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06 de Jun de 2020

Columnistas

Levedad del ser

¿Saben qué? Yo creo que aquí solo hay un problema, y es que las personas no saben estar con ellas mismas

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HolaPixabay.

Yo no me agobio. Ni me aburro. Ni me asfixio, angustio o abrumo.

No considero que este sea el peor año de la historia, y estoy preocupada por la civilización en la misma o parecida medida que siempre, es decir, estoy convencida de que nos estamos yendo a tomar por el caño desde hace milenios. Eso es noticia de antes de ayer.

Estamos en medio de una pandemia y todo el mundo está histérico, de miedo, de preocupación o de claustrofobia.

¿Saben qué? Yo creo que aquí solo hay un problema, y es que las personas no saben estar con ellas mismas.

Mientras las ruedas del mundo giran, todos estamos muy entretenidos haciendo. Haciendo cosas. Haciendo planes. Haciendo proyectos. Haciendo amistades. Haciendo hijos. Haciendo cagadas.

Cuando nos coartan el hacer, solo nos queda el ser. Y la ontología ha sido olvidada por muchos durante mucho tiempo. El ser nos queda grande, o pequeño. Como quiera que sea, el ser no nos ajusta.

Nos dejan a solas con nosotros mismos, (a solas con nosotros, aunque estemos acompañados, tanto da, que mirarse en el otro es peor que no poder verse), y no nos gustamos a nosotros mismos. Y buscamos distracciones para no ver la cara del monstruo que tenemos dentro.

La mayoría de la gente no está satisfecha con la clase de persona en la que se ha convertido. Ni le gusta la clase de vida que ha elegido o que ha permitido que eligieran por ellos.

Nos agobia no hacer cosas, nos enferma no anestesiarnos con salidas, entradas, tranques, reuniones, tareas, deberes, subidas y bajadas, peleas y bulla, porque el silencio nos enfrenta a la realidad de mierda que es nuestra vida.

Yo escucho a la gente acongojarse y los escucho de verdad, hay muchos a los que el pecho se les aprieta de preocupación por los afectos, y los entiendo y los acojo, pero otros, muchos otros no tienen razones reales para tanta tribulación. Se mortifican por querer salir de casa, ¿por qué? Pues porque no les gusta lo que tienen dentro, porque es fácil hacer oídos sordos y la vista gorda cuando pasas en casa una hora en vigilia y apenas cinco dormido. Pero ¿qué puedes hacer cuando tienes que aguantarte y aguantar tus decisiones durante veinticuatro horas al día? Ya te has visto todas las series habidas y por haber, no lees porque la lectura es un ejercicio de reflexión solitaria, quita, quita, que eso me mortifica. Miras al que tienes enfrente y te sobresaltas, ¿quién es ese desconocido y porqué mierda has llegado a convivir con él? (O con ella, no me sean tiquismiquis, que eso también es querer tirar balones afuera, céntrense en lo importante) ¿En qué momento las bendiciones se han convertido en esos monstruitos egoístas y malcriados?

Ya hablé hace un par de columnas de los que se saltan la cuarentena porque lo material los obliga, y ahora quiero que ustedes, aquellos a los que lo material no los obliga, reflexionen acerca de la razón por la que están tan agobiados por tener que estar en casa. Una casa con todas las comodidades, con comida, con una seguridad económica así sea mínima, con los hijos a salvo y los padres también, ¿por qué mierda no son capaces de quedarse quietos en su puta casa? ¿Por qué usan las influencias, los salvoconductos y las prerrogativas para poder escapar de su supuesto encierro así sea un par de horas al día?

Pues la única respuesta que se me ocurre es que son ustedes tan sumamente insoportables que ni ustedes mismos quieren pasar la cuarentena en su propia compañía.