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01 de Jun de 2020

Nacional

¿Por qué son especiales las mascarillas N95?

Una de las prioridades más importantes para cualquier personal de salud, sobre todo empleados en áreas de riesgo, es evitar el contagio de enfermedades transmitidas a través de patógenos aerolizados (virus, bacterias).

Una de las prioridades más importantes para cualquier personal de salud, sobre todo empleados en áreas de riesgo, es evitar el contagio de enfermedades transmitidas a través de patógenos aerolizados (virus, bacterias).

En el caso de la pandemia, existe un potencial de infección alto en las salas de emergencias, quirófanos, así como en salas de atención a pacientes con SARS-CoV-2, o como comúnmente lo conocemos, Covid-19. Por tanto, cada medida de protección cuenta, y una de las herramientas esenciales en el equipo de protección del personal de salud es la mascarilla, a la cual también se le llama respirador por su nombre en inglés.

En particular nos enfocaremos en las mascarillas N95. La ingeniería de su estructura es una maravilla y dista de la percepción sencilla que se tiene de ella, en cuanto a que está hecha con unas ligas y un pedazo de tela.  La realidad es que es mucho más que eso, porque consta de varias capas, cada una con su función.

La capa más externa es de un material hidrofóbico (repelente de sustancias a base de agua) que previene que sustancias como la sangre, saliva de la tos, de estornudos o inclusive exhalaciones, puedan alcanzar al profesional de la salud. De igual forma, la capa más externa provee algo de rigidez y protección a las capas más internas que cumplen con funciones importantísimas. La mayoría de las partículas y aerosoles son capturados en esas capas.

Estas capas internas proveen protección al usuario a través de cuatro mecanismos clave. Los primeros dos mecanismos se conocen como impacto inercial e intercepción, y sirven para frenar las partículas que son microscópicas (mucho más pequeñas que el grosor de una hebra de cabello).  El otro mecanismo es el de difusión, y aquí las moléculas de aire golpean las partículas nocivas y hacen que estas queden atrapadas en el material; es decir, la fricción del aire dentro de la máscara, las frena. Esto se debe a que estas partículas son mucho más pequeñas, de manera tal que la interacción con las moléculas de aire las pueden frenar. El cuarto y último mecanismo es crucial, es el de la atracción electrostática. En este caso, el material de la mascarilla está cargado eléctricamente y atrae las partículas, conteniéndolas en la máscara e impidiendo que lleguen al usuario.

Luego de estas barreras medias de contención, viene la capa final, que también es hidrofóbica y está en contacto con la piel. Por ello las propiedades de esta capa son para hacerla más cómoda para el usuario, y al ser hidrofóbica, evita que se acumule humedad en el área, facilitando así la respiración y filtración en general.

Todo lo anterior hace de estas mascarillas, las N95, elementos esenciales y sumamente especiales en la lucha contra la pandemia que nos aqueja.

Sin embargo, ¿cómo se comparan las N95 con las otras mascarillas comúnmente conocidas como tapabocas? Primero, las tapabocas son para frenar partículas de mayor tamaño y al no ser tan ajustadas en los alrededores del rostro, permiten que el usuario pueda inhalar a través de estas aperturas. Por supuesto, ante aerosoles, las partículas más pequeñas no pueden ser frenadas con facilidad. Sin embargo, es también imprescindible que las usemos porque sí representan una barrera que mitiga la acción del estornudo, la tos o la exhalación.

El tema del diseño de máscaras es uno de alto interés para la comunidad científica. No solo por la pandemia, sino además por la inhalación de partículas cancerígenas a las cuales están expuestos muchos trabajadores.

Al final, comprender el mecanismo de protección de una máscara (N95 o cualquier otra) es interesante, pero la enseñanza que debe ser asimilada de este artículo es simplemente “protégete tú y a los demás, usa una máscara”.

Decano de la Facultad de Biociencias y Salud Pública