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22 de Nov de 2019

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Paquete olvidado

La diferencia entre servicio y rasgo de desprendimiento marca el nivel de calidad que alcanza esta forma de desplazamiento urbano

Paquete olvidado

Bajé del taxi en la Biblioteca Nacional, luego de tomar mi mochila y entré al recinto para adelantar una consulta en la hemeroteca. Al terminar, cuando me disponía a guardar todas mis pertenencias, fui consciente que faltaba una bolsa. Hice memoria y recordé que la llevaba cuando subí al vehículo. Al dejarlo, se quedó olvidada y quizás se habría ido a recorrer otros destinos en la ciudad.

Por el momento hubo que superar aquella sensación en el paladar al encontrar un mazo de saril y mandarinas en cierta venta callejera. Las compré con la finalidad de preparar un refresco con ambas frutas y disminuir algo de la resequedad y calor en esta época. En el transporte selectivo, la coloqué debajo del maletín, donde quedó casi escondida y al descender, no advertí su presencia ni la eché de menos.

Cuando llega ese instante de percatarse que algo se ha quedado en un sitio; entonces experiencias similares vienen a la mente, tanto propias como ajenas y se reflexiona sobre la conducta de los conductores de este tipo de servicio. Existen casos de toda naturaleza que ilustran la forma como opera ese imperceptible instrumento de trabajo denominado ética o también responsabilidad profesional.

Una vez, a causa de algún problema mecánico, se me soltó el pulso de un reloj justo cuando llegaba a la oficina donde trabajaba y cayó en el piso de la unidad que había tomado en algún punto de la ciudad y no lo noté hasta después al entrar al despacho. Lo único que recordaba en el momento de advertir la falta del accesorio, era la emisora radiofónica que escuchaba el conductor, dato al que nos habíamos referido en la conversación sostenida entre ambos.

Se me ocurrió llamar a la estación de radio y dejar el mensaje para el señor con los pormenores de la ‘carrera' y del sector donde había bajado. Como informé sobre el número telefónico donde podía localizarme, horas después durante la jornada, el aludido llamó. Nos pusimos de acuerdo y él apareció al terminar mis tareas. Le pagué extra por su atención y recuperé la prenda.

En otra ocasión sucedió con un aparato celular que se salió del bolsillo trasero del pantalón por la posición que tenía y el bajo nivel del asiento del auto. Experimenté llamar a mi propio equipo y el sorprendido taxista contestó. Andaba del otro lado del Canal de Panamá y prometió que al regresar me llamaría desde el propio olvidado teléfono portátil y convenir cómo vernos. Todo marchó según lo acordado y así tuve de vuelta el móvil de comunicación.

También hay episodios en que quien conduce trata de contactar a la persona que ha dejado olvidado un equipo, material, bolsa y hasta billetera. En ocasiones, si surge algún documento de identidad, se procura localizarla para regresar lo que se ha quedado en los asientos o espacios traseros y que en la ocasión no fue percibido por el que va tras el volante hasta que alguien se lo comenta o lo nota al bajar.

Es una noción de compromiso con la profesión por quien ofrece el servicio. También de alcanzar satisfacción por brindar atención a los clientes que va más allá del traslado de un lugar a otro en la ciudad. Esa diferencia entre servicio y rasgo de desprendimiento, marca el nivel de calidad que alcanza esta forma de desplazamiento urbano.

Esperé encontrar al taxi al salir de la biblioteca. Había uno junto a la entrada y al acercarme, noté que era otro conductor. Respiré profundo, partí y olvidé el refresco de frutas. Todo sigue igual y como diría la pequeña hija de una amiga, ‘no pasa nada'.

DOCENTE Y PERIODISTA