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19 de Sep de 2019

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Violaciones en aumento

Al parecer, las conductas agresivas, en especial de personas que gozan de algún grado de poder

La presidenta de la Cámara Panameña del Libro, señora Orit Btesh, hizo un diagnóstico de la situación de la infancia y adolescencia en el país, al divulgar cifras de varias instituciones que de alguna manera cuentan con programas orientados hacia estos sectores sociales vulnerables. Conforme exponía cada uno de los indicadores, un sentimiento de asombro circulaba entre los presentes en el acto de inauguración de la Feria Internacional del Libro.

Los datos del estado de delitos contra la integridad sexual, según las denuncias presentadas ante el Ministerio Público, son elocuentes en atención a su gravedad por las implicaciones sociales que connotan. Desde el 1 de enero hasta el 31 de julio de 2019, hubo 3681 casos. 1521 violaciones; doblemente agravadas, 181; tentativas, 21; acoso sexual contra una persona entre 14 y menor de 18 años, 1333; actos libidinosos, 599 y acoso sexual, 26.

Las autoridades respectivas atienden por lo menos 10 casos diarios de los que se han desglosado en la lista anterior. En 2018, la cifra fue de 3439; es decir, en un año, aumentó en 7 %; mientras que en 2017 había sido de 3565 denuncias. Hay un movimiento oscilatorio; pues entre 2017 y 2018, disminuyó en un 3.5 % y luego se incrementó hacia 2019.

A pesar de que se han reforzado las estrategias socioeconómicas en la institucionalidad que gestiona tales políticas, el clima existente indica que la tendencia va en dirección hacia la continuidad de estos problemas y que las acciones adoptadas no logran alcanzar un nivel de seguridad que genere cambios y mayor madurez de la población. La realidad de este panorama ominoso, es reveladora de la salud en materia sexual de la sociedad panameña.

Al parecer, las conductas agresivas, en especial de personas que gozan de algún grado de poder, sobre otras con menores posibilidades de responder ante una amenaza, son constantes en la población. Corresponden al producto de vínculos asimétricos en sentidos, económicos, sociales y hasta en el campo de los espectáculos, según se aprecia en la información internacional, que da cuenta de estas presiones en el cine, moda y además en la política.

En el escenario local y con relación a menores, al documentar los incidentes que se producen y que ocasionan las quejas, se puede constatar el lazo que se establece entre el agresor y el agredido. Alguien cercano, un familiar o individuo que está en el círculo doméstico. Por lo general, hay siempre el descuido de los que deben avalar el círculo de seguridad y allí alguien aprovecha. El acoso contra adolescentes entre 14 y 18 años, constituye el 36.2 de los casos.

Iniciativas para revertir estas prácticas se han impulsado tímidamente. Aún no se desarrolla un amplio debate sobre educación sexual que impulse un conocimiento más profundo de los comportamientos de acosadores y sobre todo, que brinde material conciso y claves para establecer contactos sociales más profundos y respetuosos de los derechos de libertad sexual de las personas, no importa su condición, origen y nivel sociocultural.

Es una tarea que supone un amplio esfuerzo y superar costumbres y creencias tradicionales que no son suficientes para aportar soluciones de mayor trascendencia. El trabajo que corresponde a las instituciones que se ocupan de la promoción social deben ser más coherente y articulado. Es inconcebible que se desaproveche el alcance del sector salud con los centros de atención para ser utilizados en la divulgación de otras instancias.

¿Cuáles son los mensajes que requieren ser conocidos? ¿Cómo puede ser frenada la tasa de menores de catorce años que salen encinta? ¿Cómo lograr un aprendizaje y formación de la sexualidad de los adolescentes que no atente contra sus derechos y libertad? He allí tareas trascendentales para hacernos tan maduros como necesitamos.

PERIODISTA