Temas Especiales

04 de Jul de 2020

Danilo Rivera / Elpidio González

Columnistas

Empleo informal, teletrabajo y coronavirus

Danilo Rivera y Elpidio González.

En el contexto de la crisis sanitaria producto del avance del coronavirus, el número de contratos suspendidos (77 366 al 22 de abril) que publica el Ministerio de Trabajo se ha convertido en el principal indicador del impacto de las medidas de cuarentena sobre el mercado laboral. Sin embargo, en una economía con un nivel de empleo informal de 44.9 %, si solo observamos lo que sucede con los empleos formales, corremos el riesgo de subestimar la magnitud de esta crisis. A continuación, realizamos una estimación sobre el nivel de desempleo que puede estar afectando a los trabajadores informales.

Vale la pena comenzar con algunos datos y tendencias que describan el sector informal. En el 2019, de acuerdo con la Encuesta de Mercado Laboral del INEC, 716 113 personas laboraban en la informalidad. Algunos analistas suelen explicar el crecimiento del número de trabajadores informales por la aparición del emprendimiento basado en “start-ups”, la transición hacia nuevas formas de negocio y la innovación, usualmente asociada con la denominada “economía naranja”. Los datos no sustentan estas afirmaciones. En primera instancia, la informalidad es un problema estructural de vieja data, no solo de la economía panameña, sino de gran parte de las economías latinoamericanas: según CEPAL, en 1991 la informalidad urbana en el país fue de 34 %, mientras que el INEC, en 2004, estimó que los trabajadores informales representaron un 46.9 % del total de la población económicamente activa (PEA) no agrícola.

Los asalariados de empresa privada en condición de informalidad (23.8 %), los trabajadores del servicio doméstico (9.6 %) y los trabajadores familiares (4 %) representan un tercio de la informalidad. Estas categorías tienen muy poco que ver con las actividades de emprendimiento y “start-ups”.

Los cuentapropistas o independientes representan un 59 % de la informalidad. Se podría argumentar que el efecto del emprendimiento se condensa aquí, pero esto no parece factible. En primer lugar, el 65 % de los trabajadores independientes se desempeña en actividades tradicionales de la economía panameña: 23.3 % de los cuentapropistas labora en el comercio al por menor (aquí se incluyen vendedores ambulantes), 15.4 % labora en el sector de transporte (conductores de taxis y buses), 14.3 % en la industria manufacturera y 12.2 % en la construcción. En las actividades asociadas con la denominada “economía naranja” (artes, ciencias, información y comunicación) labora apenas un 5.8 % de los trabajadores independientes.

Una vista preliminar de estos datos no apoya la narrativa del emprendimiento como factor de gran importancia en el aumento y la persistencia de los trabajadores informales en nuestra economía. Si consideramos que la informalidad ha aumentado en los periodos de menor crecimiento económico, este fenómeno parece asociarse, más bien, con un mercado laboral excluyente. Dicho de otra manera, la informalidad podría imaginarse como una especie de colchón, cuya función es absorber el crecimiento de la PEA que no encuentra espacio en el sector formal. Esto es particularmente importante en términos de política económica, puesto que, si los informales tienen mayor exposición a los “shocks” adversos de la economía, serán una población más vulnerable en contextos de crisis como la actual.

Estimar el desempleo en este sector de la población es bastante complejo, debido a que los informales no se encuentran afiliados a la seguridad social, gran parte no está registrada como contribuyente y, además, muchas de sus actividades no están amparadas bajo la figura de contratos. La aproximación que describiremos se basó en la probabilidad que tienen los trabajadores informales de realizar su labor desde casa, considerando la ocupación que ejercen. Para esto nos apoyamos en el reciente artículo de los investigadores de la Universidad de Chicago Jonathan Dingel y Brent Neiman “How many Jobs can be done at home?”, un análisis del teletrabajo en la economía estadounidense. Dicho estudio evaluó 968 ocupaciones, clasificándolas en dos categorías: factibles y no factibles de realizarse desde casa. Homologamos las ocupaciones con la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones (CIUO) de la Organización Internacional del Trabajo, clasificación que sirve de base para que el INEC elabore el Clasificador Nacional de Ocupaciones (CNO). Posteriormente, calculamos probabilidades promedio globales basadas en los nueve grupos de ocupaciones que presenta el CNO y las aplicamos a los valores de informalidad presentados por ocupación. Las categorías con un menor valor de esta probabilidad están más expuestas al desempleo, puesto que los trabajadores no podrán sustituir trabajo presencial por teletrabajo. Consistente con lo esperado, el nivel de calificación de las ocupaciones es un predictor importante de la probabilidad que tiene un informal de realizar su labor desde casa.

Las categorías con menos exposición al desempleo son las de directores y gerentes; profesionales, científicos e intelectuales y empleados de oficina. Las más expuestas son las de operadores de instalaciones fijas; artesanos y trabajadores no calificados. En general, es probable que unos 614 999 trabajadores informales se encuentren desempleados o sean desempleados potenciales actualmente. Esto representa un 85.9 % del total de informales y un 32 % del total de la PEA. Contemplando el nivel de desempleo previo a la pandemia (146 111), los contratos suspendidos (77 366 al 22 de abril) y los informales, es probable que la tasa de desempleo sea superior al 40 % o esté próxima a alcanzar esta cifra.

La comprensión de la informalidad desde perspectivas con mayor sustento técnico y, a su vez, con enfoques mucho más integrales, nos permitirá entender mejor las dinámicas del mercado laboral panameño y afrontar esta crisis y las que estén por venir.

Economistas