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29 de Ene de 2023

Nacional

Bolivia y las mañas del pueblo

En materia de explosiones sociales, Bolivia ha vivido experiencias notables. Son experiencias que han tenido sus propias gestaciones. Algunas con abortos, otras con partos prematuros y otras históricamente bienvenidas, aunque frustradas con el correr de los años. Una de estas fue la revolución abanderada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (1952) con Víctor Paz Estenssoro a la cabeza. Aquella revolución tuvo logros concretos y abrió un mundo de esperanzas secularmente postergadas.

Bolivia y las mañas del pueblo

La sublevación del pueblo boliviano tiene una gestación de décadas. Su proceso íntimo, su trasfondo, se intuye. Basta con observar la estampa de quienes se han apoderado de las calles para entender que la pobrería de Bolivia es la protagonista de las actuales jornadas sociopolíticas que sacuden el altiplano. A diferencia de las conmociones sociales que viven otras colectividades, en Bolivia el pueblo tiene a su líder político, Evo Morales, y a un partido que se encuentra identificado con las luchas populares. Por tanto, no son grupos de presión los que se encuentran liderando la protesta boliviana. Por sus objetivos, se observa una dinámica revolucionaria dirigida a la captura del poder. A estas alturas del movimiento boliviano sus luchas no se agotarían si se nacionaliza la industria del gas. Se ha dado un giro eminentemente político: el logro de una asamblea constituyente y el adelanto de las elecciones presidenciales.

En materia de explosiones sociales, Bolivia ha vivido experiencias notables. Son experiencias que han tenido sus propias gestaciones. Algunas con abortos, otras con partos prematuros y otras históricamente bienvenidas, aunque frustradas con el correr de los años. Una de estas fue la revolución abanderada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (1952) con Víctor Paz Estenssoro a la cabeza. Aquella revolución tuvo logros concretos y abrió un mundo de esperanzas secularmente postergadas. Y muchísimas esperanzas cristalizaron en realidades de contenido tanto nacionales como populares. Hasta que las mismas realidades estructurales de Bolivia fueron aniquilando una revolución que se quemó en las pugnas personalistas y partidarias, atizadas esas pugnas por el poder aparentemente irresistible del imperio.

“El drama boliviano ofrece otras lecciones. Si la carta democrática otorga a la OEA un papel en defensa de la democracia, sería faltar a la misma democracia si no respalda a los pueblos cuando sus gobernantes se apartan del sistema y se convierten en sus propios perseguidores”.

Hoy se lucha por lo mismo que convocó la revolución de Paz Estenssoro.

Lo curioso es que ahora se da la misma lucha, ya no enfrentando dictaduras militares grotescas y asesinas. Hoy la revolución se gesta dentro del sistema democrático. El hecho pone en duda la validez del sistema como instrumento de liberación, en la medida que se le resten a la democracia sus compromisos con los pueblos que yacen en la miseria y cuyos gobiernos insisten en ser dependientes de las mañas de la oligarquía y del imperio. Como decía Evo Morales “los pueblos con conciencia de sus males y de la solución de los mismos adquieren noción de sus propias mañas”. En este conflicto de mañas, en el grado de confrontación al rojo vivo, los gobiernos suelen convertirse en trapiches y vuelven bagazos a sus propios líderes. En el conflicto de mañas, en algunos gobernantes democráticos el quehacer para mantener la autoridad o eso que llaman gobernabilidad se convierte en tempestad íntima, personal. El presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, penúltimo mandatario boliviano elegido con el respaldo eufórico de su pueblo, cuando no pudo desprenderse de las mañas de la oligarquía, tomó el camino de la represión y llevó a la tumba a decenas de sus compatriotas.

Al actual presidente Carlos Mesa se le presentó el mismo dilema. En el momento en que el pueblo sublevado, ya en la frontera de la confrontación mortal, con el derramamiento de sangre pendiente de la imprudencia del gatillo, he allí, en ese momento, que se yergue la figura humanística y democrática de Carlos Mesa. Palabras más, palabras menos, dijo: “Ya no puedo más. Yo no fui elegido para matar a mi pueblo. Yo no mataré a un solo boliviano”. Y presentó su renuncia sin mancillar su nombre y sin convertirse en torturador o en asesino de su pueblo. Yo desconozco el talante de gobernante de Mesa y no tengo noticias de sus errores y aciertos, pero el fundamento de su renuncia retrata de cuerpo entero la grandeza de su hombría y de sus valores. El presidente de Chile, don Ricardo Lagos (Chile no mantiene relaciones diplomáticas con Bolivia), empinándose sobre las diferencias históricas con su vecino, rindió tributo de admiración al gesto humanísimo del presidente Mesa, gesto que constituye una lección cívica y moral para el resto de los gobernantes del mundo que confunden el ejercicio del poder con el oficio del verdugo o que consideran que el derecho de mandar confiere el derecho de matar. El drama boliviano ofrece otras lecciones. Si la carta democrática otorga a la OEA un papel en defensa de la democracia, sería faltar a la misma democracia si no respalda a los pueblos cuando sus gobernantes se apartan del sistema y se convierten en sus propios perseguidores. Defender la democracia no solo significa respetar la estabilidad de los gobernantes elegidos en las urnas, significa mayormente apoyar los pueblos que se enfrentan a los gobernantes que laceran sus derechos vitales.

Si bien una golondrina no hace verano, tengo fe en que el secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, por su tradición democrática y por sus sufrimientos como perseguido de la dictadura de Pinochet, cautelará la democracia para que los gobiernos de América estén al servicio de sus pueblos y no de los usureros intereses foráneos ni de las voracidades de las oligarquías tradicionales. ¡Qué las mañas de los pueblos inspiren la nueva política internacional de la OEA!

Publicado originalmente el 11 de junio de 2005.

Guizado, un hombre inocente
Bolivia y las mañas del pueblo

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, ciudad de Panamá

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.