11 de Ago de 2022

Columnistas

En busca de mi identidad

Este cambio radical me hizo entender que no me importaba conseguir la aceptación o no de las personas sino la mía propia.

Por más de 15 años viví esclavizada a los químicos, planchas y secadores, con tal de mantener mi cabello liso y encajar perfectamente en los estándares de belleza que la sociedad impone. Sí, leyó bien, que la sociedad impone!

Recuerdo que para mí graduación de primaria mi mamá decidió hacerme un relajante en el cabello, para la tan anhelada foto del recuerdo. En ese momento si no lucias el cabello lacio en tu foto no estabas en nada. Desde aquella época nunca más volví a dejar crecer mi cabello natural, solo recuerdo horas y horas en los salones de belleza soportando quemaduras y jalones de pelo.

¿Cuántas mujeres están en la misma situación? La respuesta muchas, a las que se nos dice que el cabello rizado y afro, es malo, feo, antiestético y para nada profesional. Las mismas que hemos crecido pensando que para tener un buen empleo necesitamos el cabello más lacio del mundo, que no podemos conseguir un esposo si no lucimos como las chicas de las revistas.

Pero saben que, si es posible recuperar nuestra identidad. Hace un tiempo una amiga inició un proceso llamado “transición”, es decir, dejar crecer tu cabello natural hasta que tenga cierto largo y luego cortar toda la parte dañada por los químicos y las planchas. Me sorprendí tanto al verla, pero me gustó ese cabello rizado y hermoso que le estaba creciendo; recuerdo que le pregunté qué productos utilizas para cuidarlo? Me dio una explicación detallada sobre la utilización de tratamientos naturales, productos comerciales y cuidados que debía tener, y lo más importante me dijo: “anímate te gustará cuando veas crecer tu cabello rizado”.

Confieso que esa conversación me dejó pensativa por muchos días; tal vez no sería tan difícil porque yo había dejado de hacerme químicos hacía muchos meses. Desde entonces empecé a instruirme, ver videos, leer, seguir a especialistas en cabello rizado hasta tomar la decisión que marcó un antes y un después en mi vida, en diciembre de 2019, decidí hacerme el gran corte o sea que me corté todo el cabello procesado químicamente para dejar crecer mi cabello natural, tal vez una decisión valiente en un mundo que no está acostumbrado a ver muchas mujeres con el cabello corto.

Mi decisión sorprendió a mi familia, amigos y conocidos, quienes lo tomaron de la mejor manera. Sin embargo este cambio radical me hizo entender que no me importaba conseguir la aceptación o no de las personas sino la mía propia. Era tiempo de aceptar mis raíces, mi cabello rizado que ya no recordaba cómo era y al cual amo y me emociono hoy día de ver.

Decidí encontrar mi identidad, luchar contra los eternos estándares de belleza de la sociedad; demostrarme que puedo lucir mi afro sin dejar de ser una mujer profesional, apasionada por su trabajo y que hoy les plasma su historia en ese artículo. Hoy puedo decirles que después de tanto tiempo me encontré a mí misma, me miro al espejo y me siento orgullosa de ser negra, soy feliz con lo que veo, con lo que soy y con lo que he logrado.

Con esto no quiero decir que la identidad de los afrodescendientes se resume a nuestro cabello, color o manera de vestir. Sencillamente cada uno es libre de lucir como mejor le parece, pero es hermoso preservar por los años nuestras raíces y costumbres. Entender que cada uno es especial porque así Dios nos creó y debemos amarnos tal cual.

Hoy finalizando el mes de la “Etnia Negra”, quiero extender mis felicitaciones a todos y todas las afrodescendientes, quienes históricamente han realizado importantes e incalculables aportes contribuyendo al desarrollo del país; y que cada año durante todo un mes disfrutamos de vistosos desfiles con atuendos propios de la cultura, actividades escolares e incluso laborales; así como la degustación de su variada gastronomía. Desafortunadamente este año por causa de la pandemia no podemos disfrutar de todo lo que esta hermosa cultura nos ofrece.