06 de Dic de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Educación y mercado

¿Qué sentido tiene pagar de manera obligada por un producto deficiente o, inclusive, peligroso? Ninguno, ¿cierto? Curioso.. pues esto es...

¿Qué sentido tiene pagar de manera obligada por un producto deficiente o, inclusive, peligroso? Ninguno, ¿cierto? Curioso.. pues esto es exactamente lo que hacemos al pagar impuestos para la educación pública. Deficiente, sabemos que lo es; ¿peligrosa?, debería ser obvio que llenar el país con analfabetas es muy peligroso. ¿A dónde va usted cuando quiere algún producto o servicio de calidad? Supongo que pensaría ir a cualquier establecimiento privado, en donde usted sabe que venden productos o servicios de calidad. Esto plantea la siguiente pregunta: Entonces, ¿por qué vamos a las escuelas públicas a buscar una educación de calidad para nuestros hijos? Déjenme, que yo se la respondo: porque el gobierno nos obliga, bajo amenaza de coerción.

¿Cree usted en la libertad ciudadana? Si su respuesta es “sí”, entonces ¿por qué no tenemos libertad para escoger la escuela de lo más preciado que tenemos en esta vida?; nuestros hijos. Más curioso aun es que la Constitución de Panamá en su Artículo 49 establece que: “El Estado reconoce y garantiza el derecho de toda persona a obtener bienes y servicios de calidad, información veraz, clara y suficiente sobre las características y el contenido de los bienes y servicios que adquiere; así como la libertad de elección y a condiciones de trato equitativo y digno. La Ley establecerá los mecanismos necesarios para garantizar esos derechos, su educación y los procedimientos de defensa del consumidor y usuario, el resarcimiento de los daños ocasionados y las sanciones correspondientes por la transgresión de estos derechos”. ¿Entonces por qué no exigimos esto y por qué nuestras autoridades, que hemos elegido para hacer cumplir la Constitución y sus leyes, no cumplen con ello? No lo exigimos porque nos han lavado el cerebro; y no cumplen porque pierden el control de su rebaño.

¿Pero cómo pagaríamos la educación en una escuela privada? Igual que la paga la gente más pobre en los países más pobres del mundo, en dónde el gobierno no alcanza para educar ni a la mitad de los niños y jóvenes; tales como Kenia, y otros sitios en donde escuelas privadas con fines de lucro, cuya matrícula mensual anda por dos o cinco dólares al mes, logran mejores resultados que las públicas con sus presupuestos millonarios.

Pero si esto no fuese suficiente, también existe la posibilidad de que el gobierno en vez de entregarle presupuestos a las escuelas públicas, le entrega el dinero, en forma de vales académicos, a las familias, para que lleven a sus hijos a la escuela de su escogencia, oficial o privada. Este es un derecho que ya tienen y ejercen los ricos, en virtud de su capacidad económica. Lo curioso es que estamos tan embobados por el cuento de la “privatización” que preferimos seguir dañando a nuestros hijos, en vez de ejercer la opción de educarlos con la mejor calidad posible. Con un sistema como el señalado, se acaban los padrinazgos, los tranques de calles, y el despilfarro de los caros recursos de todos. Pidámosle esto al nuevo gobierno.

-El autor es empresario.jbennett@cwpanama.net