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30 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Guillermo David, El Grande

¿Cómo hizo este hombre para gobernar en uno de los momentos más difíciles y sacar al país del atolladero en corto tiempo? La respuesta e...

¿Cómo hizo este hombre para gobernar en uno de los momentos más difíciles y sacar al país del atolladero en corto tiempo? La respuesta es sencilla; el sacrificio, la humildad, la austeridad, la guerra contra la corrupción y el respeto por la autonomía de los demás órganos del Estado.

El sacrificio lo demostró al rebajarse el salario a seis mil balboas por mes. ¿Cuánto ganaremos nosotros? Fue la pregunta obligada de algunos de sus ministros. “Esta decisión es producto de lo que me dice mi conciencia; no puedo embolsarme casi veinte mil balboas, mientras mi pueblo sufre”, fue la respuesta de Endara.

El presidente se quedó con seis mil y los ministros de diez, bajaron a cinco mil. La humildad la reflejó en aquella decisión que tomó luego de su discurso del uno de marzo de 1990, durante la instalación de la primera legislatura. “Le anuncio al país que a partir de este momento me traslado hacia la Iglesia Catedral, donde iniciaré una huelga de hambre”. Cuando todos pensaron que los norteamericanos inundarían a la Nación con sus dólares, la realidad del momento fue distinta. Esos mil millones prometidos quedaron en 400, luego que el Senado aprobara los otros 600 para Nicaragua. Y ese supuesto apoyo llegó un año después de la invasión. Con la huelga de hambre, Endara buscaba la atención de las naciones poderosas para que éstas apoyaran al sector financiero.

La austeridad fue su religión. Cuando le propusieron comprarle una refrigeradora nueva para reemplazar la que existía en la casa presidencial reaccionó: “Nada de gastos suntuosos; vayan a mi apartamento de vía Argentina y tráiganme la mía”. Y así se hizo. Su guerra contra la corrupción fue silenciosa, pero, efectiva. Recuerdo que, a cuatro meses de finalizar su administración, y teniendo los planos y los estudios listos para licitar los corredores Norte y Sur, prefirió que ese acto lo encabezara el mandatario que ganó las elecciones de mayo de 1994.

El respeto a la democracia y a los partidos políticos lo practicó con creces. En marzo de 1990, Ernesto Pérez Balladares y Mario Rognoni fueron atendidos en la Presidencia. Al final, Pérez Balladares le preguntó: “¿podemos hacer una oposición fuerte?”, “¡Claro!”, fue la respuesta de Endara. “En democracia los gobiernos se fortalecen con las críticas de sus adversarios”, expresó. A tres días de las elecciones y con informaciones de una mínima diferencia entre Moscoso y Pérez Balladares, Endara dijo que se respetaría la voluntad del pueblo.

Y es que pocos saben que el presidente sostuvo una reunión con dos de sus asesores más cercanos y uno de ellos argumentó que sería catastrófico que el PRD volviera al poder en poco tiempo. “Tenemos que hacer algo para evitarlo”, a lo que Endara contestó: “No creo en la venganza; cierto es que nosotros sufrimos los paquetazos de los militares y del PRD, pero, de hacer lo mismo, estaríamos ubicándonos en el mismo nivel de desprestigio y corrupción. Lo digo alto y claro, el poder se le entregará a quien gane, aunque sea por un voto de diferencia”.

El respeto a las demás instituciones fue su premisa. Cuando nombró a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia les dijo que él no levantaría el teléfono ni le mandaría emisarios para hacerlos cambiar fallos. Al escoger a Luis H. Moreno, como gerente del Banco Nacional, expresó, “si lo llamo para interceder por un préstamo o para cambiar su política económica, no me haga caso y si alguien le llega a hablar utilizando mi nombre me avisa para castigarlo”. Durante su administración no hubo endeudamiento, gracias a la sana administración financiera.

Creo que con Endara se repitió la misma escena del rey Salomón. El presidente debió soñar que hablaba con Dios y cuando el Todopoderoso le dijo que le daría lo que pidiera, en vez de riquezas escogió la inteligencia, madurez y sabiduría para gobernar en ese momento.

Guillermo David, El Grande, no tuvo en vida el reconocimiento público que se merecía. Él, al igual que Ricardo Arias Calderón y Guillermo Ford, cumplieron con ese pacto de sangre.

No importaron las amenazas, las torturas, las persecuciones, lucharon para darnos la democracia que hoy disfrutamos.

Cuatro funcionarios pueden decir que estuvieron con Endara en las buenas y las malas; Carlos Barés, Ivonne Young, Menalco Solís y este servidor.

*Ex secretario de prensa de la Presidencia.rehernandez19@gmail.com