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01 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La crisis de Honduras

Hace algunos días se desató una crisis política en Honduras, que muchos creían como cosas del pasado. Los militares irrumpieron en la vi...

Hace algunos días se desató una crisis política en Honduras, que muchos creían como cosas del pasado. Los militares irrumpieron en la vida civil del país y depusieron a su presidente, Manuel Zelaya. Como lo diría él mismo en conferencia de prensa en Costa Rica, “fui sacado de mi casa a balazos en horas de la madrugada y llevado en un avión militar a Costa Rica”.

El centro de discusión de lo ocurrido gira en torno al hecho de si el presidente Zelaya violentó la Constitución, llamando a un Referéndum, que tenía que verificarse el pasado 28 de junio para consultar al pueblo hondureño si aceptaba la inclusión de una papeleta adicional en las elecciones nacionales del próximo mes de noviembre, acerca de la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente, contraviniendo de esa manera el fallo de la Corte Suprema de Justicia de Honduras y a un sector del Congreso, que impedía dicha acción.

El presidente ordenó al comandante del Ejército para que distribuyera las urnas en los centros de votación para que se verificara la consulta, el comandante no acató la orden presidencial, el presidente lo destituye y el resultado fue que entonces el presidente fue quien terminó destituido por lo militares golpistas.

Habría que preguntarse si en un país como Honduras, en donde la vida social gira en torno a instituciones que, como la Corte Suprema de Justicia, el Congreso y peor aún el Ejército, responden a las necesidades de oligarquías agroindustriales que se quedaron ancladas en la mitad del siglo pasado.

La historia está llena de esta clase de ejemplos, si la Constitución que rige en Honduras le impedía al presidente Zelaya realizar los cambios que necesitaba para promover una agenda social en beneficio del pueblo, ¿qué otra manera existía, sino era mediante una consulta directa?

En ese sentido el ejercicio de la democracia no debe entenderse como un mero acto electoral, sino en la medida que las autoridades elegidas están dispuestas y tienen el interés de cumplir con las expectativas por las cuales fueron elegidas. Ese era el reto que se estaba jugando el presidente Zelaya.

Desafortunadamente quienes se oponen o se resisten a entender lo ocurrido en Honduras, no comprenden que a veces la evolución de las instituciones del Estado se hace mediante esta clase de golpes de timón. El punto central de discusión radica, entonces, en que si la consulta popular que pretendía hacer el presidente Zelaya era para promover la convocatoria de una Asamblea Constituyente, que dotara a la nación de mejores instrumentos para promover una agenda social o dejar postrada a Honduras en medio de instituciones fallidas y fracasadas, en donde los jueces y magistrados, los diputados del Congreso y militares corruptos sigan al servicio de los intereses de oligarquías mezquinas y desfasadas.

*Abogado y miembro del partido en formación Alternativa Popular.aureliorobles1@yahoo.com.mx