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07 de Apr de 2020

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Rafael Carles

Lector Opina

El dilema del azúcar

Uso sin abuso

Los expertos en salud hemos tratado por años y por todos los medios de ayudar a las personas a reducir el consumo de azúcar en la dieta. La Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso en 2011 la idea de que un máximo de 10 % de las calorías consumidas en un día provinieran de azúcares. Igualmente, la Asociación Americana del Corazón estableció límites más estrictos en 2013, señalando que las mujeres deben solo consumir alrededor de 100 calorías al día de azúcares agregados y los hombres no más de 150 calorías. Y finalmente, este año, por primera la Agencia de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) acogió el tope de 10 % y señaló que los niños de 1 a 3 años no deben consumir más de 25 gramos de azúcar al día.

Es cierto, hay una gran cantidad de azúcar escondida en la cadena de alimentos, y no se trata únicamente de dulces. Los edulcorantes calóricos como el azúcar, la miel y el jarabe de maíz de alta fructosa se encuentran en lugares obvios como sodas, jugos concentrados y galletas, pero también están al acecho en alimentos como yogur, granola, panes integrales, kétchup, conservas de frutas, sopas preparadas, aderezos para ensaladas y salsas para amarinar.

Según cifras de la Encuesta de Salud y Nutrición de Hogar realizada por el Ministerio de Salud en 2013, casi la mitad del azúcar que consumen los panameños proviene de bebidas azucaradas, y no solo de sodas y chichas, sino también del café endulzado y bebidas deportivas. Aunque calóricamente hablando el cuerpo humano no distingue entre los azúcares agregados y los azúcares naturales, metabólicamente sí existen grandes diferencia. Por eso, es urgente implementar una norma de etiquetado de azúcares agregados para que los consumidores estemos informados clara y verazmente sobre la cantidad de azúcares en los alimentos. La comunidad de dietista del Consejo Internacional de Información Alimentaria, que recibe fondos de las empresas de alimentos y bebidas, incluyendo Coca-Cola y PepsiCo., resaltó en un comunicado que están en contra de la propuesta del etiquetado de azúcares agregados y que la gente debe vigilar su peso y tener más en cuenta las calorías totales.

El tope del 10 % se deriva de modelar diferentes tipos de patrones de dietas saludables (americana, mediterránea y vegetariana) y determinar la cantidad de calorías discrecionales que un individuo necesita para vivir. El azúcar representa aproximadamente el 20 % de la ingesta calórica de los panameños, por lo que el objetivo del 10 % será un reto. Y eso que es una cifra media: las personas más jóvenes y de escasos recursos tienden a consumir mayores cantidades de azúcar y tendrán que hacer recortes más profundos para llegar a la meta. Los niños y los adolescentes obtienen el 24 % de sus calorías del azúcar, una cifra que se reduce a 18 % de calorías para los adultos de entre 20 y 39 años, con caídas adicionales cuando la gente envejece, según datos del Ministerio de Salud.

Si bien las directrices dietéticas en otros países han sido alentadoras para convencernos de recortar el azúcar en Panamá, la atención siempre se ha centrado en la prevención del aumento de peso. Lo cierto es que una dieta alta en azúcar tiene efectos metabólicos graves para la salud y además produce enfermedades crónicas, inflamación, hipertensión y resistencia a la insulina. Además, está comprobado que el exceso de azúcar en los alimentos es un riesgo que aumenta los índices de muertes por enfermedades cardiovasculares y cáncer.

Ojalá que el tope del 10 % de azúcar en la dieta no se convierta en una disputa política ni en un bumerán nutricional. Por un lado, cada vez que el tema de los alimentos llega a un debate legislativo, termina con el tráfico de influencias y un poderoso cabildeo, siempre favoreciendo las posturas insanas de las empresas poderosas. Y por otro, recordemos que en el pasado, cuando los médicos y expertos en nutrición abogaron por dietas bajas en grasa para reducir el riesgo de enfermedades cardíacas, se dio lugar a una proliferación de productos bajos en grasa que eran altos en azúcar.

Llamemos a estas dos situaciones consecuencias imprevistas o daños colaterales de decisiones políticas tomadas sin conocimiento ni causa. Porque cada vez que las autoridades centran su atención en un solo componente de la dieta y se olvidan de los demás, obtenemos resultados descabellados. No olvidemos que el problema del azúcar no es el uso sino el abuso.

*EMPRESARIO, CONSULTOR EN NUTRICIÓN Y ASESOR EN SALUD PÚBLICA.