23 de Feb de 2020

Gabriel J. Perea R.

Columnistas

Tarjetas de crédito, la otra cara de la moneda

La deshumanización de algunos agentes de cobro es tal que no les importa enviar el cobrador hasta el mismo hospital

Las tarjetas de crédito cuando son utilizadas con prudencia pueden convertirse en un aliado, puesto que te permiten contar con un medio para adquirir bienes y servicios más allá de tu capacidad económica inmediata. Sin embargo, si por algún motivo se incurre en impago, debe tener claramente algo presente, los bancos no son instituciones de caridad, será entonces que descubrirá la otra cara de la moneda de lo que es tener una deuda en un tarjeta de crédito.

Partamos de la premisa que los que recorrer este tenebroso proceso, no son necesariamente personas que utilizaron crédito irresponsablemente y después decidieron no pagar, sino que puede ser cualquier ciudadano que por algún motivo utilizó su crédito, ya sea por una enfermedad, desempleo, situaciones familiares y que después se enfrenta a la difícil situación de no poder pagar los cargos mensuales.

Antes de compartir situaciones reales es preciso que el tarjetahabiente conozca que no está del todo desprotegido y que para desconocimiento de muchos existe la Ley 81 del 31 diciembre 2009. Donde podrá dar por terminado el contrato de tarjeta por escrito o por las vías tecnológicas que el emisor ponga a su disposición. Considerando que cada emisor de tarjeta puede que le dé su interpretación de la aplicación de la ley.

Regresando al lado oscuro, usted caerá en el departamento de cobros, que iniciará con un bombardeo de llamadas, a todos los números que tenga registrado. Se dan casos que en un solo día efectúan hasta 15 llamadas por el mismo motivo, cobrarle. Y, no importa que a cada persona le diga lo mismo, seguirán llamando hasta que se registre un compromiso de pago y ni aún así, seguirán llamando. En ocasiones, aunque ya haya pagado, llamarán con la excusa de que no está registrado en el sistema. Y, aunque usted no lo crea lo llamarán hasta después de horario regular.

De no cumplir, seguirán las llamadas. Algunas instituciones llamarán investigando su estatus económico. Sin ninguna autorización de juez pertinente, llamarán e interrogarán a sus parientes o amigos. Seguirán llamadas amenazantes de procesos judiciales, embargos, notificaciones a sus lugares de trabajo, cualquier elemento persuasivo para que usted pague a como dé lugar. En estos momentos usted se preguntará ¿Este no era el banco que sin solicitarlo me otorgó una tarjeta, me aumentó el crédito, con el cual tuve años de excelente relación?

De nada vale que usted trate de explicar sus motivos. No todos los bancos son buenos vecinos, tal vez le escuchen, pero solo lo que les interesa es un acuerdo de pago, que puede que sea la peor solución, puesto que el acuerdo será superior inclusive a los pagos que efectuaba habitualmente.

La deshumanización de algunos agentes de cobro llega a tal extremo que aunque usted diga que está junto a la cama de su convaleciente madre éstos le dirán, podemos mandarle el cobrador al hospital.

Lo que sigue será intentos de que firme acuerdo de pago draconianos, intentos de descuentos directos, o finalmente un proceso judicial que lo que intentará será despojarlo de sus bienes, salario o lo que puedan quitarle para resarcir la deuda que usted ingenuamente pensó que podría negociar.

Claro está, de acuerdo con el artículo 1649 del Código Judicial, aplicable a los secuestros, sólo puede secuestrarse el 15% del excedente del salario mínimo que devenga el demandado con su empleo y este proceso no es inmediato.

En conclusión, sea minucioso en cuanto a aceptar tarjetas de crédito. No a todos los bancos les importa su situación personal, ellos solo están en la abundancia, no son sus amigos en las buenas y las malas. Solo es un negocio de dinero. En tiempos no tan lejanos el no pagar una deuda podía ocasionar que te rompieran las piernas, pero eso tiempos pasaron, bueno, esperemos que sea así.

*M.SC. ADMINISTRACIÓN INDUSTRIAL