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06 de May de 2021

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Tierra del oro

La patria es el lugar de los afectos, allí lloras, ríes y trabajas, allí siembras las raíces compartidas de las ilusiones. La patria es el hogar, la memoria e identidad.

La patria es el lugar de los afectos, allí lloras, ríes y trabajas, allí siembras las raíces compartidas de las ilusiones. La patria es el hogar, la memoria e identidad. Y Panamá, es también la patria de Pedro Martínez Cutillas, aquí, como Cristóbal Colón, se enamora de su mar cristalino, del verde voluptuoso, de sus lluvias interminables y silencios largos. Aquí la lejanía de la amada España permaneció inalterable en su corazón de cristal y en su memoria fresca.

Panamá tierra de promisión, de aguas vivas, lo bautiza con sentimientos inéditos y en él, nacen con las ninfas del Chagres nuevos recodos, en los cuales anidan emociones distintas que hacen de Pedro Martínez Cutillas un panameño.

Y el amor por la nación ístmica lo expresa con dos libros excepcionales, Panamá Colonial, Historia e Imagen (2006) y Veragua en el siglo XVI. Historia e imagen (2010).

Pedro Martínez Cubillas sin ser un historiador, aborda con las herramientas de la heurística y la hermenéutica el devenir de la conquista y colonización de Castilla del Oro.

Panamá es la tierra codiciada de Balboa, Pedrarias, Gaspar de Espinoza y Francisco Vázquez. Aquí Francisco Pizarro acuerda la conquista del Perú. Panamá es el centro logístico para la expansión española en el Pacífico americano. Y de todo eso, se ocupa, con devoción de bibliófilo, Pedro Martínez Cubillas.

Veragua, el mito dorado

Cristóbal Colón, en su cuarto y último viaje por el Caribe, arriba al litoral panameño. Su encuentro con Quibián lo deslumbra, aquí está el tan ansiado auristán, la tierra del oro.

La lettera rarísima, del 7 de julio de 1503, determina a Panamá como la ruta del dinero fácil, nace la quimera dorada, y a los reyes de España se le dispara la avidez y le dan el nombre de Castilla del Oro.

Panamá es la escuela de los conquistadores, los hombres de la espada, la pólvora y la cruz, aquí desnudan las ambiciones y las pasiones se animalizan, ríos de sangre y fuego tiñen el suelo del istmo. Pedro Martínez lo narra con precisión, surgen las imágenes de Santa María de Belén (1503), la toponimia del litoral atlántico, la resistencia heroica de Quibián, de Santa María La Antigua del Darién, el encuentro con el Mar del Sur, la fundación de la ciudad de Panamá, la decapitación de Balboa, el eje comercial y estratégico de Nombre de Dios, Panamá y el Perú.

El Requerimiento llega con la Armada de Pedrarias y se aplica, inmediatamente, en nuestras tierras en 1514. Documento de vasallaje con fundamentos teocráticos, justifica el genocidio de los aborígenes, la esclavitud y lenta agonía. Nos recuerda “la Causa Justa” de la invasión estadounidense en 1989.

La ciudad de Pedrarias es el polo de conquista de la región central del istmo panameño. Se funda Natá como plataforma para el dominio de Veragua. Gaspar de Espinoza, es el hijo del diablo, la crueldad carece de límites.

La épica de los aborígenes es de antología, primero Quibian, luego Natá, París, Escoria, Estíber, Chochama, Cherú, Guarare, Usagama y el invencible Urracá.

Los Hércules de Veragua defienden con arrojo e inteligencia estratégica las tierras, más de 5000 españoles perecen en las acciones bélicas. La tenaz lucha solo es vencida por una tecnología sanguinaria, armas de fuego, caballos y perros. Durante 40 años se da la gran épica indígena contra los españoles en Veragua.

La actual población del Tabasará, el Doboteme, los ngäbe son los herederos de ese legado de héroes. Mama Chii (1960) y Silvia Carrera (2012) son la voz contestataria de una nueva lucha contra la explotación de sus recursos.

Hacer las Américas

Los conquistadores sueñan con hacerse ricos y poderosos, Veragua y su riqueza aurífera despiertan el huracán tormentoso de las pasiones humanas más extremas, matar, robar, mentir, es la avaricia disfrazada de la evangelización. Al explotar las minas con esclavos indios y negros, desarrollan el juegavivo, la ley se acata, pero no se cumple. Aplican la política del “caramelo envenenado”.

Pedro Martínez Cubillas narra, al estilo de un fabuloso Cronista de Indias, esa trama alucinante y grotesca de odios, egoísmos y miserias humanas.

El autor de Veragua en el siglo XVI, con honestidad intelectual, le hace un justo reconocimiento a los historiadores panameños como Carlos Manuel Gasteazoro, Celestino Andrés Araúz, Patricia Pizzurno, Alfredo Castillero Calvo, Omar Jaén Suárez, Alfredo Figueroa Navarro, Argelia Tello, Diógenes Cedeño Cenci, Rubén Darío Carles, Alberto Osorio, Juan B. Sosa y Ernesto J. Castillero, entre otros.

Martínez Cubilla diseña la obra con seis ejes temáticos, al final de cada capítulo incluye las notas correspondientes. El texto destaca los documentos originales de los diferentes archivos consultados, complementa lo narrado con ilustraciones de mapas y planos, fotos artísticas, pinturas clásicas, facsímiles. La impresión es impecable, de lujo, en papel laminado, tapa dura, formato adecuado, literaria de calidad. La obra se puede consultar en la Biblioteca Nacional, principales universidades del país y reconocidos centros de estudios e investigaciones.

Recomiendo la obra como estudioso de la historia, lector crítico, bibliotecario y ciudadano orgulloso de un devenir existencial que se caracteriza por ser una épica de la esperanza.

Referencia bibliográfica: Martínez Cutillas, Pedro. Veragua en el siglo XVI. Historia e imagen / Salamanca: Ediciones Balboa, 2010, 543p. il.

Dedicado a Ana Elena Porras, Dama de la Soberanía, humanista y a José Álvaro, siempre contestatario y docente de historia de la Universidad de Panamá.

Historiador, docente, escritor.