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01 de Apr de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Recursos energéticos y futuro sostenible

Hay una gran lección que todos requerimos para insertarnos en un futuro más racional.

Un inusitado crecimiento y desarrollo de las actividades productivas, sobre todo del sector terciario, ha caracterizado al país durante las últimas décadas. Luego de la devolución de los territorios de la Zona del Canal de Panamá a la administración nacional, los límites de las tierras aledañas se han expandido y la ciudad capital ha ampliado los sitios poblados en forma irrefrenable tanto en proyectos habitacionales concretos, como en opciones informales.

Este boom ha requerido que la infraestructura de servicios básicos se organice para dar respuesta a las demandas. Uno de ellos es la energía, que tradicionalmente se ha basado en la combustión de derivados del petróleo. Sin embargo, este esquema tiene implicaciones que generan en el proceso, gases denominados de efecto invernadero porque en lugar de escapar hacia la atmósfera, se devuelven hacia la Tierra y aumentan el calor promedio.

La sociedad panameña requiere una fórmula de producción que multiplique sus fuentes y brinde perspectivas tanto en términos cuantitativos como en forma diversificada. La matriz energética debe enriquecerse; supone por tanto, no confiar exclusivamente en posibilidades agotables como petróleo, carbón, gas y nuclear para transformarlas paulatinamente por las que se basan en modalidades renovables: hidráulica, biomasa, geotérmica, eólica y solar.

Esta compleja necesidad y su satisfacción garantizan el desenvolvimiento que habrá de tener el futuro del país. Por esa razón se ha comprometido la presente administración gubernamental en formular un programa de trabajo que garantice cómo ha de ser la ruta correcta y se ha planificado el esquema a través de un Plan Energético Nacional (PEN) con la finalidad de satisfacer, además las metas propuestas por organismos internacionales.

En este contexto, se ha ‘elegido el año 2050 como horizonte del ejercicio de prospectiva', dijo Víctor Urrutia, Secretario Nacional de Energía. Esto quiere decir que se plantea un ejercicio que traspasa un periodo y consolida un modelo de gestión que constituye el panorama donde se construirán las bases en que se asienten todos los requerimientos de la población en general y de los diferentes sectores que intervienen en la realidad productiva.

Las cifras obligan a esta iniciativa. El crecimiento de la población ha sido determinado para 2050 en 46.1%. El consumo de energía en los hogares representa el 30% de la demanda y su incremento, supone igualmente mayor dependencia. Esta ampliación implica también poner a funcionar nuevas posibilidades de distribución a un territorio que se expande en su articulación con los centros de actividades diversas, resultado de una pujante economía.

Esta planificación implica adopción de estrategias políticas, económicas y normativas hacia un sistema energético moderno y confiable y la introducción de modalidades no utilizadas con anterioridad, pero que integran el concepto de disminuir las condiciones de pobreza, que hace vulnerables y precarios a algunos componentes de la población. Por eso, se determina la reducción de la leña como combustible, sobre todo en los rincones rurales e indígenas.

La estadística que sirve de base al PEN brinda indicadores sobre la situación concreta y real de esta relación y de sus diferentes actores. Se ha definido la cuantía de la inversión y el tipo de transformación requerida y que resulta complejo. Uno de los datos es el compromiso de electrificar unas 50 mil familias en un término de cinco años y alcanzar un grado de cobertura de 95% para 2019.

La utilización de nuevas fuentes de energía implicará un proceso de modificación en que la gente debe aprender a reducir el consumo no necesario y el despilfarro. Mientras, el gobierno construye todo el nuevo sistema y enseña a la población a integrarse en los escenarios que buscan generación adecuada y uso sostenible. Hay una gran lección que todos requerimos para insertarnos en un futuro más racional.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.