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03 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Honduras, el golpe perfecto

A lo largo de los cuatro meses que se ha prolongado la crisis política de Honduras, el gobierno de Estados Unidos ha jugado un papel de ...

A lo largo de los cuatro meses que se ha prolongado la crisis política de Honduras, el gobierno de Estados Unidos ha jugado un papel de apoyo, en ocasiones activo y otras pasivo, a los golpistas encabezados por Roberto Micheletti. De no ser así, ¿qué régimen hubiera sobrevivido con los desplantes y bravuconadas de los fascistas hondureños? El mismo día en que se anunció en Tegucigalpa el acuerdo alcanzado por el enviado estadounidense Thomas Shannon, entre el golpista Micheletti y el presidente constitucional Manuel Zelaya, se firmó en Bogotá el convenio militar entre Colombia y Estados Unidos. Los fuegos fatuos por el acuerdo político en Honduras, silenciaron los alcances del pacto militar que, según un documento remitido por el Pentágono al Congreso estadounidense, permitirá a Washington el uso de siete bases militares colombianas como plataforma operativa contra gobiernos hostiles a la Casa Blanca.

El acuerdo para superar la crisis hondureña contiene interrogantes y suspicacias. Deja en manos del Congreso, el mismo que destituyó a Zelaya pisoteando la Constitución, la tarea de restituirlo en el poder. Lo acordado, en palabras de Shannon, permitirá legitimar las elecciones presidenciales del 29 de noviembre, para lo cual es prioritario un gobierno de unidad nacional, no así la reinstalación de Zelaya. Solo hay que recordar que el representante de Estados Unidos en la OEA calificó de “ idiota ” e “ irresponsable ” al presidente constitucional de Honduras, por lo que la acción unilateral de Washington en la solución de la crisis pareciera más a la medida de los golpistas que una respuesta a las demandas del pueblo hondureño y la comunidad internacional. (Hay que reconocer el talento del presidente costarricense Oscar Arias para recolectar tiempo político en favor de los golpistas y la afinidad ideológica del gobierno panameño que habló del profesionalismo de los militares hondureños que exiliaron a Zelaya, rompió el aislamiento del régimen y se anticipó a legitimar las elecciones presidenciales repudiadas por la OEA y la ONU).

Debieron transcurrir más de cuatro meses de terror, con asesinatos, cárceles y represión para que Estados Unidos decidiera intervenir de manera unilateral, a fin de evitar que la situación interna se deteriorara aún más, debido a la sorprendente resistencia popular de rechazo al golpe militar y en demanda de la restitución de Zelaya. Atrás quedaron los esfuerzos de la OEA y las iniciativas multilaterales de Brasil para acercar a las partes en conflicto. El presidente Barack Obama, quien despierta cada vez más dudas, porque no ha roto de manera tajante con la era de George W. Bush, tiene demasiados problemas en Afganistán, Iraq y Paquistán, junto al duro revés en las elecciones internas del martes, como para mantener un incendio en su vecindario.

Se desconocen las presiones ejercidas sobre Zelaya —refugiado desde finales de septiembre en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa— para que firmara el acuerdo, que también fue rubricado por Micheletti, pero persisten los interrogantes acerca del proceso de reconciliación. El propio Mi cheleti se encargó de sabotear el escenario al introducir la idea de supuestas represalias por parte de Zelaya si retornara al poder, alejando los esfuerzos de reconciliación. Tampoco es posible anticipar cuándo regresará Zelaya al poder. Lo que sí está claro es que el candidato de los golpistas, Porfirio Lobo, no dejó de hacer campaña en medio de la crisis y, aunque las movilizaciones populares rechazaron sus propuestas, todo indica que, por la manipulación mediática, será el ganador de unas elecciones viciadas. Al final, se impuso un golpe perfecto. Washington logró sacar del poder a un aliado del presidente venezolano Hugo Chávez. Su retorno solo será simbólico. Los golpistas ganaron el mayor tiempo posible, obstaculizaron por todos los medios la reinstalación de Zelaya, colocaron a las Fuerzas Armadas como tutelares del sistema y lograron el reconocimiento de las elecciones presidenciales del 29 de noviembre.

*Periodista.d_olaciregui@hotmail.com