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30 de Oct de 2020

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Rafael Carles

Lector Opina

Enfoque integral para combatir el hambre

La cifra de personas en el mundo que pasan hambre supera los mil millones, número que no ha variado en los últimos cuarenta años

Han pasado cincuenta años desde que el presidente Kennedy sugirió en un discurso acabar con el hambre del mundo y designó el 16 de octubre como Día Mundial de la Alimentación. Al igual que entonces, la situación hoy con la producción de alimentos es grave y debemos preguntar si existen, además de la industrialización de la agricultura y el uso de semillas de alta tecnología, otras opciones más efectivas para alimentar la población mundial en los próximos años.

La cifra de personas en el mundo que pasan hambre supera los mil millones, número que no ha variado en los últimos cuarenta años, a pesar de que ha disminuido como porcentaje de la población total. Actualmente se producen suficientes calorías, alrededor de 3000 por día por humano, más que las necesarias para cumplir con la proyección de las Naciones Unidas de una población de nueve mil millones en 2050. Es decir, la gente pasa hambre no porque la comida es insuficiente, sino porque no todas las calorías son utilizadas para alimentar a los seres humanos. Un 30 % se usa para alimentar animales, 10 % para producir biocombustibles y otro 30 % se desperdicia a lo largo de la cadena alimentaria.

Como consecuencia, el sistema actual no es ecológica ni económicamente sostenible y solo permite que una mitad del planeta coma bien y la otra pelee por las migajas restantes. No olvidemos que mientras mil millones pasan hambre, otros tres mil millones sufren de obesidad, sobrepeso o tienen deficiencias nutricionales. Pero lo peor es que el crecimiento de 25 % de la población global pronosticado para los próximos veinte años duplicará la demanda de productos cárnicos, con el inconveniente de que no hay la tierra, el agua ni los fertilizantes para sostener los niveles actuales de consumo que existen en el hemisferio occidental.

Por tanto, si queremos asegurar comida para todos y desarrollar una agricultura que ayude la preservación de la salud y la productividad de la tierra, debemos dejar a un lado el modelo industrial y abandonar la producción de alimentos procesados que es la principal causa de enfermedades no transmisibles como hipertensión, diabetes, cáncer y obesidad.

Existen dos sistemas de producción de alimentos, el industrial administrado por las grandes corporaciones y el artesanal manejado por pequeños productores o campesinos. La verdad es que el artesanal es más eficiente que el industrial, al comprobarse que el sistema industrial utiliza 70 % de los recursos agrícolas y proporciona 30 % de los alimentos del mundo, mientras que el artesanal produce el 70 % restante con solo el 30 % de los recursos.

Sí, es cierto que el rendimiento por hectárea de cualquier monocultivo industrial es más alto que el mismo cultivo sembrado por un campesino. Pero mediante la diversificación de cultivos, animales y plantas, y la plantación de árboles que proporcionan no solo fruta, sino refugio para las aves, sombra, fertilidad a través del reciclaje de nutrientes y más, los pequeños propietarios puedan producir más alimentos (y más tipos de alimentos) con menos recursos y menos costos de transporte. Además, esto significa menos huella de carbono, más seguridad alimentaria, mayor biodiversidad y mejor estrategia para mitigar los efectos del cambio climático.

En realidad, si definimos productividad en términos del número de personas que comen por hectárea y no en función de las libras por hectárea como equivocada y usualmente hacemos, observamos que los Estados Unidos, por ejemplo, está detrás de India y China y por debajo del promedio mundial cerca de Bangladesh y Sudán, porque la mayoría de los alimentos que produce son destinados para animales y biocombustibles. Por tanto, es una falacia sostener que el actual enfoque de producir alimentos industrialmente asegura comida para el futuro.

Es lamentable que en el último siglo hayamos abandonado a nuestros pequeños productores y reemplazado por un modelo industrial. No cabe duda de que con entrenamiento y un reajuste de las cadenas alimentarias, estos mismos campesinos pueden lograr una mayor productividad alimentaria para todos. Porque producir alimentos por el simple hecho de sembrar y cosechar, resulta tan perjudicial como el hambre misma, un problema que todavía hoy no comprendemos en su totalidad y que obliga a que autoridades y consumidores todos entiendan que no son hamburguesas, papas fritas y sodas las que suplirán nuestros requerimientos nutritivos en el futuro.

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