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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Reflexionando sobre Haití

Tenemos que volver a estudiar qué es un desastre natural. Antes era fácil pasar la prueba. Ahora debemos ser explicativos en la respuest...

Tenemos que volver a estudiar qué es un desastre natural. Antes era fácil pasar la prueba. Ahora debemos ser explicativos en la respuesta. La mayoría de lo que hoy se dice ser no lo es. Ni los fenómenos achacados a los niños o niñas, con la mayoría de las inundaciones y sequías lo son.

Todavía los sismos son considerados como tales. Aunque creo que ya no es tan así, debemos analizar otro aspecto: cómo lo afrontamos o resistimos a ellos. Desde luego, Haití, siendo el más empobrecido del continente y se dice del Hemisferio Occidental, es el que menos puede hacerle frente. La magnitud del desastre es proporcional al grado de empobrecimiento, producto del saqueo capitalista de 500 años.

Cuando Toussaint L”Ouverture, a finales del siglo XVIII, lucha contra el colonialismo y esclavismo francés-europeo, pensó en la libertad de la revolución de 1789. Pero no es una palabra abstracta, significa poder disponer de la riqueza del país para la satisfacción de las necesidades de toda la población, mayoría esclava. Lo detienen y se lo llevan a Europa, donde muere en 1803 sin ver la primera revolución antiesclavista triunfante en el continente y al mismo tiempo de independencia, un año después.

A Jean Jacques Dessalines y Henri Christophe les tocó dirigirla en la continuidad de la lucha, expulsando y ajusticiando a los amos esclavistas e instalando una república negra con un gobierno negro.

Nunca el colonialismo y luego imperialismo europeo le perdonó. Perdieron la isla codiciada por su enorme producción azucarera y cafetalera y la esclavitud de los negros traficados encadenados y en grilletes de sus tierras, cuyas leyes abolicionistas en el Caribe fueron retardadas hasta casi el siglo XX.

Esa es la explicación de por qué nuestros países, y, particularmente Haití, no los dejan desarrollarse. Por qué, al igual que Cuba, Puerto Rico, Nicaragua y Panamá fuimos ocupados por el imperio del Norte a principios del siglo XX. En el caso de Haití llegaron a desmontar, en 1915, la república negra que se instauró en 1804, ocupando el país y no se fueron hasta 1934, cuando tenían al gobierno títere de recambio que empatan posteriormente con la dictadura-monarquía de los Duvalier.

En 1971, cuando muere el Papa Doc y entra el Baby Doc, Haití está entre las 25 naciones más pobres del mundo, con 90% de analfabetismo, con el 50% de niños que morían antes de los cinco años.

La ocupación del MINUSTAH, como las anteriores comandadas por las potencias europeas y yanqui en nombre de la ONU, ha sido para evitar la república negra independiente, de allí las centenas de enfrentamientos con el pueblo haitiano. Supuestamente, era para mejorar y sigue siendo el más empobrecido, lo devastador del terremoto, lo confirma.

Debemos dar toda nuestra solidaridad al pueblo hermano, pero con el convencimiento de que una vez se restablezca la situación (si se podrá hablar de ello) la lucha contra los empobrecedores de los pueblos debemos acentuarla.

Seguimos, como decían en un verso popular los negros brasileños después de la Ley de Abolición de la Esclavitud en Brasil 13-5-1888: “ Todo en este mundo cambia; solo la vida del negro sigue igual; trabajo para morir de hambre; el 13 de mayo lo engañó ”.

*Escritor y editor.vearauzm@hotmail.com