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21 de Jan de 2020

P. Fernando Pascual

Columnistas

Dramas ficticios y dramas reales

Todo es ficticio, pero llega al corazón y provoca, en ocasiones, lágrimas sinceras.

Al leer una novela o al ver una película, muchos se emocionan. Sienten pena por la esposa abandonada, por el héroe que cae abatido, por el niño que recibe el desprecio de sus compañeros de escuela. Todo es ficticio, pero llega al corazón y provoca, en ocasiones, lágrimas sinceras.

Nos ocurre algo parecido a lo que narra san Agustín en sus Confesiones , cuando recuerda cómo lloraba al leer la historia de Dido (cf. Confesiones 1,21). Somos así: una buena novela llega al corazón y despierta sentimientos muy hondos. Al mismo tiempo, nos llegan noticias con datos telegráficos: ‘20 muertos en un naufragio cerca de Italia '. ‘Decenas de fallecidos en varios atentados en Nigeria '. ‘Cientos de muertos en una nueva epidemia de cólera '...

¿Por qué a veces el drama ficticio de una novela llega más a nuestra vida que la noticia escueta de un hecho ‘lejano '? Porque a través de la lectura del drama ficticio participamos de una narración que sintoniza con nuestros sentimientos y nos permite entrar en la psicología de los protagonistas imaginarios.

En cambio, las noticias de tantos dramas reales llegan y pasan simplemente como si fuesen números, como parte de una lista interminable de sufrimientos que se suceden ante la indiferencia de muchos y con pocas informaciones concretas que permitan dar rostro a las víctimas.

El drama real, sin embargo, merece lo mejor de nuestro interés. Porque detrás de los números, más allá de la lejanía geográfica, hay historias concretas. Un padre o una madre de familia, unos hijos, un trabajador del campo o de la industria, un médico o un albañil, han fallecido.

Sus amigos y conocidos sufren, mientras la atención de muchos en nuestro mundo inquieto queda atrapada por novelas que tienen ciertamente su importancia, pero que no consiguen siempre reflejar dramas reales que agobian a miles de seres humanos.

¿Es utópico soñar con un periodismo mucho más atento a los dramas reales, capaz de abrirnos los ojos al dolor que angustia a tantos seres humanos? Con ayuda de un periodismo así, será posible romper el cerco cómodo de lágrimas por Didos que no existen, para tener un verdadero interés (y también lágrimas) hacia personas concretas que cada día luchan y mueren en un mundo hambriento de solidaridad y de justicia...

SACERDOTE Y FILÓSOFO.