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28 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

A 108 años de la separación de Colombia

ABOGADO; ANALISTA INTERNACIONAL.. La separación de Colombia no fue un hecho casual, pues se trataba de una aspiración que venía gestánd...

ABOGADO; ANALISTA INTERNACIONAL.

La separación de Colombia no fue un hecho casual, pues se trataba de una aspiración que venía gestándose al poco tiempo de la anexión en 1821, un acontecimiento donde se conjugaron factores tales como: el estado ruinoso dejado por la Guerra de los Mil Días, el insaciable afán de los accionistas franceses por resarcirse del fracaso financiero del Canal, el rechazo del Tratado Herrán—Hay por tensiones irreconciliables de los políticos colombianos y los intereses de Estados Unidos por construir un Canal por el estratégico Istmo.

En este contexto histórico, los separatistas conservadores aprovechan el momento para desprenderse de una vez por todas de un gobierno centralista, ajeno a las realidades istmeñas, mientras que en solo 15 días y sin mayores opciones se adhieren a la propuesta de un tratado con cláusulas lesivas de perpetuidad que convertía a la naciente república en un ostensible protectorado extranjero.

En el libro del jurista colombiano Óscar Alarcón Núñez ‘Panamá siempre fue Panamá’, se nos revela la arraigada identidad panameña ‘en sus relaciones con la Gran Colombia, la Nueva Granada, la Confederación Granadina, los Estados Unidos de Colombia y finalmente con Colombia, demostrando la auténtica voluntad que tuvieron los istmeños desde 1821 para anexarse bajo la tutela de la Gran República, sin sentirse parte integrante de ella’. Durante los 82 años de convivencia con Colombia tuvieron lugar cuatro separaciones antes de la definitiva de 1903, precisamente en momentos de turbulencia política en Colombia, revelando el espíritu pacifista que prevalecía entre los istmeños al tomar distancia de las confrontaciones nacionales.

Destaca el autor colombiano que: ‘en los años que antecedieron a 1810, Panamá tenía más relaciones con el Perú y con países centroamericanos que con Colombia, a tal punto que tras la independencia de España, en 1821, los istmeños por razones de vecindad optaron aliarse a la Gran Colombia, desistiendo de unirse a México o al mismo Perú por la admiración afectiva que se le tenía a la figura emblemática de Simón Bolívar’.

Entre deslealtades partidarias e inconformidades con las guerras civiles, los liberales y conservadores istmeños trataron de convivir en paz, al margen de las luchas de poder y conspiraciones que se fraguaban en Bogotá. ‘Irremediablemente Panamá estaba condenada a separarse de Colombia. Los habitantes de ese territorio, lejano y olvidado, no podían aceptar una Constitución centralista, como fue la de 1886, que se redactó en Bogotá sin participación de ninguno de sus hijos en el Consejo de Delegatarios’, anota Alarcón Núñez.

Ciertamente, la separación fructificó con el apoyo decidido de EE.UU. con su disuasivo poderío naval en las costas panameñas, la conspiración de funcionarios del ferrocarril y los sobornos a los jefes militares colombianos, hechos que constituyen parte de la leyenda negra de Theodore Roosevelt y su cínica afirmación: ‘I took Panama’, la cual revelaba la determinación hegemónica de controlar un territorio, con un ferrocarril interoceánico estadounidense, en un área estratégica del hemisferio occidental concebida para construir un canal.

A 108 años de nuestra separación de Colombia reflexionamos sobre la retórica sentencia del fallecido expresidente colombiano, Alfonso López Michelsen, de que: ‘A Theodore Roosevelt la Humanidad le debe la construcción del Canal, pero Panamá le debe su condición de República independiente’. No se trata de una deuda histórica, la separación dio lugar a una República tutelada, agravada por interpretaciones unilaterales que desvirtuaban el pleno ejercicio de la soberanía nacional. En condiciones desiguales, los panameños libraron una lucha generacional de 97 años para materializar esa independencia que culminó con la erradicación de la presencia militar extranjera y la reversión del Canal a la jurisdicción nacional.

La separación de Panamá fue una expresión auténtica de independencia, marcada por una acumulación histórica de tomar distancia de la ingobernabilidad de un país violento. Por paradoja del destino, Panamá como un gesto de reconciliación significó en los colores de su bandera la paz entre partidos tradicionales colombianos, mientras que sin reconciliación con el pasado, aún se mantiene nostálgicamente al Istmo de Panamá custodiado por fragatas en el escudo nacional colombiano. Dos países con un destino común, que a lo largo de la historia están obligados a entenderse en sus relaciones contemporáneas.

Viva el 3 de Noviembre.