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14 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Nuestros ‘molinos de viento’

“En algún lugar de La Mancha...” es como inicia Miguel de Cervantes Saavedra, su relato acerca del Ingenioso Hidalgo, en una época en do...

“En algún lugar de La Mancha...” es como inicia Miguel de Cervantes Saavedra, su relato acerca del Ingenioso Hidalgo, en una época en donde el público exigía más que la exageración sincera del genio creativo de los juglares en los cantares de gesta o las clásicas historias de caballería.

Se cuentan muchas aventuras de don Quijote en el libro homónimo, pero, sin duda la que más llama la atención es la lucha de esta figura delgada, casi famélica, contra los molinos de viento.

Textualmente el Manco de Lepanto narra: “En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero: —La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra—”.

Totalmente enajenado, don Quijote, sin prestar atención ni a las sensatas palabras, ni a los ruegos de su escudero que se le interpone en el paso para evitar que lleve a cabo semejante locura, arremete con furia contra los gigantes de “brazos largosâ?¦ de casi dos leguas”.

Con amor a su señora Dulcinea, el flaco rofea “non fuyades, cobardes y viles criaturas” y al soplo de un poco de viento, el resultado era de esperar: “â?¦bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y, dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo”.

Don Quijote justificó el fracaso de esta aventura aludiendo al encantamiento de cierto brujo, lo cierto es que la enseñanza está dada.

Al enfrentar los grandes problemas de gobierno, como de nuestra vida personal, recordemos que el caballero de la triste figura es el hombre idealista que no le teme a nada, el escudero es el hombre realista, pero a la vez incapaz de enfrentar de lleno los problemas.

Los molinos de viento son los problemas con que a diario debemos bregar. Nuestro gran reto es derrotar a esos gigantes. A pesar de las dificultades una buena dosis de buen humor, ayuda. Después de semejante paliza, aún el flaco estaba de buen carácter y volvió a convertir a los gigantes en molinos.

Con don Quijote no existe la palabra fracaso. Cada aventura lo que crea son oportunidades para mostrar su fuerza de carácter y determinación.. aunque algunos le llamen a eso “locura”.

-El autor es escritor y analista político.recursossinlimites@gmail.com