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26 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

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Felicidades a Margarita Henríquez por su triunfo en el certamen de Latin American Idol (LAI). Dejé muy claro en mi columna de la semana ...

Felicidades a Margarita Henríquez por su triunfo en el certamen de Latin American Idol (LAI). Dejé muy claro en mi columna de la semana pasada mi opinión sobre estos concursos y sobre las enormes ganancias económicas que reciben sus organizadores y patrocinadores a costa del talento de estos jóvenes latinoamericanos.

No sabemos a ciencia cierta cuántos mensajes de texto se emitieron a lo largo del continente y mucho menos cuántos de estos fueron desde Panamá. A la hora del cierre de este artículo, los organizadores y las telefónicas sólo nos querrían compartir que se habían roto todos los “records” establecidos hasta el momento para un certamen de esta naturaleza en la región.

Algunos comentaristas estiman que el número de mensajes que salieron de Panamá entre las 9 de la noche del miércoles hasta aproximadamente las seis de la tarde del jueves pasado está por arriba de los cuatro millones. Estamos hablando de unos tres millones de balboas en poco menos de veinticuatro horas.

Es por eso que también debemos felicitar a Margarita, por haber logrado que el pueblo panameño mostrara la verdadera extensión de su solidaridad por una causa común.

Mientras el país, los medios y la mayoría se contagiaron de la fiebre del Idol, muchos panameños se tropezaban con las dificultades que la vida les servía y necesitados de un poco de solidaridad humana que pudiera marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

El cinco de septiembre recibí un correo de una apreciada poetisa nacional en donde solicitaba, con carácter de urgencia, ayuda solidaria para el corregimiento de Soloy en donde hubo damnificados como consecuencia de intensas lluvias que causaron el desborde de tres ríos — Jusso, Balsa y Fonseca —, llevándose más de 60 viviendas. La poetisa pide con desespero que colaboremos con: comida, agua, leche para niños, ropa, sábanas, medicinas, etc.

Más doloroso aún, el martes de la semana pasada (en medio de la fiebre del Idol), el diario El Siglo, en una nota del colega Elmer Enrique Quintero, titulada “Indígena no tenía dinero para alimentar a su hijo”.

La nota de Quintero comienza así: “El padre de un menor indígena que falleció por desnutrición, dijo con lágrimas en los ojos que no tenía dinero para darle una buena alimentación a su hijo, por lo que se le agravó una enfermedad que le causó la muerte”.

“La desgarradora versión fue de Florencio Jiménez, quien perdió a su hijo el pasado martes en la comunidad de Volcancito, en un campamento indígena ubicado en el distrito de Boquete”. Estos son los “retos de desarrollo” a los cuales me refiero siempre.

Somos un país en vías de desarrollo con enorme potencial y riquezas disponibles y por explotar. Pero hay algo fundamentalmente mal en un país en donde hechos como los del corregimiento de Soloy y el caso de Florencio Jiménez son ignorados por la mayoría, por las estructuras económicas de poder y por los conglomerados mediáticos.

Debe haber conciencia para que todo el entusiasmo, todo el esfuerzo, todos los mensajes de texto y todo el dinero que generó el fenómeno Idol en apoyo solidario a una panameña en esas veinticuatro horas, sea igual para aminorar las penurias de muchos de nuestros sufridos hermanos panameños que luchan a diario por preservar la vida.