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22 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

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Una justa demanda

Ante un grupo de dirigentes que conforman la Unidad de Lucha Integral del Pueblo (ULIP), el profesor Juan Jované realizó un exhaustivo a...

Ante un grupo de dirigentes que conforman la Unidad de Lucha Integral del Pueblo (ULIP), el profesor Juan Jované realizó un exhaustivo análisis de la situación social y económica del que se desprende la justeza del reclamo por un aumento general de salarios y una congelación de la canasta básica. Análisis que es reproducido en el boletín “Seguridad y Soberanía Alimentaria”, No. 5 de septiembre de 2008 publicado en la Universidad de Panamá.

Jované señala que el aumento de precios al consumidor, entre julio de 2007 y el mismo mes de 2008, alcanzó el 9.6% y superará el 11.1% al final de este año. Este dato muestra un deterioro del poder adquisitivo de nuestros salarios en 10% este año, a lo cual hay que sumar promedios del 6% en los últimos 3 años. Lo que lleva al profesor Jované a la conclusión de que la única manera en que los trabajadores panameños recuperen su capacidad adquisitiva será con un aumento general de salarios de, al menos, el 25% y que se congelen los precios simultáneamente.

Pero la situación es mucho peor, ya que debe tomarse en cuenta que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) es un promedio entre varios rubros. De manera que, si el análisis se enfoca exclusivamente en el aumento de los precios de la canasta alimenticia, tenemos que las alzas alcanzan un promedio de 16.6%.

Entre los alimentos más importantes es todavía mayor el aumento de los precios: arroz 19.1%, pan 39.8%, cremas 32.6%, leche 25.2%, quesos 52.2%, huevos 23.4%, aceites 64.3%. Este impacto negativo es todavía mayor entre los más pobres y con menores ingresos, porque los pobres destinan al menos el 60% de sus ingresos al gasto en comida.

El análisis desmiente las tesis del gobierno de que los precios suben por factores internacionales. Compara el Índice de Precios al por Mayor (IPM), es decir, el precio que pagan los comerciantes importadores, con el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Mientras los importadores pagaron 3% de aumentos en el IPM, nos vendieron subiendo el IPC en 15.1%. Con lo cual se han embolsado a su favor una diferencia de 12%.

El IPM de productos nacionales pecuarios se elevó tan sólo 1.5% y el de los productos agrícolas disminuyó 0.1%, o sea, los productores agropecuarios no subieron sus precios, así que los aumentos que pagamos los consumidores se lo quedan los supermercados. Con esa plata se puede pagar una campaña presidencial.

Con los combustibles los especuladores pagaron este año incrementos del 15%, pero el precio de la gasolina al consumidor subió el doble: 31.5%.

Esto lleva al profesor Jované a concluir que “... estamos frente a una inflación de costos generada por el incremento de los precios internacionales de los alimentos y el petróleo, la cual se ve ampliada por el accionar de los oligopolios internos en términos de la defensa de sus márgenes de beneficio... ”.

No sólo es justa la demanda de un aumento general de salarios del 25% y una congelación de la canasta básica, sino que es posible bajar los precios de algunos productos claves si tuviéramos un gobierno dispuesto a limitar las súper ganancias que se están embolsando los monopolios y especuladores nacionales.