espiritual del hombre y sus relaciones con los demás. Lo único que le advertiría es que se revistan de la seriedad que exige un ministerio de cultura, que traigan a los más capaces y no a los más amigos.

¿Cómo afecta la tecnología el nivel cultural de la sociedad en general? ¿Es más difícil para las generaciones actuales crecer?

Es así, es más difícil todo. Es verdad que la tecnología, a pesar de que nos ha unido, por la premura que sentimos de contestar rápido un mensaje por ejemplo, se va debilitando el proceso de razonamiento. Ya no se razona con la profundidad y la solidez con que se hacía antes. Yo recibía una carta y pensaba qué iba a contestar. Así las respuestas eran más sólidas porque llevaban un proceso de mayor meditación. Con la practicidad y la rapidez de la tecnología, se van dejando de lado también las maneras más elegantes y la correcta escritura. En la medicina, por ejemplo, la tecnología es increíble, por eso estamos durando más. Pero la tecnología no puede hacernos perder la humanidad.