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12 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Remuneración de cónsules

El sistema de remuneración e ingresos personales de cónsules panameños acreditados en el exterior ha sido, durante largo tiempo, motivo ...

El sistema de remuneración e ingresos personales de cónsules panameños acreditados en el exterior ha sido, durante largo tiempo, motivo de interés especial, debido a que muchos consideran que se cometen grandes abusos en la práctica. Muchos gobiernos han prometido revisar la situación, pero hasta ahora nada palpable se ha hecho. El nuevo gobierno, forzado por la estrechez de sus finanzas, también ha manifestado su disposición para revisar el tema, sobre todo en aquellos consulados de la marina mercante panameña. Ojalá así fuera.

En honor a la verdad, no todos los cónsules son igualmente pecadores, porque muchos muestran un manejo prístino de los ingresos consulares que recaudan; pero los escándalos y malos manejos que ven la luz pública son más frecuentes de lo que desearíamos. Las importantes sumas de dinero que, según datos reportados, le ingresan a algunos cónsules y la reiterada práctica de considerar esos puestos como oportunidad para retribuir favores políticos —u otros propósitos malsanos— constituye el pecado original que ha manchado la función consular. Peor aún son casos en que se sospecha que el cónsul cobra por servicios que no reporta oficialmente.

Según la Autoridad Marítima, los diez consulados más importantes reportaron el año pasado un total de B/.58.0 millones recaudados, pero solo enviaron B/.49.0 millones al Fisco. Los B/.9.0 millones retenidos por esos consulados —para cancelar honorarios y otros gastos— deberían ser objeto de una estricta fiscalización por parte de las autoridades superiores.

Algunos casos reportados el año pasado por la AMP llaman especial atención. Por ejemplo, mientras los ingresos del Consulado en Manila (B/.6,455,361) fueron más del doble que los producidos en Londres (B/.2,810,507), los gastos de ambos consulados fueron muy similares (B/.928,733 y B/.952,920). Similarmente, el Consulado de Pireos, que de todos es el que más gasta, costó más que el Consulado en Tokio (B/.1,793,476 contra B/.1,347,775), a pesar de que Tokio (B/.16,412,921) produjo más del doble que el puerto griego (B/.6,983,206).

La conclusión es que, entre honorarios del cónsul y gastos, cada balboa producido en Londres costó B/.0.34, en Pireos B/.0.25, en Manila B/.0.14 y B/.0.08 en Tokio. Estas diferencias deben ser explicadas.

Hace falta un efectivo control y fiscalización de las actividades consulares que disfrutan de mayor libertad por su lejanía. Las líneas de responsabilidades de los cónsules se asemejan a la Hidra de Lerno, la bestia policéfala de la mitología griega: los nombra el Ministerio de Relaciones Exteriores, reportan sus ingresos al MEF, pero los recaudos de marina mercante a la Autoridad Marítima, mientras que todas sus actividades son fiscalizadas por la Contraloría General. En la práctica tanta supervisión no siempre parece traducirse en un control efectivo.

Cuando no existía el teléfono y las comunicaciones tomaban semanas, las autoridades consulares pudieron haber gozado de un grado de independencia y discreción forzadas por su lejanía de la sede central. Hoy, la tecnología permite transmitir dineros y documentos desde los puntos más remotos del globo terráqueo y trabajar en tiempo real, como jamás antes se había soñado. No es necesario que los cónsules reciban documentos y dineros que pueden ser tramitados directamente a bancos y oficinas centrales a, y desde, Panamá vía Internet. Solo hace falta querer hacerlo e imponer controles y medidas administrativas eficientes.

*Ex diputada de la República.mireyalasso@yahoo.com