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- 26/06/2013 02:00
Joyas en el cementerio
La sociedad panameña ha sido testigo de un cambio trascendente en su sistema de transporte urbano con la paulatina desaparición de los viejos buses estadounidenses, llamados localmente ‘diablos rojos’ y la llegada del sistema de Metrobús que moderniza aquella flota de cualidades variopintas y altera las costumbres establecidas desde hace más de medio siglo para movilizarse en la ciudad.
El proceso ha sido complejo. Las viejas unidades se han retirado luego del pago de caras compensaciones y dejan las calles a los nuevos modelos. Pero, ¿hacia dónde se han marchado y qué ha sido de ellas? Sofía Verzbolovskis se hizo esa pregunta y luego de indagar, conoció que había un cementerio y ‘desguazadero’ en la comunidad de Veracruz. Allá fue y constató esta realidad cruel y absurda.
Grandes grúas amontonan los vehículos que antes eran el medio de desplazamiento de los capitalinos, los achurran, desarman, agrupan sus partes y convierten en chatarra todo este sobrante. Sofía, que reside en Nueva York donde se dedica a la fotografía, quedó impactada, pues el arte inmerso en estos autobuses, se reducía a viejos hierros retorcidos y chamuscados.
‘Me causó una pena horrible; pensé que se podía hacer mucho más con toda esa belleza pintada en sus puertas y cubierta de lata y acero. Es doloroso, porque es importante tener algún tipo de recordatorio de una cultura de más de cuarenta años’, afirmó cuando explicaba la impresión que le había causado ver cómo desaparecían bajo las palas y tenazas de los gigantes y corpulentos aparatos que mueven las piezas y las aplastan.
La joven periodista decidió entonces registrar detalladamente y mediante fotos este panorama en el cementerio de los buses. Cada pieza descartada, defensa, ventanal, techos, frente, radiador, ‘nariz’ y detalles se convirtió en un objetivo del lente de Verzbolovskis y por tanto, mudó su condición de desecho a pieza de arte y ganó un valor plástico, que ahora ella expone en la sala Allegro.
Allí, unas 23 fotografías de diferentes dimensiones cuelgan de las paredes y testimonian el estado de los difuntos de metal, cuyos esqueletos son desarticulados para reducirlos a materiales que serán procesados y quizás exportados para reciclar. Pero en el desguace también se pierden trabajos de diseñadores que en décadas adquirieron la destreza de pintar figuras, personajes y paisajes en los ‘diablos’ y que les tipificaron durante años.
Cada vehículo era una obra de la creatividad de un artista popular. Uno de ellos, Andrés Salazar, explica con mucho detalle su trabajo, unas puertas que muestran a Fantomas, ‘la amenaza elegante’ y otra sobre el viejo luchador ‘El ídolo’. A sus 58 años y a pesar de su padecimiento en los riñones que le obliga a recibir tratamiento de diálisis, aún recuerda cómo aprendió a pintar, gracias al apoyo de su auspiciadora, Sandra Eleta.
Las imágenes de la periodista gráfica exponen la belleza de las piezas que quedan entre la maleza y la tierra a la espera de su transformación para la eliminación definitiva y se observa cómo el color, protagonistas, frases, nombres y leyendas afirman las implicaciones culturales del transporte urbano. Ella no está satisfecha; ‘algo se pudo hacer, por ejemplo escoger algunas unidades y crear una especie de ruta del diablo’.
La idea es aprovechar la carga visual y organizar recorridos turísticos, que permitan a los visitantes saber qué era el modelo de movilización masiva y a los nacionales, generar recuerdos sobre un elemento de la historia que tuvo tanto significado y que por fin, dio paso a una modalidad diferente, y hoy solo deja una bruma de nostalgia.
PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.