La Estrella de Panamá
Panamá,25º

18 de Oct de 2019

Avatar del Jaime Raúl Molina

Jaime Raúl Molina

Columnistas

Libre postulación, mucho que mejorar

El sistema de votación panameño es bastante sencillo para el usuario, pero además de sencillo, es muy transparente.

El sistema de votación panameño es bastante sencillo para el usuario, pero además de sencillo, es muy transparente. Cuando usted se acerca a la mesa para votar, debe presentar su cédula y cada representante de partido en la mesa puede verificar que usted efectivamente está registrado en el padrón de la mesa; le entregan una papeleta única que debe contener dos firmas de los miembros de la mesa; usted va detrás de una mampara y allí marca su voto, dobla la papeleta y la deposita en la urna; la urna fue sellada con las firmas de los miembros de la mesa justo antes del inicio de la votación; cuando termina el horario de votación se cuentan las firmas en el padrón; se abren las urnas una por una, y se cuentan las papeletas válidas (deben tener dos firmas de miembros de la mesa) —si hay excedente, se eligen al azar igual número de papeletas que las que exceden a las firmas de personas que votaron; luego se abren las papeletas y se cuentan los votos. Todo esto se hace a plena luz del día, a puerta abierta. No solo cada partido tiene derecho a designar un representante en cada mesa —y los candidatos de libre postulación, también—, sino que todo ciudadano tiene el derecho de presenciarlo. Luego de terminado el escrutinio, se levanta un acta con los resultados de cada una de las categorías de cargos de elección (presidente, diputados, alcalde, representante de corregimiento). Y cada representante de partido en la mesa recibe una copia del acta. Proceso similar se repite en las juntas circuitales de escrutinio, y luego en la Junta Nacional de Escrutinio. Todo el proceso es transparente, auditable por el ciudadano en tiempo real.

Contraste lo anterior con el proceso de obtención y verificación de firmas para la libre postulación. Cada precandidato junto con sus activistas recoge las firmas entre la ciudadanía en libros facilitados para dicho propósito por el Tribunal Electoral. Luego presenta los libros al TE para su verificación y validación por parte de sus funcionarios. ¿En qué momento tenemos los ciudadanos la oportunidad de fiscalizar que la verificación de firmas se haga de manera correcta? ¿Cómo sabemos los ciudadanos que una firma rechazada lo ha sido de forma debida? En este proceso no existe la transparencia hacia el ciudadano, que sí hay con el proceso de voto. Esto lo digo sin intención de poder en duda el profesionalismo del Tribunal Electoral como institución, pero le aplica lo que dicen de la mujer del césar.

La legitimidad es fundamental en todo proceso electoral. Que la ciudadanía acepte el resultado, no porque todos les guste, sino porque en general tengamos la sensación de que el que ganó lo hizo en buena lid. En la medida en que haya suspicacia entre la ciudadanía sobre la pureza del proceso y por tanto del resultado, el gobernante que accede al poder lo hace con una legitimidad débil, y eso jamás es bueno para un país.

Por esto, un sistema en que los ciudadanos tengamos que confiar en la buena fe de los verificadores de firmas no es la mejor receta para la confianza ciudadana en el proceso. Que esta experiencia sirva para aprender lecciones y corregir hacia futuros procesos electorales. La oportunidad de que los ciudadanos contemos con candidatos por la libre postulación es buena, pero algunos elementos del proceso requieren revisión y rediseño. En particular, la restricción de que solo puedan ser tres candidatos presidenciales de libre postulación en la papeleta, ha generado un incentivo perverso manifestado en prácticas dudosas para la recolección de firmas, y la suspicacia manifestada abiertamente por casi todos los precandidatos sobre la imparcialidad de algunos funcionarios del TE al decidir sobre la admisibilidad de las firmas. Ese elemento requiere revisión. Quizás se deba aceptar como candidato a todo el que logre la cantidad mínima de firmas requerida, pero para evitar que el día de la elección tengamos que marcar nuestro voto en una sábana en vez de una papeleta (hay un límite a la cantidad de información que se puede plasmar de forma manejable en una papeleta), se aumente considerablemente el número de firmas a obtener, digamos, de 5% de los votos válidos emitidos para presidente en la elección anterior. Los ensayos sirven para corregir. Es fundamental que esta experiencia sea aprovechada en ese sentido.

ABOGADO