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20 de Nov de 2019

El Papa en Panamá

Sixtina en Panamá, el recorrido

Una réplica de varios frescos de Miguel Ángel, que adornan la Capilla Sixtina, ubicada en el Vaticano, Roma, se aprecian en una angosta calle del Casco Antiguo de la capital. La exposición ha dado la vuelta al mundo

En plena avenida A del Casco Antiguo de la ciudad de Panamá, en la Casa Pérez Alemán, se acondicionó un espacio de arte que aloja réplicas de los frescos de Miguel Ángel, que decoran la bóveda de la Capilla Sixtina, en la Ciudad del Vaticano, Roma.

Si bien la casa de arte es pequeña, las réplicas de varios metros de altura cumplen su función al transportar al expectador a la época en que el artista (1508-1521), encomendado por el papa Julio II, creó una de las obras pictóricas más complejas de la historia del arte.

La galería, única en su clase, ha recorrido las capitales más importantes del mundo. En Panamá encontró un marco ideal dentro de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, que contó con la visita del papa Francisco, en la penúltima semana de enero.

El recorrido, que se realiza con la ayuda de un sistema de auto guías, puede hacerse en aproximadamente 30 minutos. Después es permitido volver a las salas que más impactan y observar una vez más la obra de arte.

Javier Castillero, uno de los socios encargados de la exposición, manifestó que la idea original de crear las réplicas nació de Biallas Martin, dueño de la empresa que lleva el arte alrededor del mundo. Martin, anuente de que en la Capilla Sixtina se prohíbe a los visitantes tomar fotos o videos a los frescos, obtuvo la licencia del Vaticano para poder llevar a cada rincón del mundo las reproducciones fotográficas.

Por un año ensayó la combinación perfecta entre la impresión y el material de tela que pudiera dar la apariencia de un fresco original. Tomó tiempo, esfuerzo y dinero, pero logró su cometido: al observar las reproducciones da la sensación de estar en la misma Capilla Sixtina.

Para el momento en que el papa Julio II encomendó a Miguel Ángel la tarea, éste ya era un artista consolidado. Era un escultor de su tiempo, disputado por grandes clientes. Pero el papa estaba empecinado en que fuera él, sobre el resto de los artistas, quien decorara la Bóveda, que había sufrido ya dos restauraciones. El artista consiguió así, pintar lo que quisiera, y no solo en el techo, sino en las pechinas y las lunetas.

Uno de los mayores retos consistía en la técnica de pintura sobre yeso, que no permite errores y exige tiempos muy breves. El otro era la altura de la bóveda, que hacía vacilar a los más expertos.

Cuando Miguel Ángel culminó el trabajo, él mismo describió en qué condiciones había tenido que realizarla: ‘De afanarme en este trabajo me he ganado un bocio como las paperas que les produce el agua a los gatos de Lombardía... Los lomos se me han hundido en la panza, hago del culo, para contrapeso, grupa, y, perdidos los ojos, doy pasos en falso. Por delante se me alarga la pelleja, y, al inclinarme hacia atrás, se me rejunta de tal modo que quedo tenso como arco sirio', tal como reza el soneto que se conserva en la Casa Buonarroti.

El trabajo del renacentista rompió todos los moldes de la época, y el resultado fue una selección de obras del antiguo testamento, como se puede apreciar en Panamá: ‘La creación del mundo', ‘La creación de Adán', ‘La creación de Eva', ‘La creación del sol', ‘La luna y la tierra', ‘El sacrificio de Noé', ‘El diluvio' (uno de los frescos en que resalta con detalle el gesto en el rostro de las figuras) y ‘La ebriedad de Noé'. Ésta última representa la expresión más vil del ser humano contaminado por el pecado.

En otra sala, se presentan las representaciones de las Sibilas y los Profetas, que en la bóveda flanquean la llegada del Mesías.

Las Sibilas ocupan espacios triangulares y son las figuras más grandes del conjunto de la bóveda. Se enmarcan en la visión del anuncio del Mesías, encarnando las esperanzas de la humanidad.

Mientras que los profetas hebreos, representan la preparación de la nueva era espiritual, las sibilas entraron a formar parte de la iconografía cristiana en la Edad Media.

La estrechez de las salas de Casa Pérez Alemán dificultó la exhibición de las obras, por las dimensiones que alcanzan: de 4 a 6 metros de altura.

VISIONES DEL FIN

‘El Juicio Final', obra que pintó Miguel Ángel a los 25 años y que le tomó cinco años completarla, fue iniciada después de acabar la bóveda de la capilla.

Esta obra, un enorme conjunto de escenas religiosas extraídas del Apocalipsis, según San Juan, está representada en un mesh de 12.4 metros de altura y 12 metros de ancho en el exterior del improvisado museo. Esta impresión, hecha especialmente para exteriores y diseñada para la exposición en Panamá, se puede ver desde la calle, como una invitación a entrar a la exposición que dentro guarda una réplica de menor dimensión.

La obra es una composición de 390 figuras entre las que se aprecian con mayor protagonismo a Cristo, el centro de la obra, y a María, alrededor de varios santos.

Debajo se encuentra un grupo de ángeles con sus trompetas. Aparece también el purgatorio: del lado derecho los condenados que están siendo arrojados por algunos personajes de las tinieblas, mientras que otros ascienden al cielo ayudados por ángeles.

La exposición estará abierta todos los días, hasta el 28 de febrero, con un horario de 9 a.m. a 9 p.m.

El recorrido basta para recordar que Miguel Ángel descubrió su pasión cuando era un adolescente. Su primera escultura a gran escala fue El monumental ‘Baco. Su habilidad era tal que opacaba el trabajo del resto de los estudiantes, lo que le trajo envidias y enemigos.

Sin duda, uno de los trabajos icónicos del artista, el único firmado por él, es ‘La Piedad', tallada en mármol. La obra que lo catapultó como uno de los grandes del Renacimiento.