• 03/04/2026 00:00

Cuando los datos crean empleo: el poder de conectar talento y demanda

Cada año, el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) de la Contraloría General de la República publica los resultados de la Encuesta del Mercado Laboral. La más reciente, correspondiente a septiembre de 2025, ofrece una radiografía valiosa: la población ocupada alcanzó 1,9 millones de personas, con un incremento aproximado de 27,500 respecto a octubre de 2024. Este crecimiento fue impulsado principalmente por las mujeres, con más de 21,000 nuevas ocupaciones, frente a 6,000 en hombres. Por su parte, el empleo informal se mantuvo relativamente alcanzando a casi la mitad de esa población económicamente activa, en un 47.1%, mientras que la tasa de desocupación se ubicó en 10.4%.

Estos datos, en efecto, son indicadores macroeconómicos que permiten entender tendencias generales del mercado laboral, medir el pulso de la economía y orientar decisiones de política pública. Sin embargo, también tienen una limitación importante: que no reflejan con suficiente profundidad la realidad de los sectores más impactados, ni ofrecen información detallada sobre quiénes son, dónde están y qué saben hacer tienen las personas desempleadas o quienes están en la informalidad.

Aquí surge un problema clave. Si una administración pública decide implementar un plan para formalizar el empleo o reducir el desempleo, se enfrenta a una barrera estructural: la falta de información detallada para actuar con precisión. No basta con saber cuántos desempleados hay; es imprescindible conocer sus habilidades, formación académica, ubicación geográfica y aspiraciones laborales. Sin estos datos, cualquier política corre el riesgo de ser generalista, poco eficiente y de bajo impacto.

La solución está en los datos de empleabilidad.

Bajo un enfoque que respete la protección de datos personales, resulta indispensable construir sistemas que permitan perfilar a la población desocupada. Esto implica identificar características sociales, demográficas y académicas que permitan diseñar estrategias de inserción laboral mucho más efectivas.

Imaginemos, por ejemplo, que se identifica una alta concentración de contadores públicos autorizados desempleados en la provincia de Herrera. Este dato, bien gestionado, podría convertirse en una oportunidad: firmas contables podrían establecer operaciones en la zona, aprovechando costos más bajos y generando empleo local, incluso prestando servicios a clientes en otras regiones del país. Así, la información no solo reduce el desempleo, sino que dinamiza economías regionales.

Este enfoque no es nuevo. El Código de Trabajo, en su capítulo sobre el servicio de empleo, ya establece la necesidad de registrar y asesorar a los buscadores de empleo, generando información clave sobre la oferta laboral del país. Más recientemente, el Decreto Ejecutivo No. 3 del 22 de abril de 2024 reglamentó este servicio, reforzando la importancia de recopilar datos que permitan una mejor planificación de la empleabilidad.

Además, existen precedentes positivo. A inicio del 2024 se publicó el primer informe del Perfil de la Mano de Obra Migrante, con base en la nueva regulación de la migración laboral implementada el año anterior, lo que permitió conocer el perfil, edad y formación académica, entre otros datos de interés social y económico de personas nacidas en otros países que viven y trabajan en Panamá. Esta información ha demostrado ser valiosa para entender el aporte de esta población y es súper útil para diseñar políticas más acertadas.

Inteligencia artificial para buscar empleo.

Hoy, en un contexto de transformación digital, incluso es posible aplicar inteligencia artificial para conectar vacantes con perfiles laborales, identificar brechas de habilidades y recomendar rutas de formación rápidas y pertinentes para las personas, con un enfoque personalizado, reconociendo que no todas las personas son iguales y tienen las mismas necesidades. Esto permitiría que una persona desempleada pueda capacitarse en semanas o meses para ocupar una vacante disponible en su propio entorno, generadas por nuevos empleos que se crean, las renuncias de los existentes o cualquiera otra situación, acortando también los tiempos de reclutamiento en las empresas.

En definitiva, el problema del empleo no es solo la falta de oportunidades, sino la desconexión entre la oferta y la demanda laboral. En un país donde coexisten vacantes sin llenar y personas buscando trabajo, la brecha tiene nombre: formación y alineación con el mercado. Y esa brecha solo puede cerrarse con datos.

Fortalecer la cultura de recolección y uso de datos de empleabilidad, tanto desde los buscadores de empleo como desde las empresas, no es una opción en este momento económico del país, es una necesidad. Porque cuando la información se convierte en estrategia, el empleo deja de ser una estadística y pasa a ser una oportunidad real de desarrollo.

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