14 de Ago de 2022

Política

Democracia de partidos: ¿representación o sueños?

Se ha dicho que la democracia es un sistema político cuya existencia descansa en la representación política, que es la base de sustentac...

Se ha dicho que la democracia es un sistema político cuya existencia descansa en la representación política, que es la base de sustentación del régimen político que enmarca el poder en una determinada sociedad. En este caso, nos interesa analizar la forma de representación y la sostenibilidad de ésta. La democracia moderna se construye en torno a la existencia de los partidos políticos. Estos entes hay que entenderlos como una correa de transmisión entre el Estado y la sociedad civil.

En las denominadas sociedades democráticas se han transformado en el vehículo natural de participación o de influencia sobre decisiones relativas al poder. Una parte de los miembros de la sociedad se aglutinan en los partidos en calidad de adherentes, militantes o simpatizantes y se activan en los procesos de renovación de las autoridades nacionales o locales en un Estado determinado. Desde el punto de vista histórico, el partido surge como un producto del fenómeno de la representación política –en la denominada democracia representativa–, ‘pero no se puede ignorar, como lo indican con certeza Verdugo Marinkovic y García Barzellatto, que en un comienzo tanto la doctrina como los textos constitucionales demostraron una notoria reticencia por la emergencia de estas fuerzas políticas. En efecto, tanto los revolucionarios americanos como los franceses condenaron los partidos políticos considerándolos facciones, cuerpos extraños en el curso de la sociedad política y falsificadores de la voluntad general (Rousseau, Madison, Tocqueville)’.

CRISIS DE REPRESENTACIÓN

En el tercer mundo, los partidos, por sus prácticas clientelistas y su poco desarrollo ideológico, producen cierta desconfianza no sólo en los teóricos de la política, sino también en amplios sectores de la población. Los vicios, deformaciones, corruptelas y otras prácticas perniciosas los han degradado ante la opinión pública. Están sumidos en una crisis sin fin. Representan cada vez menos los intereses del pueblo en general. Tal es así, que su articulación con la sociedad está desdibujándose y se ha transformado en una caricatura o en un sueño con cara de pesadilla. Las demandas que los partidos canalizaban en el Parlamento comienzan a ser mejor interpretadas por otros actores políticos, otras fuerzas sociales y nuevos agentes aparecen en escena. Entre otros hay que considerar organizaciones ecologistas, ligas de marginados sociales (desempleados, indígenas, etc.), asociaciones de vecinos, grupos feministas y fuerzas sindicales.

LA SITUACIÓN EN PANAMÁ

En el Panamá actual hay ejemplos recientes que todavía reposan en los vericuetos de la memoria social colectiva y que tienen que ver con luchas o reivindicaciones populares en el Panamá profundo y en Colón; sucesos harto conocidos donde los partidos iban muy detrás de la espontaneidad de las masas. La dirección de estos movimientos descansaba en las bases y la lideraban dirigentes populares o indígenas. Los enfrentamientos y represiones dejaron huellas –no solo físicas, sino políticas–, aunque a veces los pueblos tienen memoria corta. O los medios de cooptación son más eficaces que la memoria colectiva.

Lo cierto es que los partidos han dejado de velar de manera eficaz por las reivindicaciones populares y por los intereses de sus representados. Se han olvidado de sus compromisos programáticos, transformándo los en palabras huecas.

Los valores crematísticos de los grupos dominantes tienen mejor expresión en los partidos y las demandas de la colectividad y de los sectores marginados se le dejan por exclusión a los sindicatos, grupos de vecinos o desempleados u otras fuerzas vivas de la sociedad civil. Si los partidos no enrumban su norte y se transforman en defensores de los intereses de la colectividad y de los más necesitados, estarán perdiendo una batalla decisiva. Ello puede dar al traste no sólo con los partidos como representantes del pueblo y de la colectividad, sino que el propio sistema político en que vivimos estará en inminente peligro. De producirse este quiebre o colapso, se afectará la super vivencia del actual modelo de democracia.

DESCONFIANZA Y PENURIAS

La desconfianza es tal que el sistema político –entre otras cosas– se ha visto forzado en las próximas elecciones de mayo de 2013 a incluir las candidaturas independientes que abren un nuevo abanico electoral en la política panameña.

Por otro lado, la aparición de un partido nuevo con fuertes raíces sindicales y populares debe dar un aire renovado al panorama. Ya hay partidos, otrora novedosos, que por su accionar y sus compromisos, pueden ser calificados de tradicionales. Las prácticas corruptas de la clase política panameña y su insensibilidad ante los graves problemas nacionales tienen que cam biar. Debe construirse un nuevo pacto político para darle oxígeno al sistema. Si los partidos no interpretan o no saben decodificar los intereses más apremiantes de los amplios sectores de capas medias, populares y de los grupos marginales, se reforzará la impresión y el convencimiento de que aquellos no representan a la colectividad.

Cada vez más los partidos y las alianzas que se ven en escenario de mayo de 2013 se acercan a las viejas tradiciones de la oligarquía que trajo el colapso del sistema político en 1968. Hay tiempo de enrumbar, de apuntalar y de renovar compromisos. No vaya a ser que los sueños se transformen en pesadillas y las pesadillas en realidades que ya no tienen remedio sino espantos y penurias.

DOCENTE UNIVERSITARIO