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17 de Jan de 2021

Política

La despolitización de la sociedad y sus peligros

En Latinoamérica, y en nuestro país en particular, el Estado se ha administrado como instrumento para garantizar intereses particulares.

La despolitización de la sociedad y sus peligros
La Política debe recuperar su sentido primigenio en el que se busca asegurar el bien común.

Un análisis de la crisis de valores en nuestro medio exige abordar la misma como la expresión de una crisis global de carácter esencialmente político; que se genera producto de la incapacidad de las estructuras políticas para satisfacer las demandas sociales.

Tal crisis se expresa tanto en problemas de ausencia de legitimidad, como en una falta total de credibilidad en los procesos democráticos, y en una creciente desconfianza en los partidos políticos toda vez que estos, lejos de representar los intereses ciudadanos, se constituyen, y así se perciben, en salvaguarda de interés privados.

MODELO AGOTADO

Lo anterior explica, por una parte, el agotamiento de aquel modelo de administración política que hacía girar en torno al Estado, la totalidad del sistema político, o como lo expresa N. Luhmann un modelo en el cual ‘el Estado fue el punto de referencia capaz de dotar de sentido a todos los conceptos políticos y a la política misma’ y por otra, la emergencia de lo que algunos han dado en llamar la centralidad de la sociedad civil o, en palabras de M. Cavarozzi, ‘el reemplazo de la matriz estado céntrica por la matriz socio céntrica’.

Este fenómeno, aunado al protagonismo que gana la sociedad civil, es percibido como un hecho positivo que sienta las bases para un avance democrático. Esta tesis pretende justificarse en función de las recientes experiencias latinoamericanas enmarcadas en las últimas décadas del siglo pasado, y que ubica como factor esencial y explicativo de la misma el paradigma de la centralidad del Estado, es decir un modelo de administración política en el cual el Estado asumió una función intervencionista en la economía regulando los mercados y dictando pautas en materia de producción, de políticas arancelarias y fiscales de tipo proteccionista.

Las profundas y determinantes transformaciones acaecida tanto a nivel global como regional, la exorbitante deuda externa, los altos índices de pobreza, la violación sistemática de los derechos humanos, el bajo rendimiento del sistema educativo, la dependencia en materia de tecnología productiva, por citar sólo algunos aspectos decretaron la muerte del modelo estadocéntrico y su necesaria sustitución por el modelo sociocéntrico.

Si bien es cierto, las realidades históricas, políticas, y sociales permiten, no sólo, comprender la transición de un modelo a otro, sino compartir la tesis de la necesidad de la extensión de los ámbitos de la política a la sociedad civil, no menos cierto es que tal situación encubre un nuevo y grave peligro, el cual muy bien podríamos caracterizar como la ideología de la centralidad de la sociedad civil.

DESPOLITIZACIÓN DE LA SOCIEDAD O SOCIALIZACIÓN DE LA POLÍTICA

La tesis de la necesidad de la sustitución del modelo estadocéntrico por el modelo sociocéntrico pretende sustentarse, en argumentos falaces, examinemos algunos de ellos: el Estado ha agotado sus posibilidades y capacidad de respuesta.

El fenómeno del agotamiento del Estado en su capacidad de responder a las demandas sociales generándose crisis de legitimidad se refiere al llamado Estado de bienestar, fenómeno propio de las sociedades capitalistas avanzadas.

En Latinoamérica, y en nuestro país en particular, el Estado se ha administrado como instrumento para garantizar intereses particulares, siempre de espaldas a los intereses de la colectividad, y en el peor de los casos, en contra de tales intereses; de manera tal que el Estado que entra en crisis no es el Estado de bienestar sino el Estado oligárquico.

MODELO SOCIOCÉNTRICO

La exigencia de la centralidad de la sociedad civil, lleva oculta una intención velada por salvaguardar interés de particulares.

El concepto ‘sociedad civil’ resulta oscuro, ambiguo, poco claro en cuanto a sus referentes; su lugar y función ha sido escamoteado por el ‘mercado’, por los grandes consorcios, financieros y comerciales. Así, estos nuevos actores políticos irrumpen en el escenario de la política investidos del poder para incidir en la toma de decisiones políticas; financian, compran, fundan partidos políticos, convirtiéndose éstos, en empresas comerciales altamente rentables, controlan y/o compran medios masivos de comunicación, deciden sobre políticas educativas, etc., todo esto en nombre de la sociedad civil.

En el fondo de toda esta trama encontramos, por supuesto, la mano invisible del mercado lo cual queda claramente expresado en el grito de guerra del neoliberalismo más Mercado menos Estado.

La sustitución del modelo estadocéntrico por el modelo sociocéntrico es consecuencia directa de la globalización

El fenómeno de la globalización encuentra en la revolución científico/tecnológica que inicia en siglo 17 sus condiciones de posibilidad, poco o nada tiene que ver con el problema de la relación Estado/sociedad civil. No es la globalización ‘per se’, sino, el Neoliberalismo, quien ha decretado la muerte del modelo estadocéntrico.

Finalmente, esta tesis lleva aparejada la dispersión de la línea demarcatoria entre lo público y lo privado con el consiguiente peligro de dejar en manos del gran capital la administración del poder público, la manipulación de las conciencias, y hasta la capacidad de incidir en legislaciones en torno al ámbito familiar.

CRISIS POLÍTICO/AXIOLÓGICA

La crisis de valores, convertida en un elemento consustancial del vivir cotidiano del panameño, y que se expresa como crisis de legitimidad del Estado, se manifiesta a nivel de la conducta individual como una absoluta falta de confianza en las estructuras e instituciones políticas tradicionales; en una carencia total del sentido de responsabilidad política; todo esto producto del desencanto de la política lo cual se traduce en frustración, apatía, desesperanza, impotencia, baja autoestima, etc., todo lo cual conlleva la necesidad de buscar vías de escape generándose así los graves conflictos sociales dentro de los cuales se debate la sociedad panameña.

CONCLUSIÓN

Lo que hasta ahora se ha presentado, en nuestro medio, como ejercicio de la democracia, no ha sido otra cosa más que práctica pseudo-democrática aupada por el Estado oligárquico el cual ha institucionalizado la corrupción.

Las dimensiones éticas de la administración del Estado han sido soslayada en provecho de intereses particulares, mediatizada por la emergencia de una desnaturalizada, oscura y ambigua entidad llamada sociedad civil en función de la cual se ha usurpado la función sustancial del Estado: promoción del bien común.

Se impone recuperar el modelo estadocéntrico como única forma de enfrentar los potenciales peligros implícitos en el modelo sociocéntrico pero, procurando las transformaciones necesarias; no se trata ya ni del agotado estado oligárquico, ni mucho menos del Estado paternalista sino, del auténtico Estado de derecho.

La Política debe recuperar su sentido primigenio, aquel sentido en función del cual ética y política confluyen en el objetivo fundamental de asegurar el bien común. Este imperativo nos coloca frente a dos desafíos: socialización de la política y politización de la sociedad como condiciones de posibilidad de una auténtica democracia.

La urgente e inmediata tarea de la sociedad panameña, consiste en perfeccionar la institución de la democracia esto es, de asumir la democracia como una forma de vida, como cultura y cosmovisión; única forma de hacerle frente a los eternos y tradicionales enemigos de la nación panameña que hoy, como ayer ,y desde todos los frentes intentan institucionalizar, algunos desde el poder, otros en oposición formal al él, la corrupción; y atentar sistemáticamente contra los principios y espíritu de la democracia eternizando así la concepción del Estado como instrumento de intereses particulares.