Temas Especiales

19 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Desarrollo soberano

América ha sido históricamente explotada por los imperios, saqueando sus riquezas naturales. Los pueblos siempre han intentado defenders...

América ha sido históricamente explotada por los imperios, saqueando sus riquezas naturales. Los pueblos siempre han intentado defenderse. Descolonización, soberanía, nacionalización. La lucha continua. Los tratados Bunau Varilla y Torrijos, talvez con buena intención, nos han dejado atrapados por poderes extranjeros, porque ellos sirvieron a esos intereses exteriores. Ambos estaban supeditados uno por socio y el otro por espía.

Nuestros hermanos originarios del continente vivieron un sistema social armónico con la naturaleza y con la equidad. Hoy, la moderna explotación nos ha traído civilización y progreso desigual. América siempre ha luchado por darle bienestar a todos sus ciudadanos. Pero ha tenido insuperables obstáculos justamente por las diferencias entre nosotros y el desarrollo cultural, tecnológico y económicas de nuestros conquistadores, explotadores e inversionistas. Los grupos empresariales locales en un afán natural de importar tecnología, capitales e inversiones se han asociado con esos intereses internacionales y si bien han traído desarrollo en algunas áreas, no es menos cierto que han usufructuado de la riqueza de nuestra posición geográfica.

No es que se pretenda aislar el país en un mundo globalizado, sino que los beneficios que Dios y la naturaleza nos dieron sean para el beneficio de nosotros los aborígenes de este istmo y los que aquí vivan. Esto vale para los empresarios transnacionales y con mayor razón para los nacionales. Es decir, que el capital haga el cambio para cumplir su función social. Esa debe ser la razón básica de la modernidad humanística y ecológica. Si la diferencia es cultural y tecnológica, la lógica solución es superar esas limitaciones. Han pasado 200 años desde la independencia y muchísimo hemos avanzado, pero en ocho generaciones no hemos logrado el armónico desarrollo, equidad y justicia social que nuestros pueblos se merecen.

Nos apartamos del primitivo socialismo indígena y del mensaje cristiano del “amor al prójimo”. Esto tiene consecuencias concretas. Hay un nacionalismo que tiene acciones panameñistas como la posición expresada en proteger los intereses monetarios locales frente a los ataques de la OCDE por la competencia de capitales. Pero hay otras antipanameñas y no aceptadas por la mayoría, como hacer la ampliación del Canal con préstamos que deberían ser cancelados por los usuarios y no con dinero que debe ser para el desarrollo social nacional. La ampliación está bien, pero no otra vez para “Pro mundi beneficio”. Es el pequeño súbdito que sigue dependiente de satisfacer al amo desarrollado por ser más viejo sabio y prepotente en un distorsionado pseudonacionalismo.

Hoy, surgen corrientes de pensamiento nacionalistas de diferentes matices, desde Bolívar hasta los justicialistas, zapatistas, socialistas legalistas como Chile y Brasil, revolucionarios como en Venezuela o guerrilleros como en Colombia. Pero en realidad es un asunto sociocultural. La ineficiencia, corrupción, fraudes, peculados, violencia, delincuencia, las dictaduras son sus consecuencias directas. Problemas como la armónica cadena de mercantilización de la canasta básica o el transporte, en otros lugares superado por la organización administrativa cooperativa o institucional, aquí fracasa por la anarquía, el individualismo, en un desfigurado pseudosocialismo políticamente manipulado que no logra la ejecución de lo que debería tener un organismo de reales pequeños empresarios.

*Médico y ex ministro de Estado.grollap@cableonda.net