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28 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

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Rostro del cambio

Con el paso de los meses ha ido desnudándose la verdadera esencia del gobierno del presidente Ricardo Martinelli. Es un gobierno sin cul...

Con el paso de los meses ha ido desnudándose la verdadera esencia del gobierno del presidente Ricardo Martinelli. Es un gobierno sin cultura, sin raíces históricas en la Nación panameña, convertido en una maquinaria de hacer dinero y destruir los valores y principios que dieron vida al alma nacional. Sin honor ni racionalidad para mantener el equilibrio espiritual, se alimenta de la corrupción, los escándalos y la intimidación.

Para tratar de esconder su verdadero rostro el gobierno emplea la propaganda oficial como un bombardeo gradual, uniforme e intencionalmente ambiguo, buscando que el ciudadano y el cuerpo social se desconecte y caiga en lo que expertos definen como una “pasividad narcótica”, capaz de anular su pensamiento crítico. Pero a la vez impulsa una campaña abierta y clandestina para sacar del escenario a la sociedad civil, los sindicatos y la oposición, con miras a anularla moral y políticamente, y aún con amenazas físicas.

Si no fuera porque los panameños sufren las consecuencias, el gobierno de Martinellli podría calificarse de tragicómico o sicodramático. Hay quienes llegan a la política a través de las ciencias sociales, la religión, herencias partidarias, convicciones y el interés de aportar al país, pero Martinelli la abordó desde su experiencia de tendero millonario, fecundo en ardides, consumido por una codicia sin límites.

Todo sazonado con una predisposición sicológica. Sus cambios anímicos van de la ansiedad y la apatía, a la euforia, a sentirse todopoderoso, grandilocuente, extravagante, hasta mofarse de su apariencia personal. Esos impulsos patológicos lo llevan a derrochar los fondos del Estado, en una orgía del gasto público sin controles.

Es que Martinelli se ha caracterizado como el líder de una horda que está arrasando con el Estado y sus bienes de una manera jamás conocida. Se comporta como un crupier que dirige el juego, reparte las cartas, controla las apuestas y pretende adueñarse del casino. Abusador serial del poder, no solo ha destruido el andamiaje institucional, sino que con su método totalitario está tratando de que un malsano sentimiento de odio se apodere del país. También están los amagos de reelección para instalar un despotismo sin término.

El juego del oficialismo es no trasmitir seguridad ni estabilidad, sino permanentes dudas y contradicciones entre lo esencial y lo accesorio. El único diseño básico de futuro es arrebatarle las riquezas al Estado. La línea fundamental es hacer negocios desde el poder, en una exposición constante de los intereses privados sobre los asuntos públicos.

Las cuestiones irresueltas no preocupan al actual gobierno, absorbido en una guerra vana contra sus enemigos y encubridora en favor de sus socios y amigos. Los milagros del martinellismo solo han quedado en anuncios y propaganda oficial.

Con su juego de máscaras y astucias, Martinelli reproduce la política en el tablero de los negocios. Está adueñándose de los negocios del canal, la plataforma logística, la minería, la energía, las obras de infraestructura, la tecnología, el transporte y las telecomunicaciones. Panamá se valorizó, no gracias a Martinelli, pero desde el poder ha demostrado un apetito desorbitado para engullir la acumulada y la riqueza nacional por venir.

Existe una escandalosa impunidad por el uso indiscriminado de información reservada, manipulada con propósitos personales por quienes tienen acceso dada su estratégica ubicación funcional. Nadie controla la gestión presidencial. Martinelli y su clan no dan cuentas ni a su conciencia, porque carecen de pudor, de ética y de sentido de honorabilidad.

Con todo, el desafío superior es impedir que destruyan el país, que la Nación sobreviva, pese al atentado de estos depredadores contra sus cimientos. Las estaciones pasan, las desaforadas ambiciones y los cálculos arteros crecen y menguan como las fases de la luna, pero la Nación panameña perdurará, a pesar de las amenazas que actualmente se ciernen sobre ella.

*Periodistad_olaciregui@hotmail.com