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23 de Sep de 2019

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Operación silencio

La inspiración de la lírica de Amelia Denis de Icaza con el poema ‘Al cerro Ancón' y el ‘Canto a la Bandera' de Gaspar Octavio Hernández; las novelas de Joaquín Beleño

El silencio habla, grita, encarna los ideales de una nación aluvional como la panameña. El 2 de mayo de 1958 sembramos banderas de dignidad y honor en el enclave colonial de la Zona del Canal con la Operación Soberanía.

Los 60 estudiantes universitarios llegamos en silencio cívico y patriótico, caminamos ‘a pasos de vencedores' con la convicción del justo reclamo de nuestro pueblo: queremos un nuevo tratado canalero que elimine el nefasto Panamá Cede de 1903 con la perpetuidad y los ‘zonians'; que la bandera panameña sea la única en ser izada en el área canalera; que la vía acuática interoceánica sea administrada por Panamá y que recobremos la plena jurisdicción territorial en nuestro suelo patrio.

El silencio liberador lo sentíamos con la seguridad de nuestro ser ontológico, la emoción era intensa, habíamos perdido el miedo ante la agresión psicológica del imperio de Wall Street que hacía de ese territorio ‘off limits' para los panameños.

La inspiración de la lírica de Amelia Denis de Icaza con el poema ‘Al cerro Ancón' y el ‘Canto a la Bandera' de Gaspar Octavio Hernández; las novelas de Joaquín Beleño: ‘Luna verde', ‘Gamboa Rod Gang' y ‘Curundú'; los ensayos de Eusebio A. Morales, más la postura nacionalista de Guillermo Andreve, al denunciar las intervenciones estadounidenses en todo el país, nos fortalecieron el sentido de pertenencia, la memoria histórica y el alma nacional.

El silencio que rompe paradigmas surge del estudio y análisis del devenir nacional, del ejemplo de seres meritorios como Carlos A. Mendoza, José Dolores Moscote, Octavio Méndez Pereira, Domingo H. Turner, Diógenes de la Rosa, Carlos Iván Zúñiga, Jorge Illueca, Clara González, Sara Sotillo, Gumercinda Páez.

La lucha contra el Tratado Kellogg-Alfaro, el Convenio Filós Hines y el Tratado Remón-Eisenhower nos dan la valentía, la cual sustenta la acción pacífica de asediar al Coloso del Norte con la irrupción inédita del 2 de mayo de 1958.

La determinación de la juventud, con el respaldo de la ciudadanía militante, asume la invariable actitud de nunca más permitir un enclave colonial ni que otra bandera mancille la Patria Sagrada de León A. Soto, Victoriano Lorenzo y Sebastián Tapia.

Carlos Arellano Lennox, como presidente de la Unión de Estudiantes Universitarios (UEU), dirige la Operación Soberanía como parte del acuerdo del II Congreso Extraordinario de la Federación de Estudiantes de Panamá del 12 de diciembre de 1957, que considera como máxima prioridad del movimiento estudiantil, la plena jurisdicción nacional en la Gran Zanja. Arellano con su equipo organizan una estrategia que sorprendió a la CIA, el FBI, la policía zoneíta y a la seguridad nacional. Se estudió a detalle todos los pormenores y los protagonistas éramos conscientes del riesgo que asumíamos, entramos con alegría, sin temores y con un silencio de catacumbas.

‘Esa mañana inmensa', con el sol radiante y un silencio bíblico, los hijos de los caminos oceánicos y del polvo de las civilizaciones precolombinas vencimos la adversidad con ‘la resonancia del amor y el crepitar del coraje'. Éramos los hijos de un parto difícil, doloroso y traumático de una nación violada por las águilas imperiales, pero con la virginidad primigenia de un poblado de pescadores que acogió una ciudad eterna de más de 500 años de existencia. El silencio de siglos se alimentó del agua viva y de la ‘sal nutriente de una ilusión flotante', la cual determinó que nunca nos entregamos, pues vivimos una épica de la esperanza.

La Operación Soberanía cambió el rumbo en las negociaciones canaleras, de la etapa revisionista se avanza a la abrogación del Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903, saga que culmina el 31 de diciembre de 1999. La juventud quijotesca, con sed de soberanía, hace historia. La epopeya de las banderas es una hazaña sin precedentes. En silencio sembramos nuestra bandera pitagórica, pero el mundo escuchó nuestro grito gigantesco de Soberanía en el enclave colonial.

Nota : Las pinceladas poéticas son de Manuel Orestes Nieto de ‘El deslumbrante mar que nos hizo' (2013).

DOCENTE, HISTORIADOR Y ESCRITOR.