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02 de Feb de 2023

Política

Seguridad alimentaria en Panamá: la bolsa o la vida

Cuando venimos al mundo, lo primero que aprendemos es a llorar para pedir alimento a nuestra madre. Es muy conocido y popular el dicho o...

Cuando venimos al mundo, lo primero que aprendemos es a llorar para pedir alimento a nuestra madre. Es muy conocido y popular el dicho o proverbio ‘el que no llora no mama.’ Mahatma Gandhi instauró como método de lucha y de resistencia no violenta, la huelga de hambre. Decía pertinentemente el poeta español Miguel Hernández que ‘el hambre es el primero de los conocimientos’. Bien se señala también que uno es lo que come; una persona mal alimentada y malnutrida tiene en promedio 5 centímetros menos de estatura, un año menos de escolaridad y demora 7 meses más que los demás en iniciar su educación.

La constancia del hambre significa que casi un tercio de la población se está quedando fuera de las posibilidades de una reproducción normal de la vida al sufrir alguna forma de subnutrición. El hambre no es un problema económico —de simple propensión al consumo— como creen algunos economistas, sino un problema vital: no hay posibilidad de reproducir la vida. Tener hambre para hombres, mujeres y niños significa que muy difícilmente podrán desarrollar su potencial físico e intelectual; por el contrario, muchos de ellos pueden perecer por falta de acceso a alimentos.

LA DEPENDENCIA

En la actual coyuntura mundial, en que el costo de los alimentos está poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de millones de personas, sin duda un alza generalizada en los precios mundiales de los alimentos nos afectará directamente. Dado que Panamá es deficitaria en la producción de maíz, asociado a los problemas de sequía en las áreas de producción de este rubro en la región de Azuero, tenemos que estar preparados para una posible alza de precio en las carnes de aves y cerdos, de nuestras populares tortillas y el chicheme. Se ha venido perdiendo nuestra habilidad de alimentarnos, cada día somos más dependientes de las importaciones para cubrir nuestra dieta alimentaria, debido a que muchos productores nacionales han reducido su actividad, a causa de los problemas financieros y la falta de apoyo gubernamental. Hoy es muy común encontrar en los supermercados, ante la escasez de productos nacionales, muchos productos importados.

Panamá se presenta como una nación próspera y con indicadores macroeconómicos pujantes, esto se contradice con la existencia de más de un millón de panameños en inseguridad alimentaria. Podemos observar que el costo de 50 productos de la canasta básica en enero pasado era de B/.301.95; hoy cuesta B/. 310.86; es decir, el incremento real fue de B/8.91 en seis meses. Cuando los precios se disparan, lo que nos está diciendo los mercados es que la población tiene hambre… Es una utopía pensar que es posible paliar el hambre y que pueda darse a la par el desarrollo sostenible sin seguridad alimentaria; y esto va más allá incluso que exista seguridad pública y paz social.

LAS CAUSAS

Las causas del hambre son políticas: ¿Quiénes controlan los recursos naturales (tierra, agua, semillas) que permiten la producción de alimentos? ¿A quiénes benefician las políticas agrícolas y alimentarias? Hoy, los alimentos se han convertido en una mercancía y su función principal, alimentarnos ha quedado en un segundo plano. Vale la pena preguntar también ¿qué factores están provocando esta crisis alimentaria?

Identificamos seis como los más importantes. Todos están relacionados: la crisis energética, la liberalización comercial, el aumento en la demanda de alimentos, los fenómenos naturales, el abandono y la atención marginal que ha tenido la agricultura en las últimas décadas, sumados a los programas de ajuste estructural y, por último, el incremento de la especulación con los alimentos en los mercados de ‘futuros’, un fenómeno que se origina precisamente en esta continua alza de precios.

EL VOTO DEL HAMBRE

Porque la caridad es vertical, humillante. Dice un proverbio africano: ‘la mano que da está siempre arriba de la que recibe’. De ahí que es lamentable que esta crisis alimentaria se haya convertido en un botín de gobiernos-políticos y candidatos a puestos de elección popular, quienes aprovechando la ola reparten bolsas de comida, realizan ferias para paliar el hambre del pueblo panameño creyendo que con eso se hace frente a la crisis alimentaria que tenemos en puertas. Bolsas de comida contra el hambre estructural y el hambre coyuntural. Tenemos la caridad del Padre-Estado hacia sus ciudadanos para saciar el hambre del estómago a cambio de unos votos para la contienda electoral. Da la impresión que para nuestra clase política su interés no es el de revertir la gran tribulación por la que pasa el pueblo panameño, sino la de agua a su molino político, cuyo colmo es el oportunismo electoral, sacando de la manga medidas emergentes que en un par de semanas, otra vez que concluya la exposición mediática, se dejará de entregar la ‘obsequiosa bolsa’, pues lo que importa es captar el voto del hambre.

SOBERANÍA ALIMENTARIA

Este tema es un asunto de Estado y no debe ser analizado bajo el prisma politiquero, y que conste que digo Estado y no solo gobierno, que la responsabilidad la llevan también los diputados, los jueces, las universidades, las iglesias, la cooperación y las ONG, entre otros. Unos por acción y otros por omisión. Culpables somos todos, y en todos nosotros está la solución. Si se quiere garantizar seguridad alimentaria a la población panameña, es urgente apostar por otras políticas agrícolas y alimentarias que coloquen en su centro a las personas, a sus necesidades, aquellos que trabajan la tierra y al ecosistema. Apostar por lo que el movimiento internacional de La Vía Campesina llama la ‘soberanía alimentaria’, y recuperar la capacidad de decidir sobre aquello que comemos, es necesario ya una democracia real y efectiva en la agricultura y la alimentación. Es una crisis que se requiere enfrentar en conjunto como Estado-nación, y el gobierno debe ejecutar acciones muy pronto… aunque tal vez ya es un poco tarde.

ING. AGRÓNOMA