09 de Ago de 2022

Política

Política carcome la educación

PANAMÁ. Educar a una sociedad, sin lugar a dudas es uno de los retos más grandes para alcanzar el desarrollo, pero se vuelve más comple...

PANAMÁ. Educar a una sociedad, sin lugar a dudas es uno de los retos más grandes para alcanzar el desarrollo, pero se vuelve más complejo cuando los intereses políticos de un gobierno priman ante las verdaderas necesidades de la población.

Es este precisamente el talón de Aquiles que tienen los gobernantes a la hora de encontrar la forma o el camino hacia la excelencia académica del alumnado.

En Panamá cada vez parece más lejano lograr mejorar la calidad de la educación. Las gavetas en los escritorios de los últimos ministros de Educación se han llenado de estudios que dicen que se ha hecho mal y que se debe hacer para mejorar la educación, pero hasta ahí han llegado, de meras propuestas en papel no han pasado.

Esta situación demuestra que el problema educativo panameño va más allá de no saber qué hacer para lograr las mejoras, sino un problema de decisiones.

ERROR TRAS ERROR

Los últimos gobiernos han puesto el dedo en la llaga haciendo ver que las malas decisiones políticas al nombrar un titular de Educación influyeron negativamente, a tal punto que el sistema educativo panameño en vez de mejorar, va de mal en peor.

Para no ir muy lejos la administración de Martín Torrijos se llevó todos los premios en desaciertos educativos, esto de la mano de los constantes cambios de ministros, situación que hizo que la educación se la pasará de tumbo en tumbo.

“Se han realizado alrededor de nueve estudios sobre lo que es una reforma educativa, pero no han habido cambios profundos”, advierte Gustavo García de Paredes, rector de la Universidad de Panamá (UP).

Agrega que el primer intento de una reforma educativa seria y profunda fue en 1979, pero desde ese año hasta la fecha no ha habido ningún cambio importante, de manera que se tiene más de 50 años con una estructura que se ha emparchado y que no ha tenido cambios profundos”.

UN JUEGO DE INTERESES

“Aquí se piensa que cualquiera puede hacer un buen trabajo en Educación, porque todo el mundo cree que puede hablar de educación, porque tiene conocimientos amplios; sin embargo, la educación es una ciencia, una disciplina”, sostiene Noemí Castillo, rectora de la Universidad Interamericana de Panamá.

Asegura Castillo que la constante movilidad en la asignación de los ministros —hecho que se registró en el pasado gobierno— dificulta la continuidad en las políticas educativas. “Me parece que muchas políticas se han perdido, porque no hay una visión clara de hacia donde queremos orientar este país en materia educativa”, sostiene la docente.

Esta situación a juicio de Castillo “da a entender que lo que prima son los intereses políticos por encima de los intereses por mejorar la calidad de la educación”.

Asegura que “la política es buena cuando es utilizada para desarrollar políticas públicas encaminadas a desarrollar a la sociedad, pero cuando se utiliza como un fin o un beneficio individual, entonces estamos fallando seriamente y eso es mucho de lo que hemos tenido”.

“Realmente no hemos antepuesto el país o el desarrollo por encima de los intereses políticos”, agregó.

“CRIMEN DE LESA PATRIA”

Nivia Rossana Castrellón, del Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina (PREAL), comparte la opinión de Castillo y agrega que no hay duda que las decisiones políticas han afectado la calidad de la educación.

“A mi juicio tomar decisiones políticas en educación constituye un crimen de lesa patria, porque incide en el futuro del país”, indicó.

“No puede ser que se designen ministros que son en realidad políticos, porque utilizan al ministerio para lograr incrementar su base política, utilizando el ministerio como un activo político para nombramientos y designaciones”, sentenció Castrellón.

Asegura que un país donde un mandatario no tenga claro que el mejor regalo que puede dar a una población es una buena educación, no sabe lo que está haciendo.

Según Castrellón para que las cosas cambien debe haber voluntad política para que el tema educativo sea elevado a política de Estado y que estas políticas de educación trasciendan gobiernos.

Igualmente los cambios para mejorar la educación sostiene deben ir de la mano de grandes acuerdos nacionales, donde todos los sectores de la sociedad asuman su responsabilidad.

Esto incorporando a los educadores, porque sin ellos es imposible lograr el cambio que requiere el sistema educativo, puntualizó Castrellón.