11 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

La piñata minera, de que va, va...

Al hacernos la ilusión de ser ‘centro del mundo, corazón del universo’, olvidamos que ‘no todo lo que brilla es cobre’. Con esa dislexia...

Al hacernos la ilusión de ser ‘centro del mundo, corazón del universo’, olvidamos que ‘no todo lo que brilla es cobre’. Con esa dislexia verbal, que hace perder confianza en lo que sea que prometa un presidente impredecible, lo tomamos de relajo —sin captar los matices que le ve el mundo que nos mira.

Lo más transparente en el Código Minero es que hay gato encerrado. Demasiados medios locales —comprados, co—optados o simplemente perezosos— no investigan y solo selectivamente transmiten nuestra realidad. Pero periodistas extranjeros menos mediatizados sugieren que, con esta tregua carnestoléndica, tan solo se ha ‘puesto en hold’ la piñata del siglo.

El Toronto Globe & Mail transcribe palabras textuales del señor Martinelli en San Félix: ‘A mí en lo personal no me gustan ni los mineros, ni las minas...’. Ya había exteriorizado un lapidario ‘No sé si la Ley 8 es buena...’ —después de firmarla... Confesiones que caerían como baldes de agua fría, aún para especuladores mineros acostumbrados a tragar sapos.

El abuso de la información privilegiada en el Canadá es tal, que hasta se suscriben a seguimientos de las declaraciones de compra/venta bursátiles (obligantes a miembros de juntas directivas), para que otros también aprovechen sus sinvergüenzuras. Es muy temprano para saber qué realmente ocurrió en este duelo entre titanes mineros en que quedamos atrapados los panameños —las acciones INMET subieron 60% en seis meses previos a la Ley 8, pero con tantas llamadas a Corea, una Asamblea al mejor postor, y el anuncio de que nuestro presidente no divulga sus inversiones personales, ya se habrá alertado la Real Policía Montada.

El panameñísimo cuento de que ‘Nosotros vamos a nombrar una comisión especial con técnicos del ambiente y la Cámara de Comercio e Industrias’, la minera lo tradujo allá así: ‘INMET cifra esperanzas en la iniciativa gubernamental de nombrar dicha comisión especial, y, espera participar en dichas consultas mediante su subsidiaria, Minera Panamá S. A.’ Omitiendo la fanfarronada de que ‘Si ustedes no confían en el Gobierno, entonces mejor nos vamos para la casa’, al rehusarse Martinelli a firmar nada frente a los indígenas in situ en San Félix. Y por algo será...

Desde Norte América, también nos llegan nuevas: quienes ponen la plata allá contradicen a nuestros diputados oficialistas, que les hacen los mandados. Allá la minera corroboró lo negado tajantemente acá: ‘La ley 8 de marras faculta a entidades o autoridades extranjeras a colocar inversiones en la minería panameña. Sin embargo, INMET reiteró a los inversionistas que su proyecto Cobre Panamá está amparado bajo una ley distinta, promulgada en 1997, mientras que LA LEY 8 VERSA DIRECTAMENTE SOBRE EL PROYECTO DE CERRO COLORADO’.

Acá el ministro Roberto Henríquez manifestó que no se mencionaba del todo (como si no fuera una mina...). Semejante zafarrancho llevó a un analista allá a apostar ‘a que en los tratados de libre comercio vigentes entre Panamá y el Canadá, y entre Panamá y Corea del Sur, ya existen mecanismos que apadrinarían de todas maneras mucho de lo que deberá suceder, con o sin la Ley 8’ y la piñata se pospuso acá, ese mismo 3 de marzo...

Así como se mejoró la Ley Chorizo, solo después de los muertos de Bocas del Toro, Cerro Colorado también va —y por la misma razón como también irá la compra innecesaria de los corredores ¡a cuatro veces su valor de reposición!

Quienes comemos tres veces al día tenemos una obligación hacia quienes no comen, y la mejor forma de cumplirla es perseverando en la promoción de un Estado de Derecho que funcione como debe, con convencimiento y sin tufos de corrupción.

*TRADUCTOR OFICIAL E INTÉRPRETE SIMUL TÁNEO.