11 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Un fracaso incomprensible

Las autoridades educativas han analizado los resultados del año lectivo 2011 y llegaron a la conclusión que la asignatura Español ocasio...

Las autoridades educativas han analizado los resultados del año lectivo 2011 y llegaron a la conclusión que la asignatura Español ocasiona un elevado índice de fracaso escolar. Las reglas de ortografía, pobreza de léxico, imposibilidad de sostener una comunicación fluida, son algunos de los síntomas que afectan a un alto porcentaje de los estudiantes y por tanto reflejan graves problemas en este grupo social de la adolescencia.

Este panorama, como todo hecho pedagógico tiene dos causas básicas, una endógena relacionada con el currículum y la didáctica de esta materia y la otra, externa, que se vincula con el ambiente cultural que rodea a este sector de quienes se forman en las aulas. Esto tiene factores que van desde el hogar hasta los medios de comunicación y el tipo de actividades en que se involucran los chicos.

Cualquier proyecto que intente superar este problema, debería tomar en cuenta estos elementos y sobre ellos generar indicadores que posibiliten un diagnóstico más detallado de la situación. Por un lado que técnicamente se aísle cada uno y luego los relacione de manera coherente para evidenciar lo básico y a su alrededor los aspectos coyunturales.

Hay preocupación en el Ministerio de Educación y se han tomado medidas. Por primera vez, se organizan los profesores de Español con la finalidad de ajustar una política sobre las estrategias de enseñanza de los cursos y de manera general hacerlos más aptos y eficientes.

Uno de los síntomas de mayor evidencia es el decrecimiento del hábito de la lectura y la reducción de los referentes mentales de una generación. Esta situación limita la visión del estudiante a un microcosmos: el mundo se constriñe a lo que ven sus ojos, a hechos muy circunstanciales y, hasta determinados por los instintos, pero poco bajo el prisma del raciocinio.

Ejercicios básicos como discernir, explicar, describir, analizar y relatar se empobrecen por ausencia de capacidades, pero también por alejamiento de patrones adecuados, aunado a una falta de interés en los modelos desarrollados en la clase con inadecuadas técnicas de enseñanza.

Los jóvenes no consideran el hábito de lectura como una actividad preponderante. Eso quiere decir, hay poca inclinación hacia los libros y la sustitución de la práctica con los textos reales por la engañosa dinámica de búsqueda de resúmenes y síntesis en el Internet, para satisfacer los compromisos de las tareas en la escuela.

Poderosas influencias en el medio cultural agudizan este entorno. Hay programas de radio y televisión que, en aras de utilizar un esquema popular de expresión, deforman el habla y terminan por organizar el discurso a través de la grosería, galimatías y un laberinto textual poco edificante.

Tres breves ejemplos ilustrarían estas ideas. En radio, el diálogo de los locutores en la tarde en ‘Wao’; en televisión, el programa La cáscara y en la comunicación virtual, el esquema de los ‘chats’.

Expresiones como ‘moch’, ‘blood’, ‘cholo’ para referirse al interlocutor y las aféresis de las palabras ‘aguevao’, ‘coño’ se constituyen en negativos instrumentos de intercambio en los mensajes que llegan a la audiencia.

Una de las estrategias que requieren ser utilizadas para mejorar el deplorable estado de la enseñanza de la lengua española en los claustros escolares es la lectura, pero no aquella obligatoria que busca una calificación.

Cada joven debe poseer una biblioteca básica con varios títulos. Así el hábito perdido puede recuperarse y sería un indicativo para empezar a reducir las cifras decepcionantes de una asignatura importante para el dominio de la comunicación y el desarrollo de procesos mentales necesarios para la vida y el conjunto de relaciones sociales actuales.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.