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29 de Nov de 2020

Política

Del amor hacia la muerte

PANAMÁ. Durante gran parte de su historia, la violencia ha sido parte sustancial de la estructura de las sociedades centroamericanas. En...

PANAMÁ. Durante gran parte de su historia, la violencia ha sido parte sustancial de la estructura de las sociedades centroamericanas. En los últimos años, diversos procesos en Panamá y los países de la región profundizaron y agravaron la desigualdad social, la segregación espacial, la lucha por la supervivencia en condiciones de pobreza extrema, la corrupción y el autoritarismo de los poderes públicos, impidiendo de una u otra forma e intensidad, la vida cotidiana en ámbitos seguros y protegidos.

En tal contexto, la condición de las mujeres se expresa y suma a su vez con variadas formas de agresión y de violencia, realidad que se mantuvo por largo tiempo silenciada al considerarse parte de la intimidad hogareña.

En las últimas décadas del siglo veinte se comienza a nombrar esta violencia específica como violencia de género, manifestación de la asimétrica relación de poder entre hombres y mujeres y una de las violaciones más frecuentes de los derechos humanos que ocasiona daños irreparables a las mujeres y niñas que la padecen. De ahí que este tipo de violencia vaya más allá de las estadísticas de los hechos violentos por sexo.

Años más tarde, a partir del trabajo de las organizaciones de mujeres desde la sociedad civil, aparece el término femicidio como la expresión más extrema de la violencia de género, o contra las mujeres (VCM).

DEFINIENDO EL FEMICIDIO

El femicidio es el asesinato de mujeres por razones asociadas con su género, ejercido por un agresor en su deseo de obtener poder, dominación o control. Incluye los asesinatos producidos por la violencia intrafamiliar y la violencia sexual.

Hay varios tipos de femicidio: íntimo (el agresor tenía o tuvo una relación íntima, familiar, de convivencia con la víctima) y no íntimo.

El llamado femicidio por conexión es el caso de mujeres parientes, madres, niñas u otras que son asesinadas al tratar de intervenir o que simplemente fueron atrapadas en la acción del femicida.

Los femicidios tienen distintos móviles, contextos y circunstancias, todo ello agravado por la resistencia de las autoridades de investigación y de sanción a reconocer este tipo de asesinato como una específica forma de violencia extrema que amenaza la vida femenina. En Panamá, esta situación se profundiza cuando el hecho violento es (des)calificado como ‘crimen pasional’.

Así, pues, conceptualizar como femicidios los asesinatos de mujeres por el hecho de ser tales, constituye un avance en la comprensión política del fenómeno y contribuye a develar el conjunto de prácticas y representaciones simbólicas que sostienen la inferiorización femenina y el contexto sociocultural que lo permite.

LOS FEMICIDIOS EN PANAMÁ

En 2009 se registraron 80 muertes violentas de mujeres. De esa cifra, 54 fueron femicidios, lo que significa que 67,5% del total de mujeres fueron asesinadas por razones asociadas con su género.

Según el Observatorio Panameño contra la Violencia de Género (OPVG) de la Defensoría del Pueblo, hasta septiembre del presente año, ya se cuentan 52 muertes violentas de mujeres, y de ellos 34 son femicidios, esto es el 65,3%. Los datos evidencian un aumento de los femicidios no íntimos.

‘MÍA O DE NADIE’

En Panamá la inmensa mayoría de los femicidios son de naturaleza íntima. Los agresores son parejas, ex parejas y o familiares de la víctima. Sin embargo, un hilo común recorre los discursos de los femicidas: la negativa a aceptar la aut onomía femenina.

‘La maté porque me era infiel... Cuando la asesiné, tomé mi hija en brazos y sentí tristeza.... pero ya no podía hacer nada...’; ‘Arrodíllate y pídeme perdón...’ le exigió un policía de los ‘Linces’ —motorizados armados— a la mujer que asesinó, su ex compañera, quien hacía seis meses le había solicitado el divorcio, separación producida por una larga historia de violencia, prohibición a la mujer de comunicarse con sus familiares y total negativa a que ella trabajara. ‘Hasta hoy tú tienes vida’ fueron las palabras al asesinarla, por celos, a la salida de un baile popular, en el que el victimario aseguró ‘verla con otro’ y evitar su compañía.

En los femicidios, el victimario asume que tiene el derecho de segar la vida a la mujer que ‘se le niega’. Asume que puede prohibir el abandono, el trabajo y hasta la relación de la mujer con su familia de origen.

PAÍS GLOBALIZADO, NUEVOS RIESGOS Y ESCENARIOS DEL FEMICIDIO

En marzo de 2005, la sociedad panameña se estremeció con la noticia de la muerte de la joven Vanessa Márquez. Además de ser uno de los tantos delitos que puede considerarse impunes en el país, el femicidio es el único, hasta ahora, ligado al ‘comercio sexual’. El ulterior proceso de investigación dio lugar a que el país conociera de fiestas en lujosos hoteles en donde acaudalados empresarios, importantes profesionales y demás personas del mismo tipo departían con jóvenes mujeres de sectores populares en prostitución.

En esta primera década del siglo XXI aparecieron otros femicidios vinculados a nuevos escenarios de la violencia social en que los que la condición de género de las víctimas resultaba determinante no sólo de la forma de su muerte sino de la saña y la ‘espectacularidad’ de su defunción.

Un caso del año 2004 es al respecto iluminador. La joven mujer de 22 años había desaparecido, fue encontrada muerta con evidentes signos de tortura, al lado de un muro en que se escribió ‘Haz de tu boca la cárcel de tu lengua’. Las autoridades desestimaron la violación. Al parecer, nunca se pudo establecer un responsable.

La creciente violencia social, sumada a las visiones de agentes e instituciones que se niegan a asumir que los derechos humanos de las mujeres son parte consubstancial de la ciudadanía, así como la reproducción cotidiana de concepciones irreales y míticas sobre las mujeres y los hombres, constituyen un triángulo que fortalece las condiciones que amenazan la vida de mujeres de todas las edades.

Como es evidente el crecimiento de esta amenaza a la seguridad, la libertad y las vidas de mujeres y niñas hace necesario tanto formas de prevención como de efectiva investigación y sanción de estos delitos. Hasta el momento tales políticas, contenidas en diversas leyes y convenios internacionales, no se han aplicado haciendo que para muchas cuando el amor termine, pueda también terminar su vida.