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02 de Mar de 2021

Política

El endoso político visto tras una lupa

PANAMÁ. A través de los años de vida republicana, Panamá ha vivido con intensidad los procesos políticos y la lucha intestina por el con...

PANAMÁ. A través de los años de vida republicana, Panamá ha vivido con intensidad los procesos políticos y la lucha intestina por el control del país. A una calle de distancia, en la mayor parte de este periodo, miraba con atención y complicidad las fuerzas extranjeras que acantonaron en las riberas del Canal por casi 100 años. Sin embargo, la herencia política liberal prevaleció y se asentó hasta nuestros días, donde las alianzas políticas suelen presentarse en los escenarios electorales, hasta el punto de unir a adversarios acérrimos como en su momento lo fueron el Partido Panameñista y la corriente liberal, o el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y la Democracia Cristiana.

Se dice que una vez sentados en la mesa de negociación, las distancias ideológicas entre partidos políticos en Panamá se acortan, a tal punto que se desvanecen las diferencias que suelen separarlos. Otro de los elementos que aducen algunos politólogos es que las diferencias ideológicas entre las distintas agrupaciones políticas que se agitan en el país no muestran en la práctica diferencias consistentes. Tal vez fue la influencia liberal o la complacencia de Estados Unidos por el método durante los años donde tuvo control de territorios en el país, los que pudieron generar similitudes ideológicas hacia el centro, con leve inclinación al costado derecho.

Lo cierto es que la polarización que tradicionalmente se da en Panamá ha generado el debilitamiento del resto de las organizaciones políticas que gravitan en la escena, aunado a las dificultades que confiere el sistema electoral panameño para crear nuevos partidos políticos, lo que acerca a las esferas de poder a los colectivos ‘satélites’, los cuales tienen como principal tarea la supervivencia tras cada proceso electoral. La estrategia suele ser planificada en función a las posibilidades de contar con acceso a cuotas de poder, fijadas en función de la necesidad de complacer las expectativas de los miembros de la organización, que en algunos casos fueron seducidos por la idea de un puesto de trabajo u otra prebenda.

Desde el restablecimiento de la democracia en Panamá tras la caída del régimen militar en 1989, las alianzas políticas tomaron otro matiz de cara a los procesos electorales. El Partido Panameñista unió fuerzas con el entonces Partido Demócrata Cristiano (PDC) y el MOLIRENA, los cuales en el papel mantenían ideologías y pensamientos políticos diametralmente opuestos. Esta unión se dio en función de los intereses en común en contra del régimen de turno y no por alineamientos políticos, produciendo fisuras a lo interno, una vez en gobierno.

Con la salida de la Democracia Cristiana durante el periodo de Guillermo Endara y la posterior candidatura presidencial paralela del MOLIRENA en 1994, se produjeron las opciones que, posteriormente, aprovechara el PRD para volver al poder con Ernesto Pérez Balladares. En esta coyuntura se generó una nueva dinámica en la conformación de alianzas, las cuales plantearon uniones fijadas más allá de la conquista de un objetivo. Precisamente, fue en la elección de 1994 donde corrieron siete candidatos a la presidencia de la República y donde la clase política panameña asimiló el endoso político como una necesidad estratégica.

LA ARITMÉTICA DE MACO

A partir de la instauración del nuevo régimen democrático en la década del 90, comenzaron a surgir las teorías que proponían la suma de valores, caracterizados en cantidad de adherentes para configurar los escenarios electorales. Es así, como surge la teoría ‘Aritmética de Maco’, llamada así en honor a su creador, Jesús ‘Maco’ Rosas, ex presidente del MOLIRENA, la cual plantaba que la suma de todos los miembros de los colectivos políticos que conformaban una alianza, más la adición del porcentaje tradicional que estas fuerzas sumaban sobre las cifras de adherentes, producía los resultados de una elección presidencial. La caída estrepitosa de la alianza oficialista conformada por el Partido Panameñista, MOLIRENA y el Partido Liberal Nacional, encabezada por José Miguel Alemán en 2004, haría reflexionar a las fuerzas políticas acerca de la confiabilidad del voto de sus miembros a la hora del sufragio.

Luego se justificarían los resultados de la elección de 2004 con el ‘fenómeno’ de Guillermo Endara, aduciendo el argumento de que el ex presidente se llevó los votos panameñistas, que estaban desilusionados por la gestión de Mireya Moscoso.

La idea de que el segundo colectivo más grande del país no hubiera sacado ni siquiera los votos de su membresía, fue simplificada con el argumento de que Endara era panameñista. Sin embargo, de esa misma elección se desprendió otra variable, que más tarde sería objeto del análisis por parte de una sociedad que comenzaba a experimentar la vida en democracia.

Con el 47% de los votos, Martín Torrijos llega a la presidencia en 2004.

Nuevamente el PRD gana, pero esta vez lo hace con holgura. Es precisamente esa enorme ventaja, la que genera un síntoma de confianza que estimula la idea de agrandar el colectivo y bordear los 700 mil adherentes, con miras a extender su mandato. Se llegó incluso a plantear por parte de su dirigencia que se estaba en presencia de un proceso de 20 años continuos en el poder.

Nunca divisaron que por su costado ciego saldría una figura, que cargaba a un partido minúsculo y que pondría en jaque a toda la oposición política, incluyendo al mismo PRD, quien ni siquiera pudo contar con el voto duro del colectivo en esos comicios.

UN ELECTORADO ATORMENTADO

El 2009 daría una lección más a la clase política panameña, acostumbrada a pronosticar los resultados en función de la aritmética básica, sin tomar en cuenta los aspectos emocionales y coyunturas sociales de un electorado atormentado por un desproporcionado crecimiento económico que llena de oportunidades a un sector minoritario y presiona a la mayoría. La poca medición de este comportamiento psicosocial hace que la idea del endoso entre estructuras políticas en Panamá sea percibido como un factor favorable, pero en la práctica se demuestra su vulnerabilidad a la hora de contar los votos en una elección general. Los constantes cambios de formas, modos de ver y análisis de los procesos políticos, recuerdan lo joven y frágil que es la democracia panameña.