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28 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Nuestra ‘fiesta’ electoral

El día tan esperado llegó y miles de panameños acudirán a su mesa de votación para elegir a su candidato o candidata de preferencia y, p...

El día tan esperado llegó y miles de panameños acudirán a su mesa de votación para elegir a su candidato o candidata de preferencia y, para ello, me voy a referir al perfil del votante panameño: los que apuestan a ganador; los que votan con el sello de la lealtad indestructible y el afecto tenaz por su partido predilecto; los que votan a conciencia; los que por intereses personales los motivan a acercarse a la urna; los que dicen no dejarse engañar; y los que ni siquiera acudirán a votar; también, los que depositan su voto de esperanza por una nueva nación.

Sea cual fuere el perfil del votante, hoy nos vestiremos de patriotismo y de solidaridad por el país que nos vio nacer. La labor no termina hoy, el bien común va planteando nuevas necesidades, hoy empieza un ciclo en el cual se va haciendo cada vez más efectiva la ayuda y la participación de todos.

En resumidas cuentas, para vivir esta fiesta electoral se requiere pensar en los demás como si fuera otro yo.

Pues, no vivimos aislados y nuestros conciudadanos esperan que alguien se preocupe por el bienestar y seguridad de todos, y fomentar el respeto que debemos a nuestra nación.

¿Pero cómo lograr ser un patriota en un país que tiene problemas? Son muchos los argumentos que podemos enunciar para absolvernos de esta responsabilidad: economía, educación, seguridad, desarrollo, conflictos internos, decadencia cultural, falta de valores.. no obstante, debemos asumir que el desarrollo y construcción de un país se logra con el esfuerzo y trabajo personal. Yo haría un diagnóstico de los problemas que me preocupan.

En primer lugar, lo erótico del poder (cuando alguien llega al poder se deja seducir, porque manda); en segundo lugar, la soberbia (los políticos necesitan una dosis de humildad para restaurar la idea clásica de servicio público); y, por último, los cambios generacionales (estamos instalados en la cultura de la transición).

Tal vez para muchos, el ser panameño consiste en el orgullo de haber nacido en un país rico en recursos o de gran tradición cultural; para otros significa portar los colores nacionales en un evento deportivo o en el viaje al extranjero; algunos tan sólo sienten pertenecer a su país en la fecha de una celebración nacional y como pretexto para organizar una fiesta con sus amigos.

Cabe cuestionarnos si el verdadero ser panameño se vive o es un sentimiento ocasional y por tanto pasajero.

En lo cotidiano tendemos a compararnos con otras naciones “en las que se vive mejor”, y tal vez deberíamos comenzar por adquirir las cualidades que admiramos y elogiamos en los habitantes de otras latitudes y colaborar positivamente al enriquecimiento de nuestra cultura, reconociendo que la patria nos ha proporcionado las condiciones indispensables para lograr nuestro desarrollo intelectual, social, moral y económico.

Es por ello, que la persona que salga electa en estos comicios, debe procurar cristalizar las promesas señaladas durante la campaña, porque el no cumplir la palabra empeñada puede llevarnos a una gran desilusión sin vuelta atrás.

Este 3 de mayo debemos mostrar y enseñarle al mundo entero que somos capaces de vivir en paz y de ser felices construyendo el país que nos pertenece.

-La autora es especialista de la conducta humana.gemiliani@cableonda.net