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13 de Nov de 2019

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

El rol evolutivo de la religiosidad (II)

Decía la semana pasada sobre la religiosidad, que cuando observamos algo tan universal, tan bien preservado en una especie

Decía la semana pasada sobre la religiosidad, que cuando observamos algo tan universal, tan bien preservado en una especie, hay que considerar que se trata de una adaptación que cumple importantes funciones para esa especie. Al decir de Theodore Dobzhansky: ‘nada en biología tiene sentido sino a la luz de la evolución'.

En psicología la evidencia cada vez contradice más la idea de que la mente humana es un pizarrón en blanco (tabula rasa). La mente humana viene preprogramada con determinados módulos cognitivos que nos proveen ciertos ‘sesgos' y ‘prejuicios' muy útiles. Venimos con un bagaje cognitivo preprogramado que, al interactuar con el ambiente, nos conduce a que la vieja dicotomía naturaleza vs. crianza (nature vs. nurture) es una falsa dicotomía. Como bien expuso Ortega y Gasset ‘yo soy yo y mis circunstancias'.

Diversas conjeturas han sido esbozadas para tratar de explicar el porqué de la prevalencia universal de la religiosidad. Algunas de las más comunes son: la mente humana requiere explicaciones sobre los fenómenos observados, y esto hace que el hombre esboce explicaciones mágicas; otra, que el hombre requiere consuelo frente a la adversidad y el dolor propios de la condición humana; y otra, la religión como fuente de moralidad.

¿La mente humana requiere de explicaciones? Dentro de las religiones y supersticiones, la mayoría de la gente no presta demasiada atención a las mitologías cosmogónicas. Consistentemente se observa que lo que más llama la atención de la gente son las narrativas cargadas de lecciones morales, que son las de interacción entre seres sobrenaturales o entre estos y humanos. El común denominador es la interacción entre entes con agencia.

Sobre la religión como fuente de consuelo, esta visión también resulta de un etnocentrismo occidental sesgado por el monoteísmo judeocristiano que nos habla de un dios de amor, con un paraíso después de la muerte para aquellos que se porten bien en la Tierra, y así. Pero en la mayoría de las culturas, esto no es la regla y las deidades de sus mitologías no son más benévolos que los humanos (de hecho, con frecuencia son malévolos y muy temidos).

La otra por descartar es la religión como fuente de moral. Así como es universal el fenómeno de la religiosidad, es también evidente que no es universal el que los dioses sean modelos de rectitud. Lo son en los monoteísmos, pero los monoteísmos son la excepción, no la regla. La mayoría de las manifestaciones religiosas son de carácter politeísta, y lo usual es que cada cultura le atribuya a sus deidades gran parte de los mismos vicios y virtudes que observamos entre los humanos. Relatos de luchas entre dioses por el amor de alguna mujer, relatos de venganza, castigos crueles y otras cosas que no son precisamente idealizaciones de virtud, son no solo comunes sino la norma en las narrativas religiosas. De modo que este no puede ser el origen de la moral que, precisamente, condena dichas conductas.

Pero ello no quiere decir que las religiones sean absolutamente irrelevantes para la enseñanza y aplicación de reglas en sociedad. La atribución de agencia que hacemos a los seres con características sobrenaturales sí nos permite, a través de las narrativas, transmitir lecciones morales de todo tipo, del mismo modo que hoy, en pleno Siglo XXI, relatamos a nuestros hijos La Caperucita Roja con el fin de enseñarles que en el mundo real hay depredadores como el Lobo Feroz, que se hacen pasar por buenos y amables pero que en realidad ocultan malas intenciones. Las narrativas son la manera como los seres humanos aprendemos lecciones de teoría de la mente y teoría de juegos, necesarias para nuestras interacciones sociales.

En esto, la religión ‘emplea ideas y formas de pensamiento que apelan naturalmente a la mente humana, porque están arraigadas en módulos cognitivos maduracionalmente naturales' dice Robert McCauley (Why Religion is Natural and Science is Not, 2011), es decir, que la religión sirve de vehículo narrativo a los módulos cognitivos que a lo largo de nuestra evolución hemos desarrollado y adaptado. Y esas narrativas, siempre contraintuitivas (elemento esencial de los mitos religiosos es que tienen elementos sobrenaturales), facilitan al ser humano el aprendizaje y transmisión intergeneracional de importantes lecciones morales y de supervivencia, de un modo muy eficiente en términos cognitivos. La religiosidad, dicho de otro modo, es herramienta cognitiva eficiente porque permite lograr mucho con poco –en términos cognitivos-- y, por tanto, con poco insumo metabólico. Esto último es crucial, pues no olvidemos que Homo sapiens tiene un cerebro desproporcionadamente demandante de energía con respecto al resto del reino animal, y nuestra enorme complejidad cognitiva requiere gran eficiencia para ser sostenible en un contexto evolutivo en que la abundancia nutritiva nunca estaba garantizada. Los elementos contraintuitivos de las narrativas religiosas y supersticiosas facilitan la recordación, precisamente por ser contraintuitivos.

Ejemplo: las reglas de manejo de objetos contaminados. Es universal el módulo cognitivo que trata todo aquello que ha estado en contacto con un objeto o sustancia contaminante, como irremediablemente contaminado independientemente de la duración del contacto o la cantidad de sustancia contaminante contactada. Para el hiperracionalista sapiens moderno puede parecer ‘irracional' la tendencia –universalmente observada— a evitar al máximo el contacto con cosas o sustancias potencialmente contaminantes, o los ritos de ‘purificación' antes o después de haber entrado en contacto con objetos potencialmente contaminantes (como la preparación de cadáveres para su disposición ritual mortuoria). Pero esos ritos de ‘purificación', salvan vidas. La superstición, allí, es de mucha utilidad para toda sociedad que no haya escuchado jamás hablar de Pasteur, Koch ni de la Teoría Germinal de la Enfermedad.

‘Las supersticiones pueden ser vectores de reglas de administración de riesgos', y ‘las religiones existen para servir de administración de riesgos a lo largo de generaciones, ya que sus normas binarias e incondicionales son fáciles de enseñar y aplicar', dice Nassim Nicholas Taleb. Este dice también, acertadamente, que a la evolución no le importa si tus creencias son ‘correctas' o ‘incorrectas', lo que importa para la supervivencia es que tus creencias te lleven a evitar riesgos catastróficos. Y en eso, las supersticiones —y la religiosidad en general— son consistentemente efectivas.

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