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29 de Mar de 2020

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Rafael Carles

Columnistas

Un impuesto nada empalagoso

Está demostrado que el impuesto a las bebidas azucaradas funciona y ayuda a reducir los índices de obesidad

E stá demostrado que el impuesto a las bebidas azucaradas funciona y ayuda a reducir los índices de obesidad. Pero para que la medida sea realmente efectiva, debe extenderse a muchos más productos. Para más detalles, ver la edición de junio 2018 del American Journal of Preventive Medicine, ‘The Short-Term Impacts of the Philadelphia Soda Tax on Beverage Consumption', por Yichen Zhong, Brian Lee y Genevieve Kanter (https://www.medicomundial.com/news/philly-soda-tax/).

Lo cierto es que cuando la Organización Mundial de Salud (OMS) propuso en 2008 un impuesto a las sodas, planteó dos preguntas: si era justo y si funcionaría. Después de algunas dudas, varios países acertadamente han decidido que la respuesta a la primera pregunta es sí. No hay nada injusto en gravar una causa de la obesidad, que a su vez es el mayor factor de riesgo después del tabaco para el cáncer y las enfermedades del corazón.

¿Pero funcionaría? Resulta que la respuesta a esto también es sí. Los informes de varias ciudades en Estados Unidos y de países como México, Inglaterra y Chile sobre el programa de reducción de bebidas azucaradas muestran que los niveles de azúcar han disminuido entre dos y hasta cinco veces más rápido en los productos afectados por el impuesto que en aquellos que la medida no toca.

Solo por esta razón, la iniciativa tiene derecho a llamarse exitosa en estos primeros años de implementación. Está demostrado que la perspectiva de un impuesto obliga a los fabricantes y minoristas a actuar con precisión donde más impacta, que es el bolsillo del consumidor. El precio de los productos objeto del impuesto, ha subido en un promedio de 10-15 %. No obstante, las reducciones en el contenido de azúcar de los productos monitoreados han disminuido en solo un 2 %. Eso es menos del nivel esperado y una décima parte de la reducción del 20 % que la OMS esperaba como meta para 2020.

Hay un elemento de arbitrariedad en esta cifra del 20 %, pero no obstante es vital. Cada día el índice de masa corporal promedio de las personas es más alto y los niveles de obesidad infantil reflejan signos de epidemia. La obesidad y las enfermedades relacionadas con la obesidad les cuestan a los países más del 8 % del gasto público al año. Los alimentos con alto contenido de azúcar y sal se enfrentan a pocas restricciones publicitarias, y ahora son una causa aún mayor de muerte y discapacidad que la publicidad de cigarrillos.

Las implicaciones para las autoridades deberían ser claras. La industria alimentaria no está haciendo lo suficiente para reducir los niveles de azúcar en sus productos. El impuesto al azúcar, como amenaza y realidad, está funcionando, pero no va lo suficientemente lejos. Su alcance debiera ampliarse más allá de las estanterías de sodas y llegar hasta las secciones de panadería, confitería y postres. Igualmente, medidas complementarias como requisitos más estrictos de etiquetado y prohibiciones de publicidad de comida malsana antes de las nueve de la noche deberían ser ya parte del protocolo de prevención y regulación en todos los países.

La industria se preparará para librar una pelea y las autoridades también deberían hacerlo. El plan de acción de la OMS se publicó en 2008 y desde entonces ha habido indudables avances. Pero hay que hacer más. Y algunos fabricantes lo saben y están actuando en ese sentido. El contenido de azúcar en los cereales para desayuno ha bajado en promedio un 5 % en los últimos tres años.

No obstante, los segmentos de galletas y postres no muestran cambios en el contenido promedio de azúcar, mientras que el de panes tristemente aumentó. Kellogg's anunció que tiene planes de reducir los niveles de azúcar en sus cereales, pero hasta ahora no ha decidido qué marcas son ni en qué proporción. Por su parte Kraft afirmó haber reformulado algunas de sus recetas, pero señaló que la reducción de azúcar es insignificante. Y McDonald's lanzó reciente al mercado una receta de panqueque de desayuno ligeramente menos dulce, pero de allí no han hecho más.

Lo cierto es que existen estudios que muestran que los consumidores que se vieron disuadidos de comprar bebidas azucaradas con el nuevo impuesto se han compensado aumentando su consumo de otros alimentos azucarados. Esto puede ser visto por los críticos de la medida impositiva como una razón para no molestar más. Por el contrario, es una razón de muy buen peso para ampliar el alcance de una política que sí funciona.

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