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31 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Martinelli: ¡decepción nacional!

Que decepcionante la actuación del gobierno del cambio, un actuar que enfurece y aglutina voluntades inconformes. Lo que se pretendía im...

Que decepcionante la actuación del gobierno del cambio, un actuar que enfurece y aglutina voluntades inconformes. Lo que se pretendía imponer al pueblo de Colóntiene, detrás del discurso falaz, los ribetes de un gran negociado inmobiliario. Porque así se ha manejado el país, negocios tras negocios y cero eficiencia pública.

Sola la prepotencia de alto calibre, y el total desprecio a la vida ajena, explican que en menos de dos años el pueblo panameño haya vivido pesadillas de terror, de represiones, de muertes. Muertes inocentes, niños apenas como la de José Patricio Betancourt en Colón. Y, ¿quién es el verdadero culpable que enfrenta a pueblo contra pueblo y que, dados los hechos, reaparece como si nada hubiese ocurrido? De que el lobo se ponga piel de oveja y que con disfraz de oveja ordena ferocidad, pareciera hacerse realidad en este caótico periodo presidencial.

El pueblo colonense ha defendido, con el escudo de su cuerpo, el patrimonio del que es dueño, así mismo como en su momento lo hicieron los bocatoreños a costa de un gran sacrificio; como lo ejemplificaron los Ngäbe Buglé con dignidad. Y qué decir, de la sociedad civil que supo oponerse con éxito al negociado de las ventas de las acciones del Estado.

Ahora le ha correspondido a Colón demostrar que, por encima de la ferocidad policial, que militarizó a gran parte del distrito, incluida las fuerzas de SENAFRONT, estaba la necesidad de luchar contra la Ley 72. Que el patrimonio de la nación, en este caso de Colón, no se vende, más bien se conserva y se planifica para el bienestar público.

En cada amarga experiencia impuesta por el gobierno, inéditas en los últimos veinte años de la ‘democracia’, la solidaridad de la población ha garantizado el ‘recular gubernamental’; eso sí, después de esparcir violencia oficial, expresión del régimen autoritario que gobierna. Porque este ha sido el modelo: no escuchar ni consultar, sino imponer y golpear para luego dar marcha atrás. Es un modelo dañino, violatorio de los derechos humanos que solo se justifica en las mentes enfermas cuyo virus se aloja en la prepotencia del poder.

Solo la invasión, que los colonenses vivimos en carne y hueso, recuerda semejante militarización. Y los muertos, ¿cuántos lleva ya el actual gobierno? La población necesita seguridad; que se cuide la vida de los panameños y no, como se ha dado en estos días, utilizar el cuerpo policial, el cual se financia con los impuestos que pagan los mismos reprimidos, para imprimir violencia y para cuidar exclusivamente los supermercados 99 y los negocios de los diputados de Cambio Democrático.

A buena hora el ‘presidente viajero’, en su novedosa forma de gobernar por Twitter, anuncia, pero sin generar confianza, que ‘no se vendarán las tierras’. Ahora, después de tanto daño, se ven obligados a escuchar. El Frente Amplio ha manifestado su disposición al diálogo; eso sí, una vez derogada la Ley 72. Sobre todo porque no se quiere engaño. Hay que programar una política pública que beneficie a Colon, pero que no sea ‘puro cuento de papel’.

Cuando las aguas vuelvan a su cauce, quedarán las cicatrices de este triste episodio; el sufrimiento de las perdidas humanas y materiales. Todo por la desgracia de una política insolente, ajena a los postulados que prometieron en campaña. E aquí por qué late una gran ‘decepción nacional’.

DOCENTE UNIVERSITARIO.