25 de Oct de 2021

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Los gobiernos pueden propiciar milagros

Como servidor público me ha correspondido ejercer varias funciones dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores, llegando a la posició...

Como servidor público me ha correspondido ejercer varias funciones dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores, llegando a la posición de embajador, cargo que ejercí en Honduras, bajo la premisa de que todos los países, por pequeños y pobres que sean, han desarrollados proyectos en donde han invertido grandes esfuerzos, los cuales generalmente ponen a disposición de otros países, como un aporte a las buenas relaciones.

La meta como embajador, incluso antes de salir de Panamá, fue identificar estas fortalezas, a fin de que nuestra misión aportara beneficios tangibles y que no quedara como un registro más en los anales de la diplomacia panameña.

Con este objetivo, logramos perfeccionar algunos convenios que estaban rezagados, pero resultó gratamente motivador establecer contacto con las instituciones educativas y grupos que determinan la política del sector agropecuario, al cual estoy vinculado culturalmente.

Como natural consecuencia, propiciamos la asistencia para que los especialistas en palma africana prestaran su contribución a esta incipiente actividad en Panamá, procurando una reconversión de actividades que dejaron de ser rentables en nuestro país, sobre todo en el área de Puerto Armuelles; pues, Honduras es el principal productor de este cultivo en Centroamérica. Otros de los avances del sector productivo hondureño es el desarrollo de su acuicultura, siendo el segundo productor de tilapia en Latinoamérica y el principal exportador al mercado norteamericano de tilapia fresca, por lo que establecimos enlaces para obtener beneficios de esta experiencia.

Fue muy importante durante nuestro ejercicio en este país entrar en contacto con la Escuela Agrícola Panamericana el Zamorano, institución que tiene un sólido prestigio ganado a través del trabajo realizado por más de seis mil ingenieros, que egresados de sus aulas, hoy, ejercen en toda Latinoamérica. Por lo que vale la pena destacar su formación para que sean de alguna manera reconocidos en su justa dimensión. Lo primero que impresiona es la disciplina y, al entrar en contacto con su administración, resalta el alto porcentaje de profesores con un nivel académico de doctores y magíster, su formación bilingüe, su capacidad para enseñar haciendo sus contactos internacionales para lograr pasantías en los países con mayor desarrollo tecnológico; en fin, la capacidad y calidad investigativa de sus profesores, así como de sus estudiantes, siendo una de las principales instituciones en Honduras y Centroamérica en formulación de alimentos de calidad para consumo humano.

Pero es que además, no oculto mi asombro cuando descubro que todo este componente de preparación académica de primer nivel está garantizado en el tiempo por una formación integral que involucra el ejercicio de una solidaridad permanente, sin distingos de personas ni de países, y conservando la prudencia de renovarse, a pesar de ser exitosos con lo que ya son. Al conocer estas bondades, también descubro que Panamá tan sólo pudo graduar en este centro un 3% de todos los formados, desde finales de la década del 40 del siglo pasado y que en 2005, tan sólo cursaban estudios 5 panameños.

Al percatarme de esta situación me propuse poner mi granito de arena, para convencer a nuestras autoridades de utilizar este prestigioso centro educativo para formar líderes y empresarios destinados al sector agropecuario, porque definitivamente la inversión en capital humano permite multiplicar las riquezas de un país.

Es así que la Administración pasada, a través del MEF, acogió con beneplácito este propósito, tratando de que la principal herramienta de selección de los beneficiarios fuera la aptitud y rendimiento académico. Como resultado de esta novedosa forma de invertir para beneficiar a un país, en diciembre de 2010, se graduaron 26 panameños en el Zamorano, mismos que van a convertirse próximamente en los líderes y motores del sector primario de la economía.

También es importante destacar que la actual Administración, después de realizar un minucioso escrutinio, valorando las bondades del proyecto y actuando en función de políticas de Estado, brinda su apoyo para que el mismo continúe. Lo más interesante de esta novedosa iniciativa es que Panamá, desde el año 2006, se convierte en un ejemplo para Latinoamérica, porque emula famosas iniciativas que en otros países ayudaron a formar gran cantidad de profesionales y convierte al Zamorano en uno de los centros educativos en el extranjero con mayor cantidad de estudiantes panameños.

Los resultados de la inversión en el Zamorano constituyen una contribución importante al desarrollo de nuestro país, a través de cada uno de los profesionales que se incorporan al sector agropecuario, propiciando los gobiernos con ello el tan esperado milagro de garantizar la seguridad alimenticia a través de inversiones en educación.

Cada vez que encuentro a un egresado del Zamorano, de última generación, me siento realizado como diplomático y como hombre de campo, pues, la diplomacia me permitió convertir proyectos intangibles en realidades que beneficiarán, más temprano que tarde, a nuestro sector agropecuario y a nuestro país en general.

*DIPLOMÁTICO, EX EMBAJADOR DE PANAMÁ EN HONDURAS.